El mar Caribe desde el Club de Pesca, en el centro de Cartagena, Bolívar.
Imagen: Olga C Guerrero.
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El mar Caribe desde el Club de Pesca, en el centro de Cartagena, Bolívar.
Imagen: Olga C Guerrero.
La erosión costera y el aumento del nivel del mar han ido consumiendo una a una las islas del archipiélago de San Bernardo, ubicado entre Cartagena (Bolívar) y Tolú (Sucre), con ellas el hogar de pescadores y comunidades que históricamente las habitan. Muchos han tenido que movilizarse, migrar, buscar un nuevo hogar, como también las especies de avifauna marina que se refugiaban allí.
Adrián Caravallo, César Julio, Arturo Berrío y Alexander Atencio, son habitantes de las islas Múcura y Santa Cruz del Islote. Sufren a diario los efectos del cambio climático y relatan cómo es vivir en condiciones adversas, sin el acompañamiento de las instituciones gubernamentales.
Juvenal Julio Berrío ‘El Tiburón’, quien fuera el historiador de las islas falleció hace un año, pero dejó el testimonio de cómo este territorio que a su vez es parque nacional natural ha ido desvaneciéndose en el mar, sin que las autoridades intervengan o atiendan el fenómeno.
Con ellos, voces desde la ciencia y la academia, explican la forma en que esta situación impacta a las comunidades isleñas.

La antigua isla Maravilla es ahora el Bajo Maravilla, su suelo desapareció en el mar Caribe y solo queda una bandera, señal para los pescadores y navegantes. Fotografía: Olga Cecilia Guerrero R/ RPV
¿Qué está pasando en el archipiélago de San Bernardo?, ¿Por qué el país perdió a Maravilla y no se conoció en el centro del país? ¿Cómo se explica que las islas que quedan se estén fragmentando? ¿Dónde está la acción del Estado para prevenir, atender y ayudar a los habitantes de esas marginales porciones de tierra del océano Atlántico?
Las respuestas, en Climática, un podcast sobre justicia climática y movilidad humana, creado por la organización El Derecho a No Obedecer (DANO), la Corporación Otra parte con el apoyo de Hispanics in Philantropy.

Muralla artesanal rompeolas en piedra y conchas de caracol pala, construida por pescadores en la isla Panda, en el archipiélago de San Bernardo. Es la forma en que los habitamntes de las islas combaten los efectos del cambio climático, con el fin de evitar la pérdida de suelo por la erosión costera y el aumento del nivel del mar. Olga Cecilia Guerrero / Red Prensa Verde – Ocgr / RPV
Hace parte de una investigaci+on periodística y es narrado en las voces sus autores: Olga Cecilia Guerrero de Red Prensa Verde e Ignacio Galán de Shots de Ciencia con la producción de 3DVatio, en dos episodios.
Este es el primer episodio que puedes escuchar en Spotify:
Amplía la información sobre la situación del archipiélago de San Bernardo en la investigación periodística Cambio climático en el Archipiélago de San Bernardo, ganadora de la primera edición del Premio Nacional sobre Cambio Climático Angela Restrepo Moreno, en medios digitales, 2022.
Home (cambioclimaticosanbernardo.com)

#HablarDeMigraciónClimática
Fotografía superior: Habitantes de la isla Múcira construyen 'lápices' o murallas de concreto para evitar la erosión. En las zonas donde estas no se han realizado, el mar ingresa a las viviendas. Olga Cecilia Guerrero /RPV.
Olga Cecilia Guerrero / Red Prensa Verde
Ignacio Galán / Shots de Ciencia
El negocio de compraventa ilegal de lotes es hoy el principal motor de deforestación en el archipiélago de San Bernardo, en el Caribe colombiano.
Los otrora exuberantes bosques de manglar de este escenario natural, localizado entre los departamentos de Bolívar y Sucre, han sido sometidos a una tala continua y a la ocupación ilegal por nativos y foráneos.
El archipiélago está conformado por nueve islas: Múcura, Tintipán, Ceycén, Mangle, Panda, Palma, Boquerón y Cabruna. Además, por el Islote de San Bernardo o Santa Cruz del Islote, como se le conoce ahora, una isla artificial de apenas 1,57 hectáreas, construida por una antigua comunidad afrodescendiente cuya población oscila entre los 700 y mil habitantes.
El problema más grave hoy, explica la Agencia Nacional de Tierras (ANT), es la tala de mangle y relleno que realizan invasores para conformar terreno consolidado y así poder construir sus viviendas.También retiran grandes cantidades de arena de sitios conservados, para llevarlas a zonas de construcción y crear playas artificiales por encargo.
El modus operandi de los ‘loteros’ como se les conoce a los comerciantes furtivos de los baldíos, no ha cambiado desde hace 40 años, cuando durante la ‘bonanza marimbera’, a la zona llegaban traficantes y contrabandistas, quienes fueron los primeros poseedores ilegales.
La Subdirección de Administración de Tierras de la Nación de la ANT explica que la venta se da a través de “la invasión directa de los nativos del Islote o de la financiación de un tercero que los contrata, en su mayoría, mediante la modalidad de tala y compactado para posteriormente construir o simplemente vender el lote sin ningún tipo de edificación”.
Los terrenos los ofrecen a través de un contacto, visita a la zona o por el envío de fotografías en medios digitales. En las islas afirman que a lo largo de los años, muchos ocupantes se han aprovechado de los nativos para montar sus negocios turísticos.
Un lote básico para una cabaña, se consigue entre 25 y 50 millones de pesos. Si es ‘calzado’ como dicen los isleños, es decir listo para construir, tiene un costo adicional. Si es elevado, con playa artificial o más metros cuadrados, la cifra comienza a subir.

