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Amanda Magnani / Dialogue Earth
Representantes de más de 100 países se reunirán en Belém, Brasil, la ciudad amazónica que será la sede de la cumbre climática COP30 del 10 al 21 de noviembre. Esta edición de la conferencia ha sido descrita por Naciones Unidas como un hito decisivo para que los países actualicen sus planes de acción climática y avancen en la aplicación de medidas contra el calentamiento global.
Como país anfitrión, Brasil pretende que esta cumbre se caracterice por los resultados. “Ahora es el momento de actuar”, afirmó el presidente de la conferencia, André Corrêa do Lago, en un evento preparatorio celebrado en agosto. “La COP30 será el momento de ajustar los instrumentos y acelerar la implementación”.
Pero las expectativas para la COP30 son tan grandes como los desafíos que la rodean. La conferencia coincide con el décimo aniversario del Acuerdo de París, un hito mundial en la lucha contra la crisis climática. Este tratado histórico impulsó la expansión de las políticas nacionales destinadas a lograr economías bajas en carbono, pero los avances hacia sus objetivos siguen siendo insuficientes: en 2024, la temperatura media del planeta superó por primera vez el objetivo acordado de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, un umbral definido por los científicos como el máximo para evitar los peores efectos de los fenómenos climáticos cada vez más graves.
A principios de este año, los expertos advirtieron que el planeta había alcanzado su primer “punto de inflexión”, con la muerte generalizada de los arrecifes de coral en más de 80 países debido al calentamiento de los océanos. Los científicos y conservacionistas responsables del análisis también destacaron el riesgo de colapso de la selva amazónica, un bioma esencial para el equilibrio climático mundial y precisamente el lugar donde se celebrará la cumbre COP30.
Con el agravamiento de la crisis climática, la COP30 pondrá a prueba la voluntad de los países de mantener el Acuerdo de París como pieza central de la gobernanza mundial. La COP28, celebrada en Dubái en 2023, supuso el primer balance global y la primera mención en un texto final de la COP a la transición de los combustibles fósiles. Por su parte, la COP29 del año pasado en Azerbaiyán estableció un nuevo objetivo de financiación climática. En Belém, la atención se centrará en la revisión y la aplicación de los objetivos nacionales de reducción de emisiones, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), que se actualizan cada cinco años.
Un informe de síntesis reunirá las propuestas para orientar la acción climática hasta 2030 y evaluará el cumplimiento de los países en el marco de las NDC. Sin embargo, hasta ahora, menos de 70 de los más de 190 signatarios del Acuerdo de París han actualizado sus objetivos. En conjunto, los países que ya han presentado sus planes representan más de un tercio de las emisiones mundiales.
“Los planes presentados no nos acercan en absoluto al camino necesario para un futuro seguro”, afirmó Miriam García, directora de políticas climáticas del World Resources Institute Brazil (WRI), una organización dedicada a la investigación de soluciones climáticas.
Señaló que, según estimaciones recientes, el mundo tendría que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en unas 31 gigatoneladas para 2030 a fin de mantener el calentamiento global dentro del límite de 1,5 °C. Sin embargo, incluso teniendo en cuenta las NDC actualizadas y otros compromisos ya anunciados, la reducción prevista no supera las 2 gigatoneladas.

La conferencia también se centrará en la adaptación a los fenómenos climáticos extremos, una transición energética justa y la aplicación de la Hoja de Ruta de Bakú-Belém, un documento que describe el camino para alcanzar 1,3 billones de dólares en financiación climática anual para 2035, un objetivo acordado en la COP29 en Bakú, la capital de Azerbaiyán.
Paralelamente a las negociaciones oficiales, el gobierno brasileño se ha comprometido con una amplia “Agenda de Acción”, con más de 350 eventos en los que participan gobiernos locales, empresas, investigadores y representantes de la sociedad civil.
Sin embargo, el enfoque de esta agenda ha despertado opiniones divergentes, según Karla Maass, asesora de incidencia política de la Red de Acción Climática de América Latina (CAN-LA), la división regional de la coalición mundial CAN, que agrupa a más de 1.900 organizaciones medioambientales. “Algunos creen que es el escenario donde se desarrolla la política y la economía reales, pero otros lo consideran una cortina de humo para desviar la atención de las negociaciones oficiales”.
Para Maass, los procesos de negociación formales y paralelos “pueden ser complementarios, pero la Agenda de Acción no puede acaparar toda la atención”.

Además de los impasses técnicos, la COP30 se celebra en un contexto geopolítico “muy delicado”, según García, de WRI Brasil. Afirmó que la creciente falta de confianza entre los países —ya identificada por los líderes mundiales como uno de los principales obstáculos para las negociaciones sobre el clima— ha debilitado las alianzas y reducido la voluntad de cooperar. El regreso a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump, que ya ha impulsado recortes en los programas internacionales de clima y asistencia del país, junto con la reorientación de los recursos gubernamentales hacia cuestiones militares y de seguridad en medio de las guerras en Ucrania y Gaza, ha exacerbado el declive mundial de la financiación climática.
Ante las tensiones geopolíticas que podrían desviar la atención de los debates, los líderes de la COP30 en Brasil, como la directora ejecutiva de la cumbre, Ana Toni, han tratado de reafirmar su compromiso con el multilateralismo. Esta también es la opinión de García, quien lo describió como la única forma posible de abordar la crisis climática. “No hay otro espacio en el que los países más vulnerables puedan expresar sus demandas”, añadió.
Tras tres ediciones de la cumbre en países cuyos regímenes se consideran autoritarios, hay grandes expectativas de que la COP30 marque el regreso de una fuerte participación de la sociedad civil, así como el primer plano de las demandas y ambiciones del Sur Global.

Sin embargo, esta esperanza se ha visto empañada por los exorbitantes precios del alojamiento en la ciudad anfitriona, Belém, que han limitado la presencia de representantes de movimientos sociales y países más pobres. Incluso con el aumento del apoyo financiero de la ONU, el problema persiste: a finales de octubre, 49 delegaciones seguían sin saber dónde se alojarían durante la conferencia, mientras que más de 130 ya tenían garantizado su alojamiento.
Ante esta situación, el Observatorio del Clima, una de las organizaciones brasileñas que más de cerca ha seguido las conferencias de la ONU sobre el clima, ha advertido que esta podría convertirse en la “COP menos inclusiva de la historia”.
“Sin las delegaciones de los países en desarrollo, se pondrá en duda la legitimidad de las decisiones”, afirmó Stela Herschmann, experta en política climática del Observatorio del Clima.
Incluso entre las delegaciones que han logrado confirmar su asistencia, la tendencia ha sido reducir el tamaño de los equipos, incluso en el caso de la propia ONU y Brasil. Esta limitación, según Herschmann, puede afectar al ritmo y la calidad de las negociaciones.
“Los equipos pequeños tienen que dividirse en diferentes salas, lo que sobrecarga a los negociadores. Como resultado, las ambiciones tienden a disminuir”, explicó.

