El primate llegó en 2022 y se registró por primera en la huerta agroecológica. Esta especie es considerada como el mamífero terrestre más ruidoso de América.
Duberney Galvis Cardona* / Colaboración especial
Desde hace cuatro años el Jardín Botánico de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP) reporta la visita infaltable de un mono aullador rojo (Alouatta seniculus), propio de la región Andina. Suele llegar a final de año y se va pasadas las épocas de Navidad. Este activo dispersor de semillas, de color rojizo y pelaje facial que cuelga a manera de barba, encontró en el Jardín, condiciones naturales suficientes para hospedarse.
La Universidad y el Jardín funcionan como un puente ambiental con los corredores ecológicos que circundan los dos afluentes hídricos más grandes de Pereira, el río Otún y el Consotá, propicio para la fauna proveniente del Santuario de Flora y Fauna Otún Quimbaya, en Risaralda y La Reserva Natural Barbas Bremen entre Risaralda y Quindío. Estos lugares son el hábitat del mono aullador del que hay registros completos de familias bien constituidas.
El mono llegó a finales del año 2022. Para entonces se empezaron a escuchar los aullidos característicos que le dan su nombre, gracias a que tiene unas particularidades morfológicas en la garganta que permiten su vocalización resuene muy fuerte. En este sentido, figura como el mamífero terrestre más ruidoso de América y entre los primeros del planeta.
Según lo describe Santiago Nieto, administrador ambiental del Jardín, “El primer registro de su presencia fue en la huerta agroecológica. Tras oírlo, acudimos, pero no lo encontramos. Para entonces, contactamos a la organización Neotropical Primate Conservation NPC, con quien ya habíamos trabajado alrededor del mono nocturno, grupo integrado por las investigadoras Alma Hernández Jaramillo, Natalia Bustamante Gómez y la profesora Catalina Orrego, especializadas en primates de Risaralda”.
Con ellas se tuvo un esquema metodológico para ubicarlo, incluía, entre otras, el mapeo con coberturas de áreas y conexiones. La exploración arrancó por los árboles más frecuentados según sus hábitos y comportamientos. Cabe recordar, estos primates pasan buena parte del tiempo alimentándose y descansando. La primera vez lo vieron en la zona de las colecciones de bambú del Jardín Botánico, estaba en la parte alta de los árboles. Tras largo rato, antes de internarse hacia el bosque de la universidad bostezó y mostró los colmillos. Después lo escuchaban todas las mañanas.

Mono aullador. Imagen: Jardín Botánico Universidad Tecnológica de Pereira (UTP)
La conclusión a la que llegaron varios expertos es que se trataba de un macho soltero que pudo haber sido desplazado por el mono dominante de la manada. Llegó hasta acá en ruta que incluye El Salado de Consotá, encontró alimento disponible y permaneció varios días.
El Jardín Botánico
El énfasis del Jardín Botánico Universitario, como lo explica Dorian Ruíz, coordinador científico del lugar, “es en especies nativas andinas en categoría de amenaza, algunas de uso etnobotánico, pero principalmente conservación”. Hecho clave porque la región Andina es de las que tiene mayor concentración de especies amenazadas. El porcentaje de colectas clasificadas en alguna categoría de riesgo escala al 30%, es de los que lidera el ranking de colecciones vivas en esta condición, de ahí su importancia dentro de la Estrategia Nacional de Conservación de Plantas.
Este “rincón ecológico” empezó a tomar fuerza desde 1999, lo proyectaron como un lugar que podría tener apalancamiento institucional universitario y también externo. Siguiendo estos criterios educativos, suelen encontrar en la comunidad una red de apoyo de primer nivel. En igual sentido, articulan con instituciones como la Corporación Ambiental de Risaralda y entidades de parques institucionales. “Es un trabajo entre varias manadas”. Y agrega Dorian, “el enfoque es la colección de especies de bosques andinos ubicados en los márgenes de transicionales a secos, ajustadas a las características naturales del Jardín.”