Áreas donde se ha removido el manglar en Isla Tintipán. Imagen: Ignacio Galán
Durante la pandemia por coronavirus, que comenzó en marzo de 2020, se disparó la deforestación del manglar en las islas, especialmente en Tintipán, la más grande del archipiélago. Aparecieron decenas de parches blancos en el bosque y luego nuevas cabañas, hospedajes y hoteles.
Ahora son parte de la cadena de turismo que se promociona en internet y que se traduce en cientos de visitantes anuales, a quienes ofrecen toda clase de planes: deportivos, rumba, descanso o desconexión. Promueven alojamientos desde hamacas, posadas sobre el mar y suits. Paseos nocturnos, piscinas de agua dulce o playa nudista. Los turistas comparten sus recorridos en redes sociales y dicen que es el destino de moda.
Aunque las islas están enmarcadas en un área protegida, el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo, ha sido y sigue siendo vulnerado frente a los ojos de todos.
Llama la atención el alto flujo de visitantes de distintos países y que algunos extranjeros estén al frente de negocios turísticos en los baldíos de la Nación y en pequeñas islas artificiales levantadas sobre vestigios de arrecifes coralinos. Sin embargo, detrás de esa realidad, aparece el verdadero conflicto social y ambiental. Aunque las islas están enmarcadas en un área protegida, el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo, ha sido y sigue siendo vulnerado frente a los ojos de todos.
En áreas deforestadas y playas donde se ha retirado material, se aceleran procesos de erosión e intrusión marina, donde el mar penetra, inunda y afecta irreversiblemente los litorales. El interior de las islas está conformado por pantanos de mangle, que a raíz de la tala se están dividiendo e incluso desapareciendo con los impactos del cambio climático.
Los ecosistemas más afectados son: bosques de manglar, arrecifes de coral, bosque seco, praderas de pastos marinos, lagunas costeras y litoral arenoso.

Santa Cruz del Islote, isla artificial construida por nativos sobre una plataforma coralina. Imagen: Ignacio Galán
Adicionalmente, opinan los propios pobladores, se ha desconocido el Artículo 63 de la Constitución Política Nacional, según el cual: “los bienes de uso público, los parques naturales, las tierras comunales de grupos étnicos, las tierras de resguardo, el patrimonio arqueológico de la Nación y los demás bienes que determine la ley, son inalienables, imprescriptibles e inembargables».
En décadas recientes la invasión al litoral y los bajos coralinos, es realizada a veces por interpuesta persona, por familias poderosas, personalidades, empresarios, políticos, artistas, turistas y hasta, explican nativos, funcionarios públicos. En algunos casos es difícil identificar a los dueños porque cuando las autoridades visitan el lugar, solo encuentran a los encargados de cuidar las construcciones, quienes impiden el acceso al área.

Hoteles de lujo bordean la línea de costa de Tintipán, otros más fueron construidos directamente sobre la plataforma arrecifal. Imagen: IgnacioGalán
Un ejemplo de lo que ocurre en las islas, es el caso del exmagistrado de la Corte Constitucional, Jorge Ignacio Pretelt, quien al parecer construyó y rellenó sobre una terraza coralina una casa de descanso (techo azul), en 650 metros de obra, frente a la Isla Tintipán.Cuando Noticias Uno hizo la denuncia en 2016, era conocida como Las Gaviotas. Recientemente fue reformada como hotel-isla 5 estrellas, La Gaviota, con playa elevada, piscina dentro del mar, ocho habitaciones y una capacidad para 25 personas.
Miguel Samper, ex director de la Agencia Nacional de Tierras le dijo a El Espectador en 2018 que el exmagistrado Pretelt estaba siendo investigado por ocupar sin autorización dicha propiedad de la Nación. El hotel no ha dejado de funcionar.

