Los impactos de la hidroeléctrica cambió el río Sogamoso
En el río Sogamoso, en el departamento de Santander, la cuarta hidroeléctrica más importante del país ha impactado social y económicamente a las comunidades ribereñas ubicadas aguas abajo. Las sequías e inundaciones, en vez de acoplarse al patrón de las lluvias, pueden ocurrir con más variabilidad en la escala diaria e incluso horaria. Esto afectó la abundancia y temporada de pesca.
Gonzalo Ortuño López / Mongabay latam
El río Sogamoso se volvió impredecible. Los pescadores de las comunidades ribereñas de esta región del nororiente de Colombia, en el departamento de Santander, ya no saben si la lluvia aumentará el caudal, si en la noche el flujo bajará o si llegarán los peces que se refugiaban en la ciénaga. Desde 2014, con la operación de una central hidroeléctrica, las dinámicas del río cambiaron y junto con él, la vida de quienes habitan en la cuenca.
Estos cambios no sólo se observan en el territorio, también están documentados en el estudio científico “Ritmos electrificados: cómo la infraestructura hidroeléctrica transforma las relaciones hidrosociales de las comunidades ribereñas del Bajo Río Sogamoso, Colombia”, donde se señalan los impactos del mercado energético en la vida de personas que dependen del río.
Las transformaciones no sólo son a nivel hidrológico. De acuerdo con la investigación, los impactos también son socioeconómicos para la población que nació y creció con los ciclos naturales del río, donde antes éstos marcaban el ritmo del agua. Hoy, un sistema complejo de generación, distribución y comercialización de energía dicta el día a día, donde el nivel del agua puede cambiar bruscamente en cuestión de horas y las estaciones del año ya no siguen un patrón.
Autoras del estudio ambiental y líderes comunitarias explican a Mongabay Latam las implicancias de las nuevas dinámicas del río que, tras 10 años, aún siguen estudiando.
Temporadas y conocimiento ancestral desaparecen
En el verano, los pescadores ribereños solían generar mayores ingresos, ya que el nivel del río Sogamoso era bajo y facilitaba la captura de especies. Aunque sabían que las lluvias tardarían en llegar y no cultivaban, esto les permitía no depender de los contratos temporales en industrias, como la del aceite de palma o refinerías petroleras.
Sin embargo, tras la operación del megaproyecto Hidrosogamoso, la variación del caudal del río cambió y ya no se ajusta al patrón de lluvias sino a la generación de electricidad. Cuando aumenta esta generación se descarga más agua y los niveles del río suben, de acuerdo con la investigación que consultó también a los pescadores de las comunidades.
“La lógica de la represa es almacenar agua cuando llueve y soltarla cuando hay menos lluvias y menos agua. Se rompió la relación lluvia-caudal que hemos visto que es importante en nuestro reconocimiento en un territorio. Vivimos en una zona en la que sabemos que nuestros ríos responden a la lluvia”, explica Camila Jiménez Sáenz, especialista en seguridad hídrica y coautora del estudio.
Los pescadores, que se basaban en la observación del caudal para planificar la temporada de pesca de forma colectiva, también vieron una afectación directa. Por ejemplo, la llegada del bocachico (Prochilodus magdalenae), un pez que migra desde los humedales hacia los tramos superiores del río para desovar, era la señal de abundancia para los pescadores, quienes se organizaban en grupos para todo el proceso de pesca, el cual muchas veces implicaba una división de trabajo, gastos y ganancias. Actualmente, dudan de seguir con esta práctica de identidad colectiva, ante la incertidumbre del nivel del agua y la disminución en los niveles de captura.
Jully Andrea Mora González, representante de la Corporación Mesa de Pesca del río Sogamoso, señala incluso que los cambios en el agua alteraron el ciclo de los peces, quienes nadaban a contracorriente para completar su proceso de reproducción, lo que permitía capturar ejemplares adultos en abundancia. Ahora, señala, no solo hay una reducción en la cantidad de peces, sino también de tamaño, pues sólo capturan juveniles.
“Cuando entra en funcionamiento la hidroeléctrica hay un cambio en el agua. En el primer año de generación de energía no vimos al pez entrar al Sogamoso, desconoció totalmente el agua y siguió su viaje, una afectación directa a la economía del pescador y también al pez que entraba a descansar”.