Entre otras, se los reconoce a nivel nacional por las magnolias en Risaralda. Como explica su director Jorge Hugo García Sierra, hay una de ellas, La Magnolia Wolfii, única según los listados de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza UICN, y figura entre las 50 plantas más amenazadas del mundo. Existen tres poblaciones identificadas, están en la región del Eje Cafetero, y ellos las han georreferenciado. Hasta hace poco tenían más de 400 creciendo en el vivero. De ahí el apoyo recibido por parte de La Red Internacional de Conservación de Jardines Botánicos BGCI.
En total, presentan 750 especies en conservación en el campus. Es trabajo tejido con la Red Departamental de Jardines Botánicos, comunidades y otros. A pesar de estar entre los departamentos más pequeños de Colombia, es de los que más jardines botánicos tiene organizados.

Jardín Botánico Universidad Tecnológica de Pereira. Imágen: Jardín Botánico UTP
La relación flora – fauna
En un higuerón —no debajo como en los amores del vallenato de Rafael Orozco— sino en la copa del árbol, tuvo lugar la historia del mono aullador. Este árbol es una de las especies protegidas de las que se alimentaba, degustando rebrotes y frutos, y allí también dormía.
En total el mono disfrutó de las trece hectáreas del jardín convertidas en cuarenta al incluir el resto de áreas verdes de la UTP, referenciada entre las más verdes del planeta y en el top tres de Colombia. Como agrega Santiago, “un bosque en conservación con características de sucesión y recuperación que permiten haya diversidad de fauna. Tenemos registro de cerca de 198 especies de aves, 22 de reptiles y 8 de anfibios. Y hasta el año pasado, 20 de mamíferos”.
Entre estos últimos hay murciélagos, zorros, tairas, ardillas, guatines, perros de monte, osos perezosos, y el pequeño mono nocturno que está en categoría de amenaza, aunque es menos mencionado. “Y ahora el mono aullador, especie arborícola común cuya categoría de conservación es preocupación menor porque si bien hay afectaciones a la biodiversidad que lo rodea, sus poblaciones siguen estables.”
Son cuatro familias de primates registradas en Risaralda, en el listado: el mono capuchino, el mono araña ubicado en límites con Chocó; el mono nocturno, y el mono aullador asociado a ecosistemas en áreas de protección, y con excepciones, en zonas más bajas de bosque seco como La Reserva Kauquitá en Pereira.
El mono y las funcionalidades del Jardín
La presencia recurrente del mono hizo eco de las funcionalidades ecológicas y sociales. Las primeras, caracterizadas por procesos de sucesión que han permitido la sustitución natural de organismos que la integran, afianzando la capacidad de interacción. Las sociales, porque es más que un espacio limitado a la vegetación, también brinda acceso organizado a la población, cumpliendo con lo que Restrepo (2009) llama “criterios de aceptabilidad”: seguridad, tranquilidad y accesibilidad.
En sintonía, su director Jorge Hugo suele resaltar “la estrategia denominada ‘Más allá del Campus’, hacer saber que este lugar y todo lo realizado en él, trasciende a la universidad, abarca la ciudad y la región. Para ello, además de la conservación, realizan investigación. Son un centro de ciencia reconocido por el Ministerio de Ciencias (Minciencias), con el grupo de investigación “Biodiversa”, adscrito a la Facultad de Ciencias Ambientales.”
Pero hay más, el Jardín lideró la investigación y publicación del Manual de Silvicultura de Pereira, pilar del decreto 440 de mayo del 2011 que rige el tema del arbolado urbano en la ciudad. Entre muchas variables, indica por ejemplo ¿dónde y qué sembrar?
Lo construyeron mediante una metodología a partir del espacio público verde, logrando identificar y clasificar 14 corredores ambientales en Pereira. Esto último resultaría relevante para el seguimiento a los recorridos del mono.