Isla Tintipán es la más grande del archipiélago de San Bernardo y la más afectadas por la tala de manglar. Imagen: Ignacio Galán.
El archipiélago depende administrativamente del Distrito de Cartagena y desde hace tres años no designa un inspector de Policía presencial, el que está nombrado despacha desde la ciudad, debido a que fue amenazado.
Un funcionario de Parques Nacionales, ―quien pidió omitir su nombre― comentó a Red Prensa Verde y Shots de Ciencia, que la tala de mangle es el principal problema del parque. Como no tienen facultad policiva, cuando se presenta un caso se reporta a las instituciones correspondientes. “Lo que pasa es que el territorio es muy grande y a veces cuando volvemos a pasar por una zona ya hay sitios impactados. Después de que se le haga el debido proceso hay que emprender proyectos de restauración para mitigar y corregir ese problema”.
En efecto, el área protegida tiene 120 mil hectáreas marinas y en el sector de San Bernardo patrullan cuatro guardaparques en turnos quincenales. Ellos habitan una cabaña como sede, preparan su comida, atienden diferentes tareas a diario, entre estas desplazarse a las ocho islas. Son la única representación del gobierno las 24 horas.
Vigilar el parque es complejo. A mediados de este año dicha sede de Parques Nacionales, ubicada en Isla Múcura, fue atacada después de un operativo de la Armada Nacional y otras autoridades, en el que fue atrapado un nativo mientras ocasionaba daños al ambiente en la Isla Tintipán.
Como represalia, un grupo de personas desembarcó en la sede de Parques y realizó una especie de asonada. Rompieron la casa e intentaron quemarla pese a que allí se encontraba un funcionario.
El infractor, quien había sido trasladado a Cartagena, quedó libre a los tres días luego de que hoteleros de la mencionada isla ayudaran en su defensa. No es la primera vez que ocurre una situación como esta. Hace un año y medio la cabaña también fue atacada.

Reparaciones en la cabaña de Parques después de los daños ocasionados por miembros de la comunidad.
A raíz de esta situación, habitantes de la zona insular se pronuncian en contra de las ocupaciones ilegales. Argumentan que el archipiélago sin autoridades presentes es proclive a toda clase de delitos.
Por tanto, reclaman a las entidades de control, al alcalde de Cartagena William Daw, a la ministra de Ambiente Susana Muhamad y al mismo presidente Gustavo Petro, ―quien visitó las islas durante su campaña― apersonarse, tomar acciones y resolver las problemáticas de seguridad y orden.
A cargo del cuidado del archipiélago, por ley y por fallo del Consejo de Estado, existe una confluencia de funciones en diferentes entidades: Ministerio de Ambiente, Agencia Nacional de Tierras, Cardique, Distrito de Cartagena, Carsucre, Parques Nacionales y Dirección General Marítima (Dimar).
Esta última tiene como tarea específica regular, autorizar y controlar las concesiones y permisos en las aguas, terrenos de bajamar, playas y demás bienes de uso público, como controlar la construcción y el uso de islas artificiales. Adicionalmente, adelantar y fallar las investigaciones y sancionar por contaminación, construcciones indebidas o no autorizadas en los bienes de uso público y terrenos de su jurisdicción.
Dicha entidad, Cardique y Parques Nacionales no atendieron a las repetidas solicitudes de información sobre las problemáticas que afronta el archipiélago y su gestión para resolverlas.
Al abordar a algunos habitantes sobre los procesos de deforestación, manifestaron que fue un error talar los manglares porque las islas se han desestabilizado irremediablemente. Aunque accedieron a dar sus declaraciones, los entrevistados requirieron no publicar su nombre.“Le pedimos a las autoridades que actúen con decisión y eficiencia porque si siguen a este ritmo, cuando vayan a actuar ya no habrá nada que proteger. Este año terminarán de vender los lotes que quedan. Sabemos que hemos hecho un uso inadecuado, pero hacen falta acciones puntuales del Distrito de Cartagena. La misma parte institucional no lo permite. Son muchas entidades a cargo y todas se tiran la pelota, al final nadie responde”.
Consideran que Tintipán cada día se deteriora más y a medida que pasa el tiempo se hace menos factible arreglar los daños: “Las islas han ido degradándose. Han tenido una involución por falta de políticas, de empoderamiento comunitario. El Estado nunca las reconoció como valores ecosistémicos desde el punto de vista integral donde las comunidades son sujeto de derechos”.
Otro más piensa que faltan políticas articuladas desde y hacia la comunidad, porque existe un vacío y además una falta de organización y conocimiento interno sobre estos temas: “Hay choque y un proceso muy grande por parte de foráneos que esclavizan. Se han venido apoderando de los territorios y han deteriorado más de lo que estaba el ecosistema manglar y las playas. Los controles se deben extender a Sucre donde hay un fuerte nexo de comercio y turismo”.
“Las islas han ido degradándose. Han tenido una involución por falta de políticas, de empoderamiento comunitario”
Sobre el trabajo gubernamental, indican: “Están ahí y no hay acciones reales, que serían demoler y devolver esos predios como terrenos colectivos. Ha sido negligencia del Estado, no ha habido procesos, lo único que puede blindar lo que queda es la titulación colectiva, políticas ambientales concretas y la educación para que todos hablen el mismo lenguaje”.
Mientras las autoridades toman el control de los bosques, la comunidad y algunos hoteleros crearon un vivero con especies de mangle rojo y blanco, en Isla Múcura. Con ayuda de guardaparques, los niños del colegio recogen semillas, apoyan en el cuidado de las plántulas y realizan siembras periódicas en las áreas afectadas. Aclaran, que se necesitan fuertes inversiones y sostenidos procesos de restauración en todas las islas.
Esos brotes sembrados por los niños isleños son la esperanza de que un día, cuando sean adultos, eso de ‘la compraventa de lotes en el manglar’ sea una más de tantas historias que se cuentan en las noches de luna en las islas de San Bernardo.

