Cuando se refiere a deforestación y degradación Dolors Armenteras sabe de qué está hablando. Esta bióloga española y doctora en Geografía lleva más de 20 años trabajando en Colombia y le preocupa la acelerada tasa en que se está perdiendo el bosque de la Amazonía.
Desde la investigación en la Universidad Nacional de Colombia, Armenteras también ha detectado cómo los incendios están apoderándose de las áreas protegidas de Colombia y el Estado no está tomando control de las selvas que abandonó la guerrilla de las Farc después de la firma del Acuerdo de Paz.
En entrevista con Mongabay Latam habló, entre otras cosas, sobre los retos que imponen los nuevos actores que están tomando control de los bosques, los incendios como estrategia rápida y barata de apropiarse de la tierra y las dudas que deja el uso que se le está dando al dinero que proviene de cooperación internacional y que está destinado a la conservación y la prevención de la deforestación.
Mucho se ha hablado en Colombia sobre las amenazas a los bosques después del Acuerdo de Paz con las Farc, ¿también es una de sus preocupaciones?
Dolors Armenteras (D.A.): Para solucionar algo tienes que diagnosticar bien el problema y eso no estaba muy claro cuando se dio la firma del Acuerdo de Paz. Es un reflejo de que mucha gente no sabía lo que estaba pasando en el país. Muchos publicaron artículos sobre la famosa “esperanza verde”, que los problemas ambientales se iban a solucionar, que todo sería paz y amor, y ahora vemos que no fue así.
Los conflictos ambientales existían desde antes, no es que hayan surgido después de la firma del Acuerdo. Algunos han empeorado y es muy peligroso decir que la guerra protegía los bosques; esa tampoco es la idea. Lo que pasa es que los actores han cambiado, algunos se han reactivado como el ELN, han aparecido otros nuevos como los disidentes de las Farc y también hay terratenientes con dinero y sin escrúpulos. El campesino pobre no tiene la plata para deforestar, pero los contratan y como no tienen alternativas, pues aceptan porque eso les da para subsistir y muchas veces les entrega una tierra para ocupar.
Dolors Armenteras colaboró en el Global Environmental Outlook (GEO) 6. Foto: Universidad Nacional de Colombia.
El Acuerdo también pretendía entregar tierras a campesinos y ayudar con el tema de la titularidad…
D.A.:En la paz prometieron tierras que todavía no se han entregado y a eso se suma el cambio de gobierno que ha sido muy complejo. Dentro de los Parques Macarena, Picachos y Tinigua hay propiedad privada a la que nunca se le solucionó su titulación. La gente no puede vender pero aun así se genera un mercado negro, que no se sabe cómo opera, pero donde hay una gran expectativa de que esos terrenos valdrán mucho dinero algún día. Se genera mucha especulación. La corrupción también es muy grande y está influenciada por estas economías ilegales.
¿Qué va a pasar con la deforestación del país en 2019?
D.A.:La deforestación seguirá aumentando porque la frontera de colonización en la Amazonía no tiene límites y los especuladores van a seguir ahí.Es gravísimo que en el Plan Nacional de Desarrollo se acepte la tasa de deforestación actual, que está cercana a 300 000 hectáreas, y que la meta no sea reducirla sino mantenerla. Eso sería un retroceso muy fuerte para el país, hay que proponerse unas metas más ambiciosas.
El mismo gobierno dice que el 70 % de la deforestación es causada por actividades ilegales. ¿Eso quiere decir que el 30 % de deforestación es legal? ¿Dónde están esas 90 000 hectáreas “legales” deforestadas? Todo esto es muy crítico porque no se conoce bien el valor de los bosques y cuánto tardarán en recuperarse, si es que lo hacen.
¿Cuáles son las principales causas de deforestación en Colombia?
D.A.: Los motores de deforestación van cambiando con el tiempo. Hay muchos factores externos que hacen que cambien las razones por las que se acelera la deforestación en una región o en otra. Así como tuvimos un ‘boom’ grave de deforestación en el Pacífico por minería ilegal, en este momento volvemos un poco a la dinámica colombiana de la conversión de bosque a pasturas como una tradición cultural para adquirir terrenos. Detrás de la deforestación está el acaparamiento de tierras: tenemos muchos baldíos y el catastro nacional no deja claro a quién le pertenece la tierra. Una vez el terreno está talado y quemado, simplemente toman posesión de él.
Los incendios son uno de los principales ejes del trabajo de la bióloga Dolors Armenteras. Los fuegos se han convertido en una de las formas más baratas de “limpiar” terreno para luego acaparar tierras y si no se trabaja en prevenirlos y atacarlos en tiempo real, la pérdida de bosque puede acelerarse aún más, Dolors Armenteras.