La conservación integral
Apegados a la esencia de lo que tienen como misión los jardines botánicos surgidos a la luz de la Expedición Botánica, viajan a muchos lugares para indagar sobre la flora en disminución. Recolectan semillas que son tratadas en el marco de los permisos con las entidades correspondientes, y adelantan procesos para indagar las formas de germinarlas, con los respectivos ‘protocolos’, así hasta lograr su reproducción. Después vienen los procesos de reforestación mediante diferentes programas institucionales y comunitarios.
Por lo tanto, muchos de los árboles que disfruta el mono aullador y las demás especies, emergieron como plántulas en el vivero del jardín. Este trabajo es difundido a visitantes y usuarios en documentos, charlas, conferencias, simposios, cuentos infantiles y hasta obras de teatro. Un ejemplo son los libros de aves del campus y de Pereira; el primer caso dispone del registro de 198 especies de aves, como señala su director: “Increíble porque 198 es el 10 % de las que se pueden observar en Colombia… Y como nuestra visión es ecosistémica, hacemos seguimiento a todas las especies asociadas.”

Universidad Tecnológica de Pereira
Para el caso del mono, los rastreos y estudios iniciales permitieron contabilizar que, sumados los bosques de la UTP, otros de la ciudad y los corredores ambientales que nacen en la universidad, venía utilizando 200 hectáreas.
Mientras todo esto ocurría, el equipo del Jardín, como parte del pilar educativo, adelantó actividades dirigidas a estudiantes del Instituto Técnico, el colegio contiguo a la universidad. “Fuimos dialogando acerca del mono aullador, describiendo sus características y hábitos, compartiendo recomendaciones acerca de cómo contribuir a protegerlo.”
Los desvelaba la preocupación por la posibilidad de que lo asediara un perro, o personas desinformadas. Eran latentes los riesgos en medio de sus hábitos silvestres. Llegados a este punto, es preciso subrayar, siempre operaron con la idea de apoyar un plan para trasladarlo, debido también a riesgos como las cuerdas eléctricas, el descenso al suelo del que hubo registros, sin otros que alertaran los peligros, más la cercanía de viviendas urbanas. “Lo reportaban por todos lados, a las oficinas del jardín llegaban correos diarios.”
Al final, él mismo regresó por el corredor ecológico que había llegado.
En 2025 el mono hizo presencia en áreas cercanas, pero no ingresó al jardín. Se quedó en los bosques de la universidad que limitan con los del río Consotá que es ´por donde siempre suele llegar.
Desafíos para los jardines botánicos
Expertos en el país coinciden que se requiere actualizar instrumentos administrativos nacionales como la ley orgánica de jardines botánicos que es de 1996, y la reglamentación de políticas de colectas, del 2013. Si bien hay avances, falta mucho. Hay que abordar por ejemplo el tema de las exenciones para hacer colectas y el aumento de los recursos para las labores relacionadas con conservación y educación que incluyen los reportes solicitados a nivel nacional, entre otras.
Y es que además de los esfuerzos propios de las universidades, algunas entidades y casos aislados de entes gubernamentales territoriales, es necesaria una figura complementaria de financiación nacional que permita consolidar lo avanzado. También es un reto el crecimiento de las ciudades. Son cuestiones que demandan alternativas para articular con los actuales respaldos institucionales.
La muestra de lo que es posible en materia de diversidad, es este caso del Jardín Botánico universitario, su énfasis en conservación de especies nativas favorece aún más la relación entre la flora y la fauna. Con tal repercusión, que llegó a ser sede del Congreso de la Asociación Primatológica de Colombia y de la Sociedad Latinoamericana de Primatología. Este caso del Mono Aullador, es la cúspide de una interacción biológica que empezó hace 27 años en la Universidad Tecnológica de Pereira.

Jardín Botánico de la Universidad Tecnológica de Pereria.
*Comunicador y Especialista en Gestión Ambiental.
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