Retoños de mangle rojo.

Isla Mangle. Imagen: IgnacioGalán

Isla Múcura. Imagen: Ignacio Galán
Isla Múcura: A la fecha registra 38 ocupaciones ilegales entre estas, viviendas, hoteles comunitarios, un hostal y tres hoteles de lujo. Estos últimos privatizaron las playas y no permiten el tránsito de personas distintas a sus huéspedes en sus zonas cercadas. Un constructor rompió la playa de El Cholo para abrir un canal y entrar sus botes.
La isla tiene la única playa pública del archipiélago. Su antiguo bosque fue quemado hace más de 100 años y convertido en toneladas de carbón, que se vendió en Cartagena y Montería. Luego el área fue utilizada para realizar una siembra intensiva de coco, que a esta fecha ya desapareció.

Isla Ceyzén. Imagen Ignacio Galán

Isla Panda. Imagen Ignacio Galán
Isla Panda: deforestada y fragmentada por la erosión marina y el incremento del nivel del mar, está destinada a desaparecer. El tramo más grande está ocupado con una vivienda desde hace mucho tiempo. La otra fracción más pequeña está inundada y en avanzado deterioro, es frecuentada por pescadores que tiene allí dos alojamientos de madera y plástico. Tanto Panda, como Mangle y Cabruna, fueron utilizadas como polígono y centro de operaciones militares por parte de la Armada Nacional y el programa Unitas en 1963. Los disparos de cañón generaron daños en el ecosistema terrestre insular.

Isla Palma: excluida del Parque Nacional, registra diferentes ocupantes ilegales. Hace varias décadas funcionarios de la Universidad Nacional pensaron en crear un instituto de Investigación marina, pero la isla fue vendida por su ocupante a un narcotraficante, quien la llamó ‘La isla de la Maravilla’ y construyó un zoológico y acuario con especies exóticas como leones, flamencos y otros más. Años después en otra parte de la isla funcionó el desaparecido hotel Decameron. Después de esta firma la isla ha pasado por varios dueños y ahora presenta diferentes instalaciones hoteleras.
Isla Boquerón: Ha sido tomada por hoteleros, procesos que lleva actualmente la ANT. Es la isla más próxima al continente, se ubica frente a San Onofre y cerca de Tolú, Sucre, por lo que registra un alto flujo de visitantes.