Los cultivos ilícitos también han aumentado al igual que las vías que se empezaron a hacer desde antes de la firma de la paz con las Farc. Lo que vemos hoy es lo que venía pasando antes pero de forma más exagerada en algunas regiones.
También tenemos un poco la discusión con los cultivos de palma de aceite que han venido aumentando en zonas que antes eran de bosque. Aunque existe la certificación sostenible, yo no he podido ver las cifras reales de dónde se han instalado esos cultivos y no estoy segura de qué tanta transformación hay de bosque natural a palma.
¿Qué tan grave es el tráfico de madera en Colombia?
D.A.: Es un tema del que no se habla mucho en Colombia a pesar de que es la tercera economía ilegal más grande del país. Los permisos de explotación y los volúmenes que se sacan no coinciden, lo que se trafica es enorme pero ni las autoridades saben con certeza de dónde sale. El tema de las multas y la fiscalización está muy limitado en Colombia. La misma gente de Parques Nacionales ha dicho que ven bajar a los que prenden fuego con el bidón de gasolina en las manos pero no se puede hacer nada si no los atrapan en flagrancia. Hay que mejorar el tema de vigilancia y control.
Cuando usted empezó a interesarse por los incendios en los bosques del país le decían que era una pérdida de tiempo, ¿por qué se lo decían y cómo ha cambiado la percepción hoy?
D.A.:Me decían que no eran importantes, que no ocurrían. Incluso me decían explícitamente que en la Amazonía los incendios no eran causantes de nada, cuando en esta región están particularmente ligados a la deforestación porque es la práctica más barata para “limpiar” terrenos.
Hoy tengo la satisfacción de que hemos demostrado la importancia de los incendios con cifras, asociaciones, estudios y modelos. Así como fue un tema ignorado durante un tiempo, ahora ya lo han reconocido. Es una lástima que no avancen sobre el conocimiento adquirido por grupos de investigación como el nuestro (Ecolmod de la Universidad Nacional de Colombia).
¿Qué pasa con el bosque y la tierra después de un incendio?
D.A.: Al inicio es un poco contradictorio porque las cenizas de los incendios enriquecen temporalmente el suelo con nutrientes y funcionan casi que como abono. En el corto plazo el primer cultivo o pastos van a ser riquísimos, pero luego los nutrientes se pierden, no hay una capacidad de retención y la degradación de los suelos es muy fuerte. Se pierde la cobertura, vas a tener problemas de erosión, contaminación y menor capacidad de retención del agua, transpiración, así como pérdida de biodiversidad y capacidad de funcionamiento del ecosistema. Todo eso es bastante difícil de reemplazar.
Incendio en la Sierra Nevada de Santa Marta. Febrero de 2019. Foto: Parques Nacionales Naturales de Colombia.
¿Es ahí cuando hablan de restauración?
D.A.: Sí, pero creo que se debe invertir en conservar y parar la desaparición de ecosistemas naturales porque son irremplazables. Ahora bien, en zonas que ya se degradaron, no podemos llorar sobre mojado y puede que haya algunas áreas importantes para recuperar y restaurar.
Otro punto importante es que en este momento no hay estudios suficientes sobre los fuegos que se escapan de la zona que pretendían quemar y entran a otros lugares de bosque. ¿Qué tanto se degradó el lugar? Muchas veces las afectaciones ocurren en el sotobosque y no son fácilmente observables. Y lo que está pasando en áreas protegidas es lo más grave de lo más grave…
¿Por qué?
D.A.: Entre 2017 y 2018 se estaba dando un aumento de fuegos en las cercanías de las áreas protegidas. Con otras investigadoras empezamos a indagar y analizamos la información satelital de un año comparado con el otro. En general, el país estaba más o menos igual en cuanto a incendios, pero cuando mirabas dentro de las áreas protegidas el incremento era mucho mayor.
Si dentro de las áreas protegidas hay muchos más incendios pero alrededor de ellas la situación es normal, esto quiere decir que los fuegos no son provocados por el clima, alguien los está generando. Con la investigadora Liliana Dávalos habíamos desarrollado un modelo para predecir la deforestación, lo aplicamos a los parques Tinigua, Macarena y Picachos ─que eran los más graves y extremos en el tema─ y lo validamos con imágenes Sentinel europeas y ahí ves el área que era bosque y el área tumbada dentro de los límites de los parques. Incluso, en uno de ellos, mirando quemas, encontré lo que parecería ser una pista del narcotráfico, una línea muy continua que tumbaron y quemaron en diciembre de 2017.