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 provocó una nueva retirada del Acuerdo de París por parte de Estados Unidos, el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo. “Además de los efectos sobre el objetivo global de reducción de emisiones, esta salida también tiene un impacto en la financiación climática mundial”, afirmó García. Sin embargo, señaló que el país nunca ha cumplido plenamente sus compromisos financieros y añadió que los gobiernos estatales y municipales del país podrían intentar llenar el vacío dejado por la administración federal.
Con la retirada, las NDC presentadas por Estados Unidos en 2024 ya no son válidas. En cuanto a los demás actores clave en el ámbito climático, la Unión Europea recién presentó sus planes y China ha anunciado unos objetivos que, en general, se consideran por debajo de las expectativas.
En un discurso pronunciado en la Asamblea General de la ONU en septiembre, el líder chino Xi Jinping anunció que el país tiene la intención de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero entre un 7% y un 10% para 2035, tomando como referencia el pico registrado en los últimos años.
Los expertos consideraron que este compromiso era vago e insuficiente, sobre todo teniendo en cuenta que China representa alrededor de un tercio de las emisiones mundiales. Sin embargo, Beijing tiene un historial de superar sus objetivos, a veces cautelosos.
Además, con la retirada del liderazgo climático de Estados Unidos y la Unión Europea, crece la presión para que China tome la iniciativa en la agenda climática mundial. A pesar de sus modestos objetivos, el país es considerado el único con suficiente peso político y capacidad tecnológica para desempeñar este papel.
Beijing ha rechazado a menudo la idea de posicionarse explícitamente como líder climático. Según Niklas Weins, profesor del departamento de estudios internacionales de la Universidad Xi’an Jiaotong-Liverpool, China no considera estratégico asumir el papel de “líder único” en cuestiones internacionales, incluido el medioambiente.
“Estados Unidos suele ocupar esta posición, y los chinos comprenden el peso que conlleva esta imagen. Por lo tanto, en el ámbito ambiental, lo que el país desea es un liderazgo distribuido con una cooperación Sur-Sur reforzada“, explicó Weins a Dialogue Earth.

Los expertos también abogan por un papel más activo de las economías emergentes en la transición ecológica. Según García, el liderazgo de países de ingresos medios como China, Indonesia, Sudáfrica y Brasil es esencial para hacer posible una economía global con bajas emisiones de carbono.
“Producen aproximadamente la mitad de las emisiones mundiales, un porcentaje que probablemente aumentará. Si no logran reducir estas emisiones y adaptarse a los inminentes impactos climáticos, toda la transición ecológica estará en peligro”, afirmó.

Al mismo tiempo, muchos consideran que la transición climática mundial está abriendo una oportunidad de desarrollo única para los países del Sur Global, especialmente en América Latina. “Estos países aún tienen una gran oportunidad para ampliar sus mercados [energéticos] y dar a sus poblaciones acceso a energía que ya proviene de fuentes renovables”, afirmó Herschmann. “Es una oportunidad para aprovechar este momento de transformación y corregir las desigualdades e injusticias estructurales”.
Para Corrêa do Lago, América Latina tiene ante sí la oportunidad de asumir un liderazgo sin precedentes en la búsqueda de la justicia climática. Marcada históricamente por posiciones fragmentadas en la agenda climática, la región ha buscado una mayor coordinación en los foros multilaterales, con el objetivo de llegar a la COP30 con una agenda más unificada e influyente.
Tanto Herschmann como Maass comentaron que reforzar la posición del Sur Global en el debate será esencial, pero insuficiente sin la participación de las grandes potencias. “Estamos asistiendo a un fortalecimiento del Sur Global, pero líderes como Estados Unidos y la Unión Europea deben seguir comprometidos y fijar objetivos ambiciosos. Al fin y al cabo, son históricamente responsables del cambio climático”, afirmó Herschmann.
Imagen superior: Un comité presidencial brasileño navega hacia la isla de Combu, en la ciudad amazónica de Belém. Delegaciones internacionales llegarán a la ciudad este mes para las negociaciones climáticas de la COP30 Autor: Ricardo Stuckert Presidência da República / Agência Brasil.
ALIANZA INFORMATIVA
DIALOGUE EARTH – RED PRENSA VERDE
Las afectaciones que sufre Clarena Fonseca, indígena wayuú que habita en el sector de La Cachaca III en Riohacha, La Guajira, en el norte de Colombia, es el hilo conductor del audiovisual Crisis climática: ¿Quién responde? que revela un concepto recientemente acotado en el contexto de las negociaciones sobre cambio climático: las pérdidas y daños.
Esta investigación periodística busca justamente informar a la ciudadanía sobre este concepto y cómo se están desarrollando las acciones desde la escala global y nacional —enmarcadas en el Acuerdo de París — para atender los daños que sufre la ciudadanía por impactos de origen climático y, de la misma manera, las pérdidas en sus territorios por eventos catastróficos.

Clarena Fonseca, lideresa wayuú y representante de 180 familias afectadas por la pérdida de playas debido a los impactos por la erosión costera que origina, entre otras causas, el incremento del nivel del mar.
Diferentes entrevistados expresan su desacuerdo en la forma en que se ha estructurado el Fondo de Respuesta ante Pérdidas y Daños ya que muchos de los países, en vez de ser compensados con recursos para invertir en áreas impactadas, reciben préstamos.
El audiovisual de 5:50 minutos en el que participan expertos internacionales en el estudio y análisis sobre las negociaciones climáticas es producto de una alianza entre Red Prensa Verde y Censat Agua Viva.
En la comunidad de La Cachaca III, en La Guajira, existen 180 afectados por el incremento del nivel del mar Caribe, que no han encontrado solución a sus problemas, esta situación ha causado el desplazamiento hasta ahora de ocho familias a ciudades como Bogotá.
Francisco Parra / Programa Latinoamericano de Cobertura Periodística COP25
Greta Thunberg, la cara más reconocible del movimiento por la acción climática, pasó el último año recorriendo el mundo con su mensaje: desde Katowice, Polonia (COP24), cuando pocos la conocían, la algarabía que desató en Nueva York con su “¿cómo se atreven?” en Naciones Unidas, su mediático viaje de vuelta a Europa en un barco cero emisiones y su premio como ‘Persona del Año’ de la revista Time. Greta fue la estrella del año en el que todos hablaron del cambio climático.
En cada uno de sus discursos antes de la COP25, Thunberg habló de la ciencia, de los últimos informes del IPCC que nos advierten de la catástrofe a la que nos adentramos cada vez más y de cómo el presupuesto de carbono que tenemos se agota cada día más por culpa de las grandes empresas contaminantes.
De pie ante el plenario de la COP25, el mensaje de la joven de 16 años fue otro: “la política que necesitamos no existe hoy día, pese a lo que digan los líderes mundiales. Creo que el mayor peligro no es la inacción, el verdadero peligro es cuando políticos y CEOs dicen que la acción real está pasando cuando en realidad no hacen nada más que contabilizaciones inteligentes y relaciones públicas creativas”.
¿Entendió Thunberg que la respuesta a la crisis climática no saldría de ese espacio?