Laura Betancur Alarcón, coautora del estudio y asistente de Investigación en la Universidad Humboldt de Berlín, explica que estos impactos afectan el conocimiento ambiental tradicional y a la colectividad de las comunidades pesqueras del bajo Sogamoso.
“Hay pueblos ribereños donde muchas familias no mandan a sus hijos al colegio en enero si no hubo buenos rendimientos en la subienda [migración río arriba de peces]. Hay toda una relación socioeconómica de relevancia en cómo se organizaban y por qué el tiempo importa”, dice la especialista a Mongabay Latam.
El estudio, señala, destaca la importancia de conocer por qué crece o se reduce el nivel del agua en el río. “No es solamente cuánta agua estoy bebiendo y cuánta estoy dejando de beber, sino cómo se organizan socioculturalmente y socioeconómicamente las comunidades ribereñas para vivir en temporadas de menos lluvias y de más lluvias”, añade.
Un río energético que responde al mercado
Desde la operación de la hidroeléctrica, propiedad de la empresa Isagen, el volumen del río Sogamoso ya no solo depende de los pronósticos meteorológicos, sino también de las estrategias corporativas en el mercado energético. Diariamente se estima y se decide cuánta energía generar conforme a los precios y la demanda. Se trata de la cuarta hidroeléctrica más importante del país, que abastece al Sistema Interconectado Nacional.
Bajo esa dinámica, advierte el estudio, los eventos extremos como sequías o inundaciones pueden darse más de manera aleatoria o incluso aumentar su duración. Un caso que midió esta investigación ocurrió durante la sequía asociada al fenómeno climatológico de El Niño entre 2015 y 2016, cuando las comunidades vivieron de forma distinta el déficit de lluvias.
Se trató de la primera sequía tras la operación de la hidroeléctrica. Entre marzo de 2015 y febrero de 2016, las comunidades se enfrentaron a muy bajos niveles de agua, lo que provocó restricciones a la navegación y a la pesca, cierres de cruces, daños a embarcaciones e impactos económicos, en una población con escasa infraestructura de agua potable y transporte. También vivieron fuertes fluctuaciones cuando las compuertas de la represa enviaban agua a la cuenca baja.
En este periodo, el caudal pasó de registrar picos de más de 400 metros cúbicos por segundo, durante uno o dos días, para después descender a niveles de 80 metros cúbicos por segundo por lo menos ocho días. De acuerdo con el estudio, los períodos de sequía anteriores sí tuvieron patrones estacionales reconocibles, con niveles de agua que generalmente subían de septiembre a noviembre, pese a las escasas lluvias.
Estas variaciones tan abruptas impactan en la vida de las comunidades en hechos tan simples como perder los recursos para salir a pesca, dice Mora.
“Nos echan agua y nos quitan agua cuando quieren, no alcanzan a ver la gran dimensión detrás de todo esto. Por ejemplo, dejar la canoa a la orilla de casa, despertarse y encontrar que el río se la llevó porque creció de manera repentina o durante la noche, para un pescador son pérdidas materiales y económicas muy significativas”.

Las autoras del estudio señalan que el mercado energético colombiano es muy variable, centralizado y marcado por la relación de oferta y demanda, por lo que las empresas generadoras toman decisiones dependiendo de distintos factores dentro y fuera de las cuencas.
Betancur matiza que si bien las empresas generadoras de energía deben cumplir con cuotas en épocas de sequía, por ejemplo, esto no debe ignorar la conexión con territorios que también son afectados.
“Estamos mostrando cómo esas estrategias de prepararse, llenar el embalse y mantener niveles para responder a los meses más críticos tienen una consecuencia para las comunidades ribereñas”, afirma la autora.
Al respecto, Laura Pulgarín-Morales, ingeniera ambiental y coautora del estudio, señala que las empresas generadoras de energía, en este caso las hidroeléctricas también juegan un papel importante en el sistema energético colombiano.
“En Colombia producimos entre el 60 y el 70 % de la energía con hidroeléctricas, son super importantes porque le dan estabilidad al sistema. La energía, cuando se produce, se tiene que consumir, no se almacena”, dice la especialista y agrega que un reto es cuidar la estabilidad energética y al mismo tiempo los impactos en las comunidades.