Esta tendencia también se ve en otros Parques, pero estos andino-amazónicos eran los más afectados. Allá estaba la guerrilla, se firmó la paz, ellos se fueron y aunque no sabemos bien todas las dinámicas que se dan ahí, lo que sí es un hecho es que en esas zonas incrementaron los incendios y por lo tanto la deforestación.
Dolors Armenteras llegó al país en 1998 para levantar el primer Sistema de Información Geográfica de Biodiversidad con el Instituto Humboldt. Foto: Universidad Nacional de Colombia.
Una de las recomendaciones más frecuentes que se le hace a Colombia es que debería tener un monitoreo en tiempo real, ¿por qué aún no se tiene?
D.A.: Solo hasta 2010 Colombia empezó a tener un sistema de monitoreo de bosques y deforestación, lo que pasa es que se han quedado sacando las cifras trimestralmente y se han gastado muchos recursos en eso cuando también se podrían invertir en un monitoreo en tiempo real. Es un tema de recursos, inversión y voluntad política.
También hay que invertir en gente preparada y capacitada. No se puede seguir haciendo lo mismo que hace 10 años, hay que modernizarse, pero esto debe ir acompañado de capacidad de fiscalización y judicialización. Muchas de estas zonas son remotas, pero si allá llega la gente a tumbar también puede llegar la institucionalidad. Con información en tiempo real el Ejército y la Fiscalía, que tienen departamentos ambientales especializados, podrían actuar más efectivamente.
Incendio dentro del Parque Nacional Sierra Nevada de Santa Marta en febrero de 2019. Foto satelital de Parques Nacionales Naturales de Colombia.
La Amazonía es la región que más está aportando a la deforestación en Colombia, ¿qué alternativas quedan?
D.A.: Recientemente se delimitó la frontera agrícola. En el papel ya se sabe a partir de dónde no debería haber actividades agrícolas nuevas, es un paso muy positivo pero ahora hay que llevarlo a la realidad. También está todo el tema de educación y conciencia ambiental y social que nunca debemos olvidar; hay que combatir la ilegalidad pero fortalecer a las comunidades locales.
Otro punto importante es aclarar la titulación de la tierra y los baldíos del Estado para reducir la especulación y el descontrol de las propiedades. Como científica me cuesta mucho acceder a la información del catastro, pero seguramente muchos de estos terratenientes la tienen mejor y más clara que uno. Por otro lado, hay que ordenar el territorio sentándose con la gente para implementar las alternativas de desarrollo sostenible que necesitan las zonas rurales.
Gran parte de la cooperación extranjera se enfoca en los puntos que usted menciona, ¿cree que el dinero se está invirtiendo eficientemente?
D.A.:Ha habido mucha inversión internacional de cooperación pero el dinero no llega a la región, se va quedando en Bogotá y en los consultores. Lo que llega es muy poco, es como un embudo. Hay que buscar un mecanismo para que el dinero se convierta en desarrollo a largo plazo y no en un paño de agua tibia.
A mí me gustaría ver cuánto dinero de esa cooperación se queda en los bancos, en los intermediarios, cuánto demora en llegar a las regiones y cuánto dinero llega en realidad a las comunidades para sus desarrollos productivos. ¿Cómo es posible que sigamos dejando que unos pocos ganen mucho y muchos perdamos todo?
REFERENCIAS
Armenteras, D., Schneider, L., & Dávalos, L. M. (2019). Fires in protected areas reveal unforeseen costs of Colombian peace. Nature ecology & evolution, 3(1), 20.
Armenteras, D., Murcia, U., González, T. M., Barón, O. J., & Arias, J. E. (2019). Scenarios of land use and land cover change for NW Amazonia: Impact on forest intactness. Global Ecology and Conservation, 17, e00567.
Armenteras, D., Espelta, J. M., Rodríguez, N., & Retana, J. (2017). Deforestation dynamics and drivers in different forest types in Latin America: Three decades of studies (1980–2010). Global environmental change, 46, 139-147.
Armenteras, D., Gibbes, C., Anaya, J. A., & Dávalos, L. M. (2017). Integrating remotely sensed fires for predicting deforestation for REDD+. Ecological applications, 27(4), 1294-1304.
*Imagen principal: Deforestación en el departamento del Guaviare luego de una quema.
Foto:Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS).
La cifra no es para nada alentadora: la deforestación en Colombia aumentó en un 23 % entre 2016 y 2017. Así lo reveló el director del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), Ómar Franco. El país pasó de 178 597 hectáreas deforestadas en 2016 a 219 973 en el 2017.