El miércoles 11 de diciembre, Carolina Schmidt, presidenta de la COP25, dijo que “el gran legado de Chile será generar el ‘turning point’ o cambio de rumbo que permita implementar el Acuerdo de París, aumentando la ambición, transversalizando la acción climática y subiendo nuevos actores a la mesa”.
Cuatro días después, la opinión transversal era que la Cumbre del Clima en Madrid había fracasado. Y es que nadie está abiertamente conforme con los resultados de la cita. El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, dijo sentirse “decepcionado” del resultado. La propia ministra de Medio Ambiente chilena dijo que los acuerdos alcanzados “no eran suficientes”.
El gobierno chileno fue uno de los principales focos de críticas al ser incapaz de liderar las negociaciones hacia un resultado que avance concretamente a limitar el calentamiento global. Y si bien se enfrentó con la oposición sostenida de unos pocos países -quienes desde el primer día se negaron a negociar-, la manera en cómo se relacionó con sus pares, desoyendo sugerencias y negociando solo con los grandes contaminantes, marcó la molestia de varios países hacia el final de la cita.
En junio de 2019, en la Conferencia Intersesional de Cambio Climático que se desarrolló en Bonn, Alemania -donde los países adelantan algunas negociaciones que después continúan en la COP-, Carolina Schmidt dijo que el objetivo número uno de la COP era “aumentar la ambición en tres áreas: mitigación, adaptación y términos de implementación. Será la COP de la implementación. Debemos pasar de la implementación a la acción”.
¿Cómo se traduce la demanda por una mayor ambición climática que millones de ciudadanos han demandado a lo largo del mundo?
En los primeros días de la cumbre, una periodista le consultó a Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), cómo se podía entender la tan repetida ambición.
“No tenemos un ítem en la agenda que se llame ambición. Por lo tanto, no es que esperamos tener una decisión específica al respecto. Sin embargo, hay muchos elementos de la agenda y hay muchos eventos y diálogos de alto nivel en los que se espera que se aborde el tema de aumentar la ambición”, respondió.
El Acuerdo de París, firmado en 2015 por todos los países que son parte de la CMNUCC, establece la meta de limitar el calentamiento global por debajo de los 2°C e idealmente a 1,5°C. Hace más de un año, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) dio cuenta con evidencia certera de que los objetivos del Acuerdo de París eran insuficientes: si la principal meta es evitar que la tierra supere los 1,5°C desde la era pre industrial, con los compromisos de los países vamos rumbo a los 3,2°C.
La principal herramienta para combatir el cambio climático que creó el Acuerdo son las “contribuciones nacionalmente determinadas” de cada país (NDC, por sus siglas en inglés), un compromiso de cada Parte en el marco del Acuerdo de París para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, con el fin de cumplir con los objetivos del tratado.
El Acuerdo de París no regula el contenido de las NDC, pues Naciones Unidas no interfiere en la política interna de los países. Cada parte debe presentar sus compromisos, pero hay bastante ambigüedad para conocer los detalles, partiendo del hecho de que no hay obligación alguna en cumplirlos o no. Y ese es uno de los problemas con el resultado de la COP.
El texto final de la COP25 -titulado “Santiago-Madrid Time for Action”- reconoce que hay una “significante brecha” existente entre lo que los países han comprometido hasta el momento y lo que la ciencia dice que es necesario para detener el calentamiento global.
2020 es el año clave para París. El Acuerdo comienza su vigencia después de cinco años donde no hubo mayores avances, pero al mismo tiempo creció la presión y las expectativas de que los gobiernos se hagan cargo de la crisis. Este año, todas las Partes están llamadas a comunicar nuevas NDC que sean progresivas en sus metas respecto de las anteriores. Los que se trazaron una meta para 2025, deben entregar una nueva NDC; los que lo hicieron para 2030, deben actualizar. Para la COP26 en Glasgow podremos proyectar los compromisos y las emisiones de la década. Y estos compromisos valdrán por cinco años.
Una alianza de países latinoamericanos, africanos y asiáticos, que representan solo el 15% de las emisiones globales, se han comprometido a ser carbono neutral ante el silencio de las potencias mundiales.
Sue Biniaz fue una de las articuladoras del texto del Acuerdo como negociadora de Estados Unidos. Ella misma reconoce que, en verdad, no hay obligación legal para que los países aumenten su ambición. “Es la ciencia, más que París per se, el porqué los países deben mejorar sus NDC”, dijo a Climate Home News. El texto lo que dice es que las Partes deben “recomunicar” sus compromisos. Nada impide que presenten el mismo plan que hace cinco años.
Desde antes de la COP se sabía que los grandes emisores -China, Estados Unidos, India y Brasil- no iban a comprometerse a nada nuevo. Sí se esperaba un emplazamiento fuerte a que en 2020 lo hicieran y es por eso que el borrador presentado por la presidencia chilena el sábado antes de concluir la COP causó tanta molestia en la sociedad civil. No se avanzaba nada respecto de lo acordado en 2015.
El discurso de la ambición era prioridad para la gran mayoría de los grupos negociadores que funcionan bajo la convención: para los africanos, latinoamericanos, los menos desarrollados, las pequeñas islas insulares e incluso para la Unión Europea.
Sin un mayor llamado a la ambición en el texto, las negociaciones tampoco dejaron un buen recuerdo en la materia, sobretodo en el avance progresivo que suponen las NDC. Desde hace años que los países discuten la agenda de “common metrics”: cómo medir y reportar las emisiones de gases que no son el CO2 -como el metano o el óxido nitroso-, cómo convertirlas a la unidad conocida como “CO2 equivalente” y después reportarla, a fin de tener un registro cada vez más preciso sobre la situación.
Este es uno de los tantos temas que año a año se negocian en las COP. Y es el reflejo de que en lo “técnico” de las discusiones se esconde un micro-mundo de negociaciones políticas y juegos de poder. En la COP25, China bloqueó las principales discusiones relativas al ítem “Transparencia”, sobre cómo se reportan las NDC, cómo llevar adelante las mediciones y cómo informarlas a la Convención. La idea es que haya un parámetro común para todos, pero eso no existe hasta ahora. La negociación, que tiene que ver a fin de cuentas con cómo se implementan las promesas, quedó suspendida. Se volverá a discutir en la COP26.
Otro tema tiene que ver directamente con las NDC son los llamados “tiempos comunes”. Hay un acuerdo, cerrado en la COP24, de que todos los países presentarán sus NDC al mismo tiempo. ¿El problema? No está definido cada cuánto. Lo que parecía una decisión simple -o eran cinco o eran 10 años- se transformó en un problema. Llegaron a existir ocho opciones de votación en la mesa de negociación, incluyendo a Estados Unidos, Canadá y el grupo árabe pidiendo que se decida recién en 2023. Finalmente, tras petición de China, la discusión se aplazó para el próximo año.
Sin tiempos fijos para la NDC, resulta sumamente difícil crear un nuevo compromiso, pues se desconoce cuál será el año común de objetivo de todos. Y más se dificulta al no existir reglas claras sobre cómo medir e informar sobre las emisiones. Mientras más se demoran los países en decidir, más tarde se hacen las planificaciones de mediano y largo plazo. Y mientras tanto seguimos bombeando la atmósfera de gases contaminantes que seguirán ahí por años calentando el planeta.
Chile quiso desde el primer minuto hacer de esta la “COP de la ambición”, reflejado incluso en el hashtag creado por la presidencia: #TiempoDeActuar (#TimeForAction). Con la muy entrecomillada “obligación” de los países de enviar nuevas y mejores NDC para 2020, la apuesta que el propio secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, le encargó al presidente chileno Sebastián Piñera, fue la de impulsar una “Alianza por la Ambición”.
Lanzada en septiembre durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, se trata de una coalición de países, ciudades y empresas comprometidas con alcanzar la carbono neutralidad en 2050.