La Agencia Nacional de Tierras (ANT) heredó del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder), el seguimiento y control a los predios baldíos reservados de la Nación, en los archipiélagos de Corales del Rosario y San Bernardo, zona insular de Cartagena.Para asumir esta labor, creó en 2015 el Grupo de islas, islotes y cayos de la Nación dependiente de la Subdirección Tierras de la Nación que, desde el 2018 hasta agosto de este año, ha realizado 392 inspecciones para evaluar el estado de los predios y detectar invasiones.
Lo hace en cumplimiento al fallo del Consejo de Estado que amparó el derecho a un ambiente sano a las comunidades de Santa Cruz del Islote e Isla Múcura, ─dado el deterioro y ocupación ilegal de las islas─ según la Acción Popular instaurada en 2003 por el ciudadano Reynaldo Muñoz.
Pese a esto el deterioro de las islas continúa. La entidad no tiene competencia sancionatoria y cada vez que evidencia la posible comisión de una infracción ambiental o urbanística en sus inspecciones oculares, debe remitir las quejas o denuncias a las demás entidades también obligadas por el fallo a conservar las islas: Parques Nacionales, Dirección General Marítima (Dimar), Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique (Cardique), Distrito de Cartagena y Corporación Autónoma Regional del Sucre (Carsucre).
Después de siete años de haber recibido la misión, la entidad reporta cinco reuniones con las mencionadas entidades, cuatro en 2021 y una en 2022. También afirma que la mayor causa del incremento en la ocupación irregular en las islas es la falta de articulación interinstitucional.

Hotel en Isla Múcura. Imagen: Ignacio Galán
A través de la Subdirección de Administración de Tierras de la Nación (SATN), se realizan visitas técnicas con ‘factor sorpresa’ a los baldíos reservados de la Nación. El fin es evidenciar las actividades desarrolladas en los predios por los ocupantes y verificar si se ajustan a la normatividad.

Para el cumplimiento de esta orden judicial, la Agencia estructuró un nuevo reglamento que se ajustara a la realidad de la situación socio jurídica de las islas, es el Acuerdo 106 de 2019 alineado con el Modelo de Desarrollo Sostenible (MOS) del Plan de Manejo del Área Marina Protegida. Este permite a los arrendatarios realizar obras, proyectos o actividades con permiso o licencia ambiental. También estableció el pago en especie como un incentivo o compensación a los cánones de arriendo hasta por el 75% mensual, frente a obras de protección costera y proyectos ambientales que se realicen los poseedores en los predios baldíos reservados.
Son 126 los terrenos invadidos en las islas de Panda, Ceycén, Palma, Múcura y Tintipán. 14 ocupantes manifestaron querer regularizar la situación o hacer entrega voluntaria de los terrenos.
Se ha evidenciado que la mayor parte de los predios baldíos reservados de la Nación, ubicados en las archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y San Bernardo, tienen un área de ocupación de aproximadamente 2.000 metros cuadrados, según los planos y georreferenciación, del lnstituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC).
Según el proceso de caracterización en el archipiélago, los datos son: uno en Isla Panda, 9 en Ceycén, 3 en Palma, 38 en Múcura y 75 en Tintipán.Es importante aclarar que todos los predios ubicados en las islas, islotes y cayos de los mares de la Nación, sobre los cuales no haya una regularización a través de contrato de arrendamiento, comodato o uso, en derecho están indebidamente ocupados.
Este es el listado de los predios ocupados según la caracterización realizada por el Grupo de islas, islotes y cayos de la Subdirección de Tierras de la Nación de la ANT.
Han manifestado la intención de regularizar su ocupación varios de los ocupantes (14 con 18 terrenos) que en su momento suscribieron contrato con el extinto Incoder o que están ocupando los predios, pero nunca han suscrito contrato, de manera verbal o escrita.
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Si bien es una pregunta relativa a un criterio, objetivamente puede afirmarse que las causas son múltiples. La falta de articulación de las entidades que concurren en competencias en el ASB se considera como la mayor causa del incremento en la ocupación irregular en las islas.
Según información que reposa en la entidad, ningún predio baldío ubicado en el archipiélago de San Bernardo, tiene contrato de arrendamiento vigente, hasta tanto se lleven a cabo los levantamientos topográficos que excluyan del perímetro las zonas de uso público o bajamar, para poder entregar el uso y aprovechamiento de administración.