“En la región Pacífico, Caribe y Andina la deforestación tuvo un descenso. En la Orinoquía hay una estabilidad en la cifra que se sostiene en cerca de 9000 hectáreas. Sin embargo, en la Amazonía tuvimos un ascenso muy fuerte, pasamos de 77 000 hectáreas en 2016 a 144 000, prácticamente se dobló el nivel de pérdida de bosque en esa región”, dijo Franco.
A nivel regional, las cifras obtenidas por el Ideam reportan que las áreas de cambio en la cobertura de bosque natural durante el 2017 se concentran principalmente en las regiones de la Amazonía (65,5% de la deforestación), los Andes (17%), el Caribe (7,1%), el Pacífico (6,1%), y la Orinoquia (4,5%).La deforestación en la Amazonía está asociada principalmente a praderización, especulación sobre la tierra, ganadería extensiva, cultivos ilícitos e infraestructura vial.
No cabe duda que en especial el porcentaje de pérdida de bosque en la región amazónica es el más preocupante y las dinámicas sociales y territoriales que se viven actualmente en esta zona son bastante complejas. El ministro de Ambiente Luis Gilberto Murillo asegura que “en la Amazonía tenemos un enorme desafío pues las zonas de deforestación coinciden con la presencia de grupos criminales que están promocionando la colonización y le están pagando a muchas comunidades para que talen”.
Y es que, tal como lo indica el Ministro, la situación de orden público en muchos puntos antes ocupados por la guerrilla de las Farc y ahora en poder de sus disidencias y otras bandas de crimen organizado, han traído un gran daño colateral sobre el medio ambiente. José Yunis, director de Visión Amazonía ─un programa que cuenta con el apoyo financiero de Noruega, Reino Unido y Alemania y busca reducir las emisiones provenientes de la deforestación en la Amazonía colombiana─ los municipios más deforestados coinciden con territorios que tradicionalmente han sido víctimas del conflicto armado.
En solo 7 municipios se concentra el 49,1% de la deforestación en Colombia. Foto: Ideam.
Los cuatro primeros lugares los ocupan los municipios de San Vicente del Caguán (26 632 hectáreas) y Cartagena del Chairá (22 591 hectáreas) en el departamento de Caquetá; San José del Guaviare (19 347 hectáreas) en el departamento de Guaviare y La Macarena (14 861 hectáreas)en el departamento del Meta. Entre estos cuatro municipios concentran casi el 40 % del total de la deforestación nacional. “En estos lugares críticos el principal causante de la deforestación es el acaparamiento de tierras, hay unos parches que no puedes explicar: tienen un enorme tamaño y un claro capital económico detrás que en este momento está en investigación por parte de la Fiscalía”, comenta Yunis.
Áreas protegidas y resguardos indígenas
La deforestación en Parques Nacionales también aumentó, al pasar de 10 655 hectáreas en 2016 a 12 417 hectáreas en 2017. Esto quiere decir que en este tipo de áreas protegidas se concentra el 5 % del total de la deforestación nacional. “La cifra asociada a Parques Nacionales está sobre las 12 000 hectáreas, siendo el parque La Macarena y el Parque Tinigua los dos ecosistemas más comprometidos, con pérdidas de más de 3000 hectáreas de bosque natural en cada uno de ellos”, asegura el Director del Ideam.
Nuevamente, los parques más afectados corresponden con zonas tradicionalmente asociadas al conflicto armado colombiano. “En la Amazonía nos toca avanzar mucho más en control territorial, mover los procesos judiciales en Fiscalía para que los programas puedan llegar a las comunidades y trabajar con ellas”, dijo el ministro Luis Gilberto Murillo.
De acuerdo con el funcionario, desde el gobierno se creó una subcomisión de seguridad coordinada por el Ministerio de Defensa y de la que hacen parte también la Fiscalía y el Ideam. El objetivo es encontrar los focos de deforestación, abrir investigaciones, judicializar y desmantelar redes criminales. “Esa subcomisión solo lleva un año en operación y estos procesos van a tomar un tiempo, pero soy optimista en que van a generar muy buenos resultados”, comenta.
Estos son los puntos del país donde la deforestación se presenta de forma acelerada y donde se ha disminuido el fenómeno. Foto: Ideam.