Liberada casi un mes después del fin de la COP, la lista sigue demostrando que los países que lideran en la materia son precisamente los que más sufren la crisis climática. El listado publicado por el gobierno de Chile, sumado al conteo que lleva el Climate Watch del World Resources Institute, muestra que hay 108 países comprometidos con actualizar sus NDC este año. Además, 94 países (considerando que la Unión Europea funciona como una Parte en estos procesos) están por la carbono neutralidad para el 2050. Ambos listados rondan el 15% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
“Son muchos países y pocas emisiones. Pero si fuera fácil no estaríamos en esto. Lo importante es que hemos sumado a varios, está Canadá, la Unión Europea”, dice Gonzalo Muñoz, el “High-level Champion” de la COP25. El cargo consiste en integrar a actores no estatales en el proceso de la Convención. Chile es el primer país de la historia que ostenta la presidencia, en nombrar a un empresario en el cargo. Ingeniero comercial, Muñoz es dueño de Tri-ciclos, una empresa de reciclaje.
“Esto se trata de acelerar el tranco. La ambición es cuán rápidamente estamos dispuestos a resolver el problema. La ciencia y la calle nos piden que sigamos el informe del IPCC. Eso es para nosotros la ambición”, afirma.
A la alianza de carbono neutralidad también se sumaron cientos de ciudades y empresas alrededor del mundo.
Contrario a lo que puede parecer en primera instancia, la ‘carbono neutralidad’ no significa que la emisión de gases de efecto invernadero sea cero; significa que si a las emisiones se les descuenta la captura de carbono por parte de los sumideros naturales, se llega a cero. Es un “neteo” que puede incluso permitir que se sigan quemando combustibles fósiles que son “compensados” en otros lugares del mundo.
En la COP25, Ana Patricia Botín, presidenta del banco Santander, tuvo un lugar estelar en el plenario principal al mostrar los planes del banco español para convertirse en carbono neutral en los próximos años. El banco español aportó 1 millón de euros al desarrollo del evento, según un estudio de Corporate Europe, y además invirtió 6.733 millones de euros en proyectos de combustibles fósiles en 2018.
Y ahí está otra de las grandes contradicciones: un banco puede ser “carbono neutral” invirtiendo en proyectos renovables en América Latina mientras sigue financiando el petróleo en Asia.
La palabra “combustible fósil” no está en ningún lugar del Acuerdo de París. Leo Roberts, investigador del Overseas Development Institute, resume así el verdadero desafío de París:
“Hasta que los países y las partes interesadas (particularmente las empresas) se comprometan a dejar los combustibles fósiles en el suelo, las posibilidades de mantener el calentamiento global por debajo de 1.5 ° C son escasas”.
Ya en las primeras semanas del año clave para nuestro futuro, resuena la ira con la que Mohamed Adow, activista climático de Kenya, se refirió a los resultados de la COP25: “si hubo un momento en la historia en que los gobiernos la cagaron (fucked up), diría que es aquí en Madrid. Es la gente alrededor del mundo la que debe levantarse ahora y salvar el planeta”.
Justin Catanoso / Mongabay Latam
Madrid, España. Los líderes de las 20 economías más grandes del mundo coincidieron en una cosa en la 25ª Cumbre anual de las Naciones Unidas sobre el clima (COP25) en Madrid: no atenderán el llamado de los jóvenes del mundo que liderados por la activista sueca Greta Thunberg, de 16 años, protestaron implacablemente para exigir un futuro para ellos y el planeta.
En lo que los observadores han calificado como un fracaso sorprendente del proceso climático de la Naciones Unidas, los países se negaron a aumentar sus compromisos de reducción de carbono como parte del Acuerdo de París. No estuvieron de acuerdo en comprometer los miles de millones que prometieron a las naciones pobres que luchan con el aumento del calor, la sequía y los diluvios. No coincidieron en ver los derechos humanos como un deber moral —paralelamente, desplegaban maniobras para idear mercados de carbono que los enriquezcan más a ellos y a las empresas.

Medio millón de manifestantes climáticos toman las calles de Madrid mientras las delegaciones nacionales negocian dentro de la COP25. Foto: Camila Nobrega.
Y dejaron en claro que no harían prácticamente nada para frenar las emisiones que contribuyen al calentamiento de la tierra, al tiempo que bloqueaban todos los esfuerzos en la contabilidad de carbono, lo cual contribuiría a que el planeta sea aún más cálido.
Fue la COP o Conferencia de las Partes más larga de la historia, en un momento en que la naturaleza señala su ira en todos los rincones del mundo. Pero aquellos con el poder de actuar, eligieron —después de dos semanas de negociaciones infructuosas— no hacer casi nada mientras el mundo arde.
«¿Cuánto tiempo seguirán negociando?», les dijo una enojada Hilda Flavia Nakabuye, activista de 22 años de Uganda, que viajaba con Thunberg, a los ministros. «Han estado negociando por los últimos 25 años, incluso antes de que yo naciera. ¿Quieren que África muera antes de que ustedes actúen? Por favor, escuchen: si no saben cómo solucionarlo, dejen de dañarlo».
Las expectativas ya eran bajas en la COP25. Pero con Brasil, Australia, Arabia Saudita y Estados Unidos minando las negociaciones, poco salió de la conferencia, aparte de algunos aspectos técnicos para completar un resultado mixto en el libro de reglas para poner en marcha el Acuerdo de París. Este entrará en vigencia en 2020, incluso cuando Estados Unidos, el segundo mayor emisor de carbono del mundo, se convierta en la única nación en abandonar el acuerdo global.
«El Acuerdo de París puede haber sido la víctima de un golpe dirigido por un puñado de poderosas economías de carbono [basadas en combustibles fósiles]», dijo Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace Internacional, «pero están en el lado equivocado de esta lucha, el lado equivocado de la historia, y el Acuerdo de París es solo una pieza del rompecabezas. Necesitamos un cambio sistémico en el que las personas puedan confiar ”.