Evidencias de deforestación y ocupación ilegal de baldíos. Crédito: Subdirección de Tierras de la Nación.
No existe reglamentación específica para lograr la titulación de comunidades negras en las áreas inadjudicables, siendo estos bienes de la Nación. Pese al ‘título atípico’ que otorgó Incoder (Resolución 3393 de 2014) al Consejo Comunitario de Islas del Rosario Orika, de un baldío de 400 hectáreas para 319 familias, afirmando que la comunidad las ha ocupado ancestralmente.El Consejo Comunitario del lslote presentó petición de titulación colectiva, al lncoder, de un folio, debe volverlo a presentar porque así no reúne los requisitos.
La falta de articulación de las entidades que concurren en competencias en el archipiélago se considera como la mayor causa del incremento en la ocupación irregular en las islas.
Las acciones que se han tomado por iniciativa de la ANT, frente a la Isla de Tintipán, han sido cuatro encuentros en 2021 y uno en 2022, con el Parque Nacional, el Centro de lnvestigaciones Oceanográficas e Hidrográficas (CIOH), La DIMAR, Cardique y ANT: el 11 de mayo, 15 de septiembre, 30 de septiembre, 16 de noviembre de 2021 y 25 de enero de 2022.La entidad realizó visitas de inspección ocular a los 79 predios ubicados en Tintipán e hizo requerimientos al CIOH del envío de estudios que se han desarrollado en la Isla Tintipán, sin obtener respuesta hasta la fecha. También entregamos informes con 24 quejas y evidencias de zonas taladas, compactadas y rellenadas en el archipiélago de San Bernardo, al Parque Nacional Natural y a Cardique.
Las propuestas de trabajo para el territorio por parte del Gobierno Nacional serán incorporadas en el Plan Nacional de Desarrollo.
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Privados se han apoderado de los baldíos de la Nación en el archipiélago de San Bernardo.
Este informe especial fue financiado con recursos de la beca otorgada por la Fundación para el Desarrollo Sostenible (FCDS) como proyecto de la iniciativa Unidos por los Bosques, con el apoyo de la Embajada de Noruega.
ocg@redprensabverde.org
Bogotá, octubre de 2022
Este Informe especial está publicado bajo licencia Creative Commons, puede ser reproducido total o parcialmente siempre y cuando se cite la fuente, sus autores y se anexe el enlace.
Olga Cecilia Guerrero / Red Prensa Verde
Ignacio Galán / Shots de Ciencia

Alexander Atencio Gaspar llegó hace 18 años a Santa Cruz del Islote para ser profesor de la escuela. Su nueva vida laboral le causó un fuerte choque. Venía de la ciudad y debía acostumbrarse a vivir en una hectárea de suelo en medio del mar. A pesar del intenso calor, no había luz, ni agua potable.
En medio de su rutina como docente, supo que había carencias más allá de la educación, tantas que terminó involucrándose en la vida isleña, viviendo sus problemáticas y, con los años, convirtiéndose en líder comunitario.
En este camino encontró que los asuntos ambientales eran de los más complejos del islote. Iban desde el manejo de la pesca, los residuos y el uso de las especies forestales en las islas. Pero había uno de gran magnitud: el impacto que el cambio climático estaba teniendo en ese pequeño territorio.
“Santa Cruz está peligrando hace muchos años debido a fenómenos antrópicos como es el ascenso del nivel del mar. Anteriormente la marea subía en noviembre, pero me acaba de decir un nativo que, ayer, la marea se alzó inmensamente y solo estamos en mayo. El problema grave es ese, la subida de la marea y la erosión costera. Hay deterioro y desaparición de las islas”
Esos cambios en la marea se están intensificando. Antes era de 10 centímetros y ahora son de 20. Las temporadas de calor se daban en un periodo, ahora son en otro. Cuenta también que el mar se mete al islote, entra a las habitaciones y a sus angostas calles. A la vez hay mucha sequía. Allí la mayoría de las casas tienen un muro de contención porque la misma marea, con su impacto, se las lleva.
«Un dato que pocos manejan: 1.57 hectáreas, es el tamaño de esta isla. Tenemos aproximadamente 700 personas viviendo en temporadas bajas. En temporadas altas fluctúan alrededor de 900-1000 personas. Cuando hablo de fluctuación, son las personas que están por fuera: estudiando, que vienen acá a festejar, a compartir con sus familiares. Retomando nuevamente el tema del enfoque ambiental, es así como en el quehacer y el sentir de formar el grupo ecológico es buscar alianzas con las instituciones que realmente tienen una competencia, más no la están cumpliendo.
¿Por qué digo esto? Aquí hay alrededor de cinco o seis, si no es más, dependencias estatales que tienen una responsabilidad misional y las menciono: Agencia Nacional de Tierras, Alcaldía de Cartagena, Parques Nacionales, Cardique, Armada Nacional, Corporación de Turismo, Dirección Marítima, la comunidad como tal porque también es un estamento social, los hoteles y los asociados en pequeñas microempresas o en pequeños negocios de emprendimiento. Estamos hablando de un sinnúmero de entidades que, si por lo menos fueran inteligentes, se reunirían en una mesa de diálogo donde cada objetivo de ellos apuntara a un objetivo común ¿cuál es? el cuidado y protección de las islas de San Bernardo«.