Lo cierto es que, por ahora, los datos muestran un aumento sostenido de la deforestación durante dos años, lo cual afecta los ecosistemas y la biodiversidad colombiana incluso en territorios bajo alguna figura de protección. Por ejemplo, las áreas protegidas más afectadas por pérdida de bosque en 2017 fueron: Parque Sierra de La Macarena (3576 hectáreas), Parque Tinigua (3285 hectáreas), Parque Paramillo (1438 hectáreas), Parque Cordillera de los Picachos (1064 hectáreas), Parque La Paya (963 hectáreas) y Parque Nukak (707 hectáreas).
Además, un 10 % de la deforestación (20 713 hectáreas) se concentró en resguardos indígenas de la Amazonía colombiana: Nukak Maku en el departamento de Guaviare, Llano del Yarí -Yaguará II entre los departamentos de Meta, Caquetá y Guaviare, Vaupés en el departamento de Vaupés, Selva de Matavén en el departamento de Guainía y Predio Putumayo en el departamento de Amazonas.
Los riesgos
A pesar de las cifras alarmantes en la Amazonía, el ministro de ambiente Luis Gilberto Murillo se muestra optimista frente a la tendencia que se observa en el resto de Colombia. “En la gran mayoría del país la deforestación empezó a disminuir. Al próximo gobierno le estamos dejando todas las herramientas, una política de Estado de control de la deforestación y gestión de bosques naturales que ya está funcionando en estas regiones y estamos dejando recursos del presupuesto nacional, sobre todo con el impuesto al carbono. También estamos dejando gestión internacional: Alemania acaba de asignarnos 35 millones de euros para el apoyo al control de la deforestación e igualmente hemos sido el único país del mundo al que Noruega ya le amplió su apoyo hasta el 2025”.
Sin embargo, algunos expertos no ven un panorama tan positivo. “La perspectiva no es nada alentadora porque ha habido un incremento bastante notorio, sobre todo en aquellas zonas donde tenemos ecosistemas estratégicos como bosque amazónico, andino y seco tropical”, comenta Guillermo Briceño, biólogo, magister en Ecología y profesor e investigador de la Universidad de La Salle.
La praderización y la ganadería extensiva son dos de las principales causas de la deforestación. Foto: Ministerio de Ambiente de Colombia.
Según él, con la firma del Acuerdo de Paz y la parcial desmovilización de las Farc, quedó un problema de especulación de tierras, donde la gente estaría quemando la selva a propósito para despejar el bosque y apropiarse de esas tierras con fines de praderización y ganadería extensiva principalmente.
A Saralux Valbuena, bióloga y experta en temas ambientales, le preocupa que en solo dos años se haya elevado la tasa de deforestación en cerca de 100 000 hectáreas y considera que la situación es crítica en la Amazonía. “Se están poniendo en juego muchas cosas. Primero, ver cómo los procesos de posconflcito pueden estar manejados de manera inadecuada y estar conduciendo a aumentar las cifras de deforestación. Eso también nos pone en alerta para ver qué va a pasar con el programa Visión Amazonía, los compromisos que Colombia adquirió en la COP en París frente a reducir emisiones asociadas a deforestación y cuáles son las consecuencias políticas que tendrán en el país este tipo de situaciones”.
Que la deforestación aumente en la Amazonía pone al gobierno colombiano en una situación difícil de esquivar, pues es precisamente esta región la que ha recibido casi todo el apoyo económico internacional.Muchos de esos recursos están condicionados a resultados y a medida que la deforestación sigue subiendo, esa ayuda económica se puede ir alejando.
Para Valbuena, en este momento existen recursos significativos que se están invirtiendo en acciones, pero cree que estamos ante un problema de Estado donde los diferentes actores y tomadores de decisiones tienen que ver cómo dan las señales a los actores que están en lo regional y lo local. Uno de los temas que más le preocupa es el de gobernanza, pues “se han hecho muchos esfuerzos pero no necesariamente se están cumpliendo los objetivos. También es cierto que se han venido gestando instrumentos durante el último año pero la implementación no se hace de la noche a la mañana, eso requiere de tiempo y son procesos de largo alcance. Pero está claro que debemos movernos más rápido para evitar resultados como estas cifras de deforestación”.
El llamado por fortalecer la gobernanza en lo local es también una sugerencia del investigador Guillermo Briceño. De acuerdo con él, la sola declaración de áreas protegidas es una medida que no es suficiente, pues si no vienen acompañadas con proyectos que incluyan a los actores territoriales como las comunidades indígenas y campesinas, el Estado no puede solucionar problemáticas como la deforestación. “Es clave hablar de gobernanza. Las cosas se pueden hacer en mapas y papeles pero si el Estado no llega al terreno y opera los programas, pues no se está haciendo mucho”, afirma.