La activista ugandesa Hilda Flavia Nakabuye suplica con enojo a los delegados de la COP25: «Escuchen: si no saben cómo solucionarlo, dejen de dañarlo». Foto: Justin Catanoso.
La lista de iniciativas bloqueadas y fallidas es larga y desmoralizadora:
Ambición: aunque no se esperaba que los principales emisores del mundo anunciaran promesas climáticas nuevas y significativas en la COP25, había alguna esperanza de que pudieran enviar colectivamente un fuerte mensaje de intención para el próximo año. Pero no lo hicieron. Brasil y China, los más grandes contaminadores del mundo, argumentaron en contra de hacer otra cosa que no sea «revisar» las mismas promesas de reducciones hechas en París en 2015. Ni siquiera el problema de la aceleración de la deforestación mundial estuvo en la agenda, fue muy poco lo que se discutió al respecto, aunque sigue siendo una prioridad dentro del Acuerdo. Sin políticas sólidas de conservación forestal, los científicos coinciden en que está fuera del alcance no superar los 2°C.
Promesas incumplidas: los países en desarrollo han estado enojados durante mucho tiempo con los países ricos por el hecho de que estos no han cumplido con la acción climática que prometieron para el 2020. China, India y otros se negaron a apoyar un mensaje fuerte dirigido a aumentar “la ambición” [en lo concerniente a las emisiones de gases de efecto invernadero], sin que antes no haya un llamado a los países ricos para que cumplan con proporcionar la financiación y el apoyo prometidos previamente a los países en desarrollo. Estados Unidos asumió el liderazgo de los que se negaron a comprometerse con esta ayuda financiera, a pesar de que su retirada del acuerdo de París puede significar que nunca tenga siquiera que hacerlo.
Pérdidas y daños: las naciones vulnerables y la sociedad civil han pedido durante mucho tiempo nuevas fuentes de financiación en términos de compensación por “pérdidas y daños” —término usado para los efectos adversos del cambio climático que no pueden adaptarse. En 2015, se prometió un fondo de $ 100 mil millones para 2020. Poco se ha recaudado hasta ahora. Se formó un grupo de trabajo para abordar nuevamente el tema el próximo año. Las naciones vulnerables se horrorizaron con la idea de que se forme otra vez un grupo sin que existan fondos de por medio.

Señal en la COP25 que indicaba la ubicación de las oficinas de la delegación oficial de los Estados Unidos. Las presencia de los negociadores de Trump se hizo evidente cuando obstruyeron el progreso en la discusión sobre «pérdidas y daños». Foto: Justin Catanoso.
El Artículo 6: Este fue el tema de más alto perfil de la COP25, crear un mecanismo a través del cual se establezcan mercados de carbono y se proporcione un incentivo monetario para que las naciones intensifiquen su ambición de reducción de emisiones. Los críticos temían lo peor; tenían razón al hacerlo. Las compañías de combustibles fósiles presionaron a las naciones del G20, en el período previo a la COP25, para asegurarse de que sus intereses lideraran las conversaciones. Naciones como Brasil (con abundantes selvas tropicales en venta), Australia (con mucho carbón para quemar) y Arabia Saudita (con abundante petróleo, también para quemar) dejaron en claro que cualquier objetivo honesto de mitigación del cambio climático sería minimizado. Finalmente, la Unión Europea, bajo la enorme presión de los países más pequeños, evitó que el Artículo 6 se completara en Madrid —atendiendo las advertencias de que ningún acuerdo sería mejor que un acuerdo que socavara París.
El “doble conteo”: a pesar de que los informes científicos de la ONU enfatizaron la urgencia de reducir de manera drástica y rápida las emisiones para evitar los peores impactos del cambio climático después de 2030, algunas naciones buscaron salidas para evitar cumplir con ellas, mientras aún tienen la oportunidad de hacerlo —la reducción de las emisiones de carbono está en papel, mientras el cielo se sigue llenando de gases de efecto invernadero. El Acuerdo de París es claro al señalar que si un país le vende a otro “bonos de carbono” o reducciones de emisiones medidas en toneladas de CO2, las dos naciones no pueden contabilizar esa reducción dentro de sus objetivos climáticos o planes de mitigación. Eso sería considerado un “doble conteo”, hacer trampa. Pero aunque casi todos los países están de acuerdo con esto, Brasil argumentó que este llamado «ajuste correspondiente» no es necesario considerarlo por ahora. Para los críticos, las trampas no engañan a la naturaleza. Este problema, finalmente, no se resolvió y los negociadores acordaron volver a revisar el tema en la COP26 en Glasgow, Escocia, cuando tengan una tercera oportunidad para completar el Artículo 6.
Créditos de transferencia de Kyoto: es un primo cercano al doble conteo, pues permite también las mismas trampas en el conteo de emisiones. El nuevo sistema en París permitiría que los créditos de reducción de emisiones se comercialicen en un mercado abierto de carbono. Sin embargo, algunas naciones, como Australia, Brasil e India quieren que todos los certificados de reducción de emisiones (CERs) generados a partir del protocolo de Kioto puedan ser utilizados ahora en el nuevo sistema. Los críticos temen, legítimamente, que terminen inundando el mercado de créditos baratos que no representan reducciones de emisiones reales, lo que hace que todo el sistema sea un fraude. Australia planea abiertamente usar los créditos de Kyoto para reducir su compromiso de reducción de emisiones de París en casi un 50 por ciento, sin que esto signifique reducirlo realmente, porque se trata de reducciones de emisiones que ya ocurrieron. El texto de la ONU sobre créditos transferidos sigue siendo vago, dejando la puerta abierta para su aprobación, a menos que surja un liderazgo en 2020 que bloquee este movimiento.
Derechos humanos: en su preámbulo, el Acuerdo de París original deja en claro que “las partes deben, al tomar medidas para abordar el cambio climático, respetar, promover y considerar sus respectivas obligaciones con los derechos humanos, el derecho a la salud, los derechos de los pueblos indígenas…”. En uno de los mayores retrocesos que indignaron a los activistas en la COP25, Brasil, Australia y Arabia Saudita eliminaron el lenguaje de los derechos humanos del Artículo 6 en defensa de la soberanía nacional. Queda fuera del texto, pero las naciones en desarrollo y la sociedad civil han prometido una lucha frontal en la COP26 para restaurar no solo este punto en el Artículo 6, sino para conseguir un compromiso honesto con los derechos humanos en la política climática.