Alexander Atencio, profesor y líder de Santa Cruz del Islote
El otro efecto visible en Santa Cruz del Islote, es la erosión costera, en la que el permanente golpeteo de las olas, vientos y mareas va causando pérdida de suelo. Al ser una isla artificial, el mar entra en contacto directamente con las viviendas.
Su nombre original es Islote de San Bernardo, pero tomó el de la advocación religiosa del lugar, la ‘Santa Cruz de Mayo’. La isla fue construida sobre un cayo que era utilizado por pescadores. Poco a poco lo fueron rellenando con rocas sacadas del mar o ´rocas muertas´ como las llaman los nativos, para construir las primeras casas. Los isleños dicen que le han robado territorio al mar para cementar el poblado, por lo cual es considerada isla artificial.
Juvenal Julio, de 75 años y líder de la comunidad del Islote cuenta que la erosión y el aumento del nivel del mar los ha afectado, pero ellos no se dejan. Si no hubiesen hecho las obras para sostener la isla, ya no estaría en pie. Se refiere a las barreras rompeolas, llamadas coloquialmente ‘lápices de material’, que se elaboran en cemento y varilla.
“Uno los hace con moldes y, cuando ya están, los va lanzando al mar y ahí se va piloteando y se van construyendo los cuadritos. Aquí en esta casa no se ha metido el mar, pero las que están más bajas, como la de al lado, se entra a los cuartos y a la sala. Le hemos ido robando el terreno al mar… De todas maneras, estamos sobre la roca de Dios y él nos mantiene bien”, agrega Juan Guillermo Perry Escobar, nativo de 66 años.
Guillermo, es el responsable de uno de los dos acuarios del poblado donde exhiben tiburones, pargos, meros y otros peces, para generar ingresos por turismo. En ese avance para ganar terreno marino construyó varias albercas y elevó su casa donde se siente protegido:
“Nosotros nacimos aquí, somos afrodescendientes, el mar me llegaba a la rodilla, había tempestades y mal tiempo y el gobierno no venía. No había luz, solo un trapito y ACPM. Nacimos aquí y así nos gustó, luego las cosas fueron cambiando. Esto era puro mar, donde estamos ubicados, por ahí 30 metros de fondo y 40 de ancho, esto lo hice yo en 30 años porque no teníamos donde vivir, hoy en día estamos aquí. Hay que tenerlo en mantenimiento, uno tiene que meterle dinero, si no, se cae”.

Peces en el acuario de Santa Cruz del Islote. Foto: Ignacio Galán
A Santa Cruz del Islote se le conoce como la isla más densamente poblada del mundo porque allí habitan entre 700 y 1000 personas, en solo 1,57 hectáreas, según la temporada. De la actividad pesquera, la población ha ido migrando al turismo, debido al agotamiento de los recursos, a los efectos climáticos y a la falta de coordinación de las instituciones, como lo expresa el profesor Alexander Atencio:
“Es un problema complicado y es una falta de política a nivel central y local porque, tengo entendido, que hace 10 años Cartagena hizo uno de los documentos más importantes que se han hecho sobre cambio climático. Si no recuerdo mal, es el 4C”.
Se trata de los estudios del llamado Plan Cartagena, Competitiva y Compatible con el Clima 4C, financiados por el Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID por sus siglas en inglés) y la Dirección General de Cooperación Internacional (DGIS) de los Países Bajos. A partir de estos convenios, se produjeron diferentes documentos que analizaban la situación del Distrito de Cartagena, catalogada como una de las ciudades que más sufrirá las consecuencias del cambio climático en el mundo. Y aunque Santa Cruz del Islote hace parte del área protegida desde Parques Nacionales, depende administrativamente de esta ciudad, así como todo el archipiélago de San Bernardo, conformado por nueve islas.
Uno de los documentos del 4C es Lineamientos de adaptación al cambio climático del área insular del Distrito de Cartagena de Indias, realizado en 2014. En su análisis de vulnerabilidad socioeconómica, plantea un escenario en el que califica al islote con el mayor impacto del archipiélago, con un 62,2%.
“Se presenta para toda el área afectada una vulnerabilidad social y económica muy alta; lo que permite categorizar al islote como un área en donde se conjuga una alta sensibilidad, alta afectación, que lleva a que esta área pueda tener un impacto considerable por el aumento del nivel del mar, especialmente en las viviendas y la población asentada más cerca al mar”.
También advierte que, según modelos y un escenario pesimista, al año 2040, el 75% del área del islote estaría inundado, por lo cual a esa fecha las condiciones no serán óptimas para que sea habitado. Y anuncia que allí se verá vulnerada más de la mitad de la población, equivalente a 125 hogares, conformados por 621 personas en 102 viviendas
Una situación que desde hace muchos años preocupa a un científico que habita el archipiélago, el profesor Fabio Flórez, quien ha estudiado el territorio por más de cuatro décadas y, cada vez que puede, lanza un grito de auxilio para que desde el centro miren hacia la zona insular.
«¡Terrible! Para mí la isla de mayor peligro es: la comunidad de Santa Cruz del Islote. Increíble. Una comunidad con origen de ─más o menos─ 350 años de vida. Actualmente sometida al cambio climático, a una afectación total sobre la comunidad, con el aumento del nivel del mar ─que invade sus pequeñas casas, sus pequeños sitios de habitación─. Una comunidad totalmente anfibia, que yo considero lo más desarrollado en pesca artesanal marina de Colombia, está en Santa Cruz del Islote. Artesanos empíricos, poniendo en práctica diferentes clases de faena de pesca ─algunas un poco contradictorias─ en la explotación del recurso acuático marino«.