Isagen destacó la creación de la aplicación ATRIS para facilitar la planificación de las actividades productivas, culturales y de pesca. Pese a los resultados señalados en el estudio, la empresa sostiene que el caudal desciende o aumenta sin sobresaltos o alteraciones bruscas.
“Desde la operación de la Central, los caudales del río Sogamoso se han mantenido estables —por encima de 80 m³/s (metros cúbicos por segundo) incluso en eventos climáticos críticos— evitando los descensos drásticos que antes podían llegar a menos de 50 m³/s. El embalse también amortigua crecientes fuertes, evitando caudales elevados aguas abajo. Gracias a esta regulación, las zonas ribereñas no han enfrentado emergencias climáticas como otras regiones del departamento y del país”, respondió la compañía.
Isagen sostiene que la gestión ambiental de la central se basa en una licencia y un Plan de Manejo Ambiental que contiene acciones de prevención y mitigación de impactos. Agrega que “informa y consulta” a las comunidades mediante boletines, radio y TV, así como programas de monitoreo de pesca, minería y agropecuaria, junto con formación y alternativas productivas.

Movilización y adaptación de las comunidades
Aunque la operación de la hidroeléctrica en el Sogamoso lleva más de 10 años, Mora comenta que las comunidades ribereñas aún están en un proceso de entender las dinámicas del río.
“Venimos de una transmisión oral de cómo debería funcionar el río y 10 años no han sido suficientes para desaprender eso y aprender esta nueva modalidad. Ahora tenemos un río energético y obviamente en las comunidades pesqueras ha sido un choque cultural muy fuerte”.
Sin embargo, las comunidades han logrado espacios de diálogo con la empresa para la regulación de algunas actividades, como la descarga de aguas en las compuertas, evitando inundaciones de cultivos y viviendas.
Esta presión, cuenta, hizo que Isagen creara la aplicación digital llamada ATRIS para informar a las comunidades río abajo sobre los niveles de agua del día. Aunque no se incluyen los cambios en tiempo real de la generación eléctrica, Mora sostiene que ha contribuido a una mejor adaptación.
“Fue una propuesta que salió de las comunidades después de la primera inundación que nos hicieron cuando tuvieron que hacer su primer vertimiento. En momentos de invierno hacen un vertimiento regulado para no sobrellenar y no soltar toda el agua”

Betancourt destaca que las comunidades ribereñas han peleado por acceder a información y por descubrir una nueva relación con un río transformado.
“Esto se relaciona mucho con una discusión clave en América Latina, que es la implementación del Acuerdo de Escazú. Las comunidades ribereñas tienen interés en conocer sus ríos, incluso impactados, infraestructurados y electrificados”, señala la especialista.
Mora dice que las comunidades también apuestan a rescatar el conocimiento ancestral del río, pese a los cambios que ha sufrido, pues se trata de un conector con el río Magdalena, la principal arteria fluvial del país, y un corredor biológico de gran importancia para la región.
“La pesca en el río Sogamoso va a seguir cambiando. Queremos que se conserve la estructura del conocimiento que hubo de nuestros ancestros. La hidroeléctrica no es eterna, llegará un punto donde dejen que el caudal fluya de una manera más natural y se requiera de ese conocimiento ancestral. Si no llega a pasar, pues no olvidarnos de dónde procedemos”, dice la joven representante.
Imagen superior: tras 10 años de operación de la hidroeléctrica en el río Sogamoso, comunidades ribereñas aún siguen adaptándose a las nuevas dinámicas del río. Foto: cortesía Laura Betancur Alarcón
ALIANZA INFORMATIVA
MONGABAY LATAM – RED PRENSA VERDE
REFERENCIA
Laura Betancur-Alarcón, Laura Pulgarín-Morales, Camila Jiménez-Saénz, Rossella Alba, Tobias Krueger (2026).
People and Nature. Electrified rhythms: How hydropower infrastructure transforms hydrosocial relations of riverine communities in the Lower Sogamoso River, Colombia https://doi.org/10.1002/pan3.70244 Digital Object Identifier (DOI)
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Nota de editor: las afirmaciones sobre sequías e inundaciones se editaron el 2 de marzo de 2026 a pedido de las entrevistadas.