Este mensaje colocado en los exteriores de la sala plenaria de la COP25 parecía burlarse de todo el proceso. El momento de la acción fue hace 30 años cuando los científicos describieron el cambio climático como una amenaza para el planeta. Foto: Justin Catanoso.
Algunos asistentes veteranos de la cumbre climática vieron la COP25 como la continuación de un desempeño cínico que se arrastra desde hace un cuarto de siglo, con naciones industriales ricas que ignoran la realidad de un acelerado calentamiento global que ellas en gran medida han causado, mientras aparentan buena fe en un proceso corrupto.
Pero esto pasa por un hecho histórico muy importante: el liderazgo agresivo del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, durante sus últimos dos años en el cargo, cuando su reelección ya no estaba sobre la mesa. Obama desconcertó a los ambientalistas al promover la energía renovable y mejores estándares de economía de combustible para vehículos, al tiempo que permitió más fracking y exploración de petróleo. Aun así, muchos analistas coinciden en que ansiaba un legado ambiental y vio el camino a París como la respuesta
En la COP20 en Lima, Perú, en 2014, Obama y el Secretario de Estado de los EE. UU., John Kerry, lograron un gran avance, persuadiendo a China para que respalde un plan voluntario de reducción de emisiones globales que se firmaría en París (en la COP21 de 2015). China, un país que se resistió durante mucho tiempo a tomar esta decisión, aceptó. El resto del mundo se alineó y el Acuerdo de París se redactó en Lima.
El liderazgo de los Estados Unidos bajo Obama fue realzado en gran medida por dos figuras destacadas de la política climática internacional: el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, de Corea del Sur, y Christina Figueres, de Costa Rica, la secretaria ejecutiva del Comité Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Juntos, estos respetados líderes ejercieron la influencia necesaria para obligar a los delegados del G20 a escuchar las quejas de las naciones vulnerables en París.
Un ejemplo de su contribución: el objetivo inicial de París era evitar el aumento de la temperatura global en 2°C para el 2100, sobre una línea de base de 1900 (las temperaturas han aumentado 1 grado centígrado desde entonces). Pero las naciones del Pacífico, ubicadas casi al nivel del mar, argumentaron que esos 2 grados terminarían por borrarlas del mapa; la meta debía ser 1,5 grados o no firmarían. Impulsados por Ban y Figueres, Estados Unidos aceptó a regañadientes; China y otras naciones industrializadas también aceptaron.

El miércoles pasado, cientos de jóvenes se manifestaron frente a la sala plenaria justo antes de que llegara el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. La seguridad fue tomada por sorpresa cuando los activistas corearon consignas y tocaron tambores. Los guardias armados los sacaron del edificio después de unos 30 minutos. Foto: Justin Catanoso.
Se suponía que la COP21 y el Acuerdo de París, aunque dependían del cumplimiento voluntario y la cooperación internacional, eran el punto de partida para alcanzar reducciones significativas de emisiones; pero al final resultaron ser una valla muy alta en las negociaciones climáticas. Cualquier esperanza que generó, se desvaneció 11 meses después cuando Donald Trump fue elegido presidente de los Estados Unidos en noviembre de 2016, justo cuando la COP22 comenzaba en Marrakech, Marruecos. Los negociadores allí quedaron atónitos.
Desde el inicio, la pregunta que se repetía una y otra vez en Marrakech era: ¿Quién liderará el cumplimiento del Acuerdo de París? Mientras esta interrogante se mantenía vigente, Ban y Figueres daban por culminadas sus funciones. Los sucesores, Antonio Guterres de Portugal y Patricia Espinosa de México, no son considerados hoy tan influyentes o efectivos como sus predecesores.
La respuesta entonces sobre quién asumiría este liderazgo se reveló completamente en Madrid. No fue China, el mayor contaminador del mundo. Tampoco fue la Unión Europea, que está ocupada con el Brexit, la crisis de inmigración impulsada cada vez más por el clima y el surgimiento del nacionalismo.
Brasil, Australia y Arabia Saudita se mantuvieron al margen, no para sacar adelante el espíritu de París, sino cada uno con un fuerte interés económico enfocado en socavar el acuerdo global. En la COP25, sus delegados se mantuvieron firmes frente a la abrumadora evidencia de la ciencia, ignoraron los impactos climáticos que cada uno siente en casa y se mantuvieron sordos a las súplicas rotundas de un movimiento juvenil global liderado por Thunberg.
Envalentonados con la influencia negativa de los Estados Unidos bajo el liderazgo de Trump, estos países no mostraron interés alguno en reconocer sus acciones como una amenaza para la vida en la tierra.
A menos que el liderazgo de EE. UU. vuelva a surgir después de las elecciones presidenciales del próximo noviembre, nada de esto es un buen augurio para la COP26 en Escocia y las negociaciones finales que lanzarán el Acuerdo de París en 2020, lo que podría sellar el destino de la humanidad y el planeta.

Los asistentes a la COP25 se reúnen alrededor de un monitor de televisión para escuchar a la activista adolescente Greta Thunberg. Foto: Justin Catanoso.
*Imagen superior: ©Justin Catanoso.
ALIANZA INFORMATIVA
MONGABAY LATAM – RED PRENSA VERDE
El Informe Anual de Brecha de Emisiones del PNUMA asegura que así se implementaran todos los compromisos incondicionales actuales en virtud del Acuerdo, se espera que las temperaturas aumenten 3,2° C. Esto provocará impactos climáticos más destructivos y de mayor alcance. Significa que la ambición colectiva debe aumentar más de cinco veces sobre los niveles actuales para lograr los recortes necesarios durante la próxima década.
Cada año, el estudio evalúa la brecha entre las emisiones anticipadas en 2030 y los niveles consistentes con los objetivos de 1,5° C y 2° C del Acuerdo de París.
El informe asegura que las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado un 1,5% anual durante la última década. Las emisiones en 2018, incluidos los cambios en el uso del suelo, como la deforestación, alcanzaron un nuevo máximo que equivale a 55,3 gigatoneladas de CO2.
«Estamos avanzando hacia un calentamiento de 3 a 5 grados Celsius para fines de este siglo en lugar de 1,5 a 2, que era el objetivo de París», aseguró el director de la Organización Meteorológica Mundial, Petteri Talas, durante la presentación del informe en Ginebra (Suiza).
Esto implica que a menos que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero caigan un 7,6% cada año entre 2020 y 2030, el mundo no alcanzará el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5° C por encima de los niveles preindustriales establecido en el Acuerdo de París.

Las energías alternativas reducen las emisiones de carbono. Foto: Banco Mundial/Jutta Benzenberg
El PNUMA asegura que 2020 es un año crítico para la acción climática. En la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático en Glasgow, Escocia (COP 26), se espera determinar el curso futuro de los esfuerzos para evitar la crisis, y se espera que los países intensifiquen significativamente sus compromisos climáticos.
«Nuestro fracaso colectivo para actuar de manera temprana y dura contra el cambio climático significa que ahora debemos realizar recortes profundos a las emisiones, más del 7 por ciento cada año, si lo desglosamos de manera uniforme durante la próxima década. Esto muestra que los países simplemente no pueden esperar hasta el final de 2020, cuando vencerán nuevos compromisos climáticos, para intensificar la acción. Cada ciudad, región, empresa e individuo deben actuar ahora”, dijo Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa.
Andersen aseguró que se necesitan progresos rápidos para reducir emisiones tanto como sea posible en 2020 y luego impulsar las contribuciones determinadas a nivel nacional provocando grandes transformaciones de las economías y las sociedades.
“Necesitamos ponernos al día con los años en que postergamos. Si no hacemos esto, la meta de 1,5° C estará fuera de alcance antes de 2030«, advirtió la directiva.
Según el informe, las emisiones globales, todavía están aumentando. «Hace un par de años teníamos una pequeña esperanza de que la parte de CO2 de las emisiones se había mantenido básicamente estable durante algunos años, pero en 2017 y 2018, aún no tenemos los números de 2019, las emisiones de CO2 aumentaron en el último año en un dos por ciento, lo que en realidad está por encima del promedio de los últimos 10 años «, explica John Cristensen, quien participó en la elaboración del estudio.

Contaminación atmosférica en la ciudad de Pekín. Foto: Banco Mundial/ Wu Zhiyi

Los arrecifes de coral acogen el 25 % de la vida marina, alimentando a millones de personas. Kadir van Lohuizen/NOOR/PNUMA
Las naciones del G20 representan colectivamente el 78% de todas las emisiones, pero solo cinco miembros del G20 se han comprometido con un objetivo a largo plazo de cero emisiones.»Y la mayoría de los que se comprometieron con nuevos planes el próximo año y con cero emisiones de carbono no están en el G20; Algunos de ellos sí, pero no muchos. Y luego miramos en detalle los países del G20 este año y también tengo que decir que muchos de los planes que se han discutido realmente todavía no se han implementado”, aseguró Cristensen.
El informe asegura que, a corto plazo, los países desarrollados tienen que reducir sus emisiones más rápido que los países en desarrollo, por razones de equidad, y porque el Acuerdo establece que las naciones de bajos ingresos aún pueden aumentar las emisiones para impulsar su economía.

Emisión de gases contaminantes en la atmósfera. Foto:PNUMA
Sin embargo, todos necesitarán contribuir más a los efectos colectivos. Los países en desarrollo pueden aprender de los esfuerzos exitosos en las economías ricas, así como adoptar tecnologías más limpias de forma más rápida.
Los objetivos de París aún son posibles afirma el Programa, pero no se están implementando lo suficientemente rápido o a una escala lo suficientemente grande.
Para limitar las temperaturas, las emisiones anuales en 2030 deben ser de 15 gigatoneladas de CO2, lo que significa recortes de 7,6% anuales hasta 2030 para la meta de los 1,5°, y de 2,7% por año para la meta del 2° C.
Es decir, los niveles de ambición en las contribuciones nacionales deben aumentar al menos cinco veces para lograr la meta de 1,5° C y el triple para la de 2° C.
Cada año de retraso en aumentar la ambición más allá de 2020 conllevará la necesidad de recortes más rápidos, que se volverán cada vez más caros, poco probables y poco prácticos, advierte el PNUMA.
«Debido a la procrastinación climática que hemos tenido esencialmente durante estos 10 años, estamos buscando una reducción del 7,6% cada año. ¿Es eso posible? Absolutamente. ¿Tomará voluntad política? Sí. ¿Necesitaremos que el sector privado se apoye? Sí. Pero la ciencia nos dice que podemos hacer esto «, concluyó la directora del Programa de la ONU para el Medio Ambiente durante la presentación del informe.
Foto superior: Greenpeace
En una alocución en la Casa Blanca, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos dijo que se retirará y comenzará negociaciones para volver a entrar o conseguir un acuerdo completamente nuevo, en condiciones más favorables para su país.
Citó el estudio de NERA Consulting según el cual: “El Acuerdo Climático de París costó a la economía de los Estados Unidos cerca de 3 billones de dólares en cuanto a reducción de la producción, más de 6 millones de empleos industriales y más de 3 millones de empleos en la industria”.
En la polémica declaración, el mandatario dejó en claro que su decisión es el cumplimiento a la promesa de campaña y prometió que el país mantendrá su posición como líder mundial en energía limpia, protegiendo la economía y fortaleciendo la fuerza de trabajo.
“El Acuerdo negociado por Obama impone metas poco realistas en los Estados Unidos para reducir nuestras emisiones de carbono, mientras que otorga a países como China un pase libre por muchos años. Bajo el Acuerdo, China aumentará las emisiones hasta 2030”, dijo en su discurso.
Ante un grupo de funcionarios, congresistas y empresarios, finalizó su intervención diciendo: “Si todos los países miembros cumplieran sus obligaciones, el impacto sobre el clima sería insignificante. Se ha estimado que los impactos podrían reducir el aumento de la temperatura global en 0,2 grados Celsius en 2100”.
A pesar de esta determinación, la estructura del Acuerdo de París permite que un retiro absoluto se haga efectivo en 2020.
El Grupo de Ministros de la High Ambition Coalition (HAC) o ‘Coalición de Alta Ambición’, conformado por 35 países que apoyaron el Acuerdo de París y buscan medidas más duras contra el cambio climático, emitió una declaración firmada en primer lugar por su coordinador Mattlan Zackhras, ministro de Islas Marshall. También por los ministros de países como Argentina, Brazil, Chile, Uruguay, México, Costa Rica, Alemania, Suecia, Francia, Nueva Zelanda, Fiji, Noruega, la Unión Europea, entre otros. Colombia hace parte, por lo cual este mensaje también fue firmado por Luis Gilberto Murillo Urrutia, ministro de Ambiente de Colombia:
«Estamos profundamente decepcionados por la decisión de hoy. Nuestro compromiso con el Acuerdo de París es inquebrantable. Tenemos todas las razones para luchar por su plena implementación: nuestras familias, salud, bienestar, seguridad, economía y sustento. Como líderes responsables del clima, seguiremos avanzando decididamente hacia una Sostenible y competitiva. Veamos el Acuerdo de París y el Acuerdo de Transición por lo que es: el motor de crecimiento de nuestros empleos y economías, y la clave de nuestro prosperidad colectiva y bienestar. Para las personas de todo el mundo más vulnerables al cambio climático, el Acuerdo de París representa la mejor esperanza para la supervivencia».
Ministerio Peruano de Ambiente: “Estamos convencidos que la decisión de la comunidad de países hace que este acuerdo no dé marcha atrás. Asimismo, es importante señalar que la decisión del Gobierno de los EE.UU. no define el futuro de las operaciones del Fondo Verde para el Clima, que forma parte de la arquitectura financiera internacional para la gestión frente al cambio climático, pues existen otros aportantes a este Fondo como la Unión Europea, Japón, Reino Unido, Alemania y Suecia”.
Manuel Pulgar-Vidal, líder global de Práctica de Clima y Energía de la organización WWF aseguró que el Acuerdo de París es la respuesta colectiva del mundo para enfrentar el cambio climático.
“Una caída tan drástica en lo que se refiere a nuestros esfuerzos para reducir la contaminación por carbono no beneficia a nadie, considerando que el cambio climático nos afecta a todos. Las ciudades, los estados, las empresas y la gente en los Estados Unidos y todo el mundo apoyan la acción frente al cambio climático, y ya están contribuyendo en la creación de economías bajas en carbono, desde abajo hacia arriba”.
Carter Roberts, presidente y CEO de WWF en Estados Unidos, respondió a la justificación de Trump respecto al desempleo que genera el pacto: “El Acuerdo de París no solo une a las naciones en torno a una visión común. Está creando un plan de cooperación, estabilidad política y generación de empleos. La creciente economía de energía limpia de nuestro país emplea actualmente a más de 3.3 millones de personas en Estados Unidos; más que todos los empleos combinados de la industria de los combustibles fósiles.
Advirtió que Las empresas de Estados Unidos, incluyendo grandes tiendas como Walmart, empresas eléctricas como Pacific Gas & Electric e incluso compañías tecnológicas como Google y Apple, han apoyado con firmeza el Acuerdo de París. Compañías de petróleo, gas y carbón como Royal Dutch Shell, BP, ExxonMobil y Peabody Coal, apoyan la permanencia en el Acuerdo de París, ‘lo cual hace que el anuncio de hoy sea aún más confuso’.
“Abandonar el Acuerdo hará más difícil alcanzar un futuro más seguro y próspero, tanto para nuestro país y para el mundo. En un mundo que se ha vuelto más seguro gracias a los acuerdos entre las naciones, instamos a la administración de Trump a reconsiderar y sumarse a las empresas, alcaldes y gobernadores de Estados Unidos que apoyan el Acuerdo de París”.
Astrid Puentes, codirectora ejecutiva de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA): “Lo ocurrido tiene implicaciones enormes para la lucha contra el cambio climático en el Sur Global. Ya no podemos confiar en el gobierno de Estados Unidos para dar un ejemplo de avance climático. Ahora, más que nunca, es importante que los países de América Latina intensifiquen los esfuerzos por frenar sus emisiones de gases de efecto invernadero”.
Aunque Estados Unidos y China son los más grandes emisores de esos contaminantes, nueve por ciento del total global de las emisiones vienen de América Latina, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
“Siendo una región con una diversidad ecológica enorme, América Latina tiene la oportunidad de asumir un rol protagónico en la protección de los recursos naturales y las comunidades al forjar un futuro energético limpio y no dependiente de los combustibles fósiles. Sin Estados Unidos, América Latina necesita ahora liderar la lucha global contra el cambio climático”.
EriK Solheim, jefe de Medio Ambiente de la ONU, expresó: «La decisión de los Estados Unidos de dejar París de ninguna manera pone fin a este esfuerzo imparable. China, la India, la Unión Europea y otros ya están mostrando un liderazgo fuerte. 190 naciones están mostrando una fuerte determinación de trabajar con ellos para proteger a estas y futuras generaciones.
Hay un impulso increíble en la acción climática de los estados individuales, las ciudades, el sector privado y los ciudadanos. Una sola decisión política no descarrilará este esfuerzo sin precedentes. ONU Ambiente insta a todas las partes a redoblar sus esfuerzos. Trabajaremos con todos los que estén dispuestos a hacer la diferencia.
Reiteró: “El Acuerdo de París se basa en pruebas claras, sólida ciencia y una increíble colaboración internacional. Dejará de lado las diferencias para abordar un desafío común y monumental. La reversión de los daños a la capa de ozono demuestra que un esfuerzo global de este tipo puede tener éxito. En última instancia, esto es una inversión en nuestra propia supervivencia que nadie puede permitirse abandonar «.
Como ya se mencionó Colombia es miembro del “High Ambition Coalition” (HAC), el grupo de países que promovió la adopción del Acuerdo de París. En este sentido el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible expidió un comunicado en el que indica que «reitera más que nunca el compromiso con el tratado, que representa la esperanza de supervivencia de los países más vulnerables a los impactos del clima, incluyendo a Colombia».
“El Acuerdo de París es un cambio en el concepto de las negociaciones internacionales, este es uno de los mayores logros de los últimos años del multilateralismo, pues por primera vez en la historia se alcanzó un acuerdo universal y jurídicamente vinculante que permite unir esfuerzos para resolver los retos asociados al cambio climático, por eso lamentamos tanto esta decisión”, dijo Luis Gilberto Murillo Urrutia, ministro de Ambiente.
Para el funcionario, la salida de EE.UU del Acuerdo de Paris, siendo el segundo país que más emite Gases Efecto Invernadero, aumenta el riesgo de vulnerabilidad de nuestro territorio y dificulta avanzar en la meta global que nos hemos trazado de evitar un aumento de la temperatura del planeta por encima de 1,5°C.

Gilberto Murillo, Minambinete
En su mensaje advierte que a pesar de no ser un gran emisor de Gases Efecto Invernadero, Colombia se ha comprometido con la implementación del Acuerdo de París y ha desarrollado una serie de instrumentos y medidas como la Política Nacional de Cambio Climático, el Sistema Nacional de Cambio Climático, el impuesto al carbono, además de las estrategias de reducción de emisiones, de adaptación al cambio climático y de deforestación, lo que demuestra el gran compromiso que tiene el país frente a temas definitivos para el futuro del planeta.
“El Acuerdo de París ha dado señales contundentes e inequívocas de la transformación que nuestras economías requieren. Estamos siendo testigos de una revolución en el sector energético irreversible, que moviliza grandes inversiones a lo largo del planeta para hacer la transición hacia un desarrollo bajo en carbono, mucho más en el caso colombiano donde estamos impulsando un nuevo modelo de desarrollo sostenible basado en nuestros recursos naturales”, explicó el ministro Murillo.
En Colombia por ejemplo el cambio climático ha cobrado muchas vidas y ha transformado territorios, ha arrasado cultivos y la esperanza de muchas personas: «Tenemos por ejemplo el caso de los municipios de La Mojana inundados a causa de los embates de la ola invernal, las más recientes son las tragedias ocurridas en Mocoa y Manizales; la avalancha en Mocoa dejó 332 fallecidos y más de 7.600 familias damnificadas, en Manizales la tragedia dejó 17 muertos y más de 100 familias damnificadas».
¿Tenemos que esperar más para crear conciencia sobre el cambio climático? se preguntó Murillo, quien asegura que esta decisión por parte del gobierno estadounidense debe convertirse en una oportunidad para fortalecer las alianzas existentes y promover nuevas estrategias a nivel nacional e internacional en la lucha contra el cambio climático: “A través de la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC), se seguirá trabajando en el desarrollo de posiciones ambiciosas, que aporten al balance en las negociaciones multilaterales sobre cambio climático, considerando una visión coherente con el desarrollo sostenible y responsable con el medio ambiente.
Vea también:
https://redprensaverde.org/wwf-contra-bloqueo-a-plan-de-energia-limpia/