Fuente: Plan 4C – Cartagena de Indias Competitiva y Compatible con el Clima.
Ocho años después de la publicación del estudio ¿qué ha pasado con el Plan C4? Responde el docente Atencio:
«Tengo entendido que hace alrededor de 10 años Cartagena hizo uno de los documentos más grandes que tuvo sobre cambio climático. Si no me equivoco se llamaba C4. Entonces no sé para qué hicieron ese estudio… para ponerle unas murallas a Cartagena, pero la zona insular, que realmente es al que está pasando los embates, la que está sufriendo con este cambio climático, en diferentes temas económicos, sociales, culturales, ¿que está pasando con esta comunidad? ¿Dónde están los impactos económicos, sociales y ambientales que arrojó esa investigación en donde se gastó una gran cantidad de dinero?.
Me parece que son cosas sin sentido, son cosas que creería que el mismo Ministerio de Medio Ambiente debe apropiarse. Ahora, a través del resorte que hicieron con el tema de áreas marinas protegidas, que cogieron 568.000 hectáreas y las convirtieron en área protegida, con 19 comunidades. Dentro de ese proceso de consulta en el cual fui partícipe como representante legal y como consultor sobre esos temas en esta zona, se llegaron a unos preacuerdos, pero los acuerdos han quedado ahí. Hace 3-4 años hicimos un componente del capítulo étnico donde se incorporó el tema de idiosincrasia insular dentro de la política del plan de manejo de área marina protegida, y eso ha quedado ahí.
Pienso que hay mucha negligencia, mucha incompetencia por parte del ente estatal. Hay que sacarles el verdadero sentir a estos procesos, como lo hacen los países extranjeros que cuando cogen un tema ambiental lo empiezan y lo terminan. Buscan los recursos a nivel nacional e internacional para poder mitigar esos acuerdos que se hacen. No le veo sentido a gastarse tres mil, dos mil, mil millones de pesos en un proceso de pre consulta, para que quede 10 años, 15 años, que cualquier gobierno venga y lo implante… En 10, 15 años que quiera ocurrir, las islas desaparecieron«.

Pescadores de Santa Cruz del Islote. Foto: Ignacio Galán
Red Prensa Verde y Shots de Ciencia consultaron al Establecimiento Público Ambiental de Cartagena (EPA) sobre los avances de los planes de atención proyectados para esta zona insular dentro de la emergencia climática. Sin embargo, el EPA respondió que el Plan 4C ya no está vigente. La administración lo está actualizando y ahora se denomina Plan Integral de Gestión de Cambio Climático proyectado en cinco fases, de las cuales se encuentra en la primera, de alistamiento. Dicho proyecto no cuenta con información que involucre a la zona insular.
Ante esto, Atencio muestra su desilusión y hace un listado de instituciones que tienen competencia y responsabilidad misional en el archipiélago, pero que no la están cumpliendo.
«Siempre hemos estado marginados, aquí no se ha logrado nada sin lucha jurídica, nada. Aquí desde el 2015 tengo instaurada una acción popular en el Contencioso de Cundinamarca. Bajo el principio de un plan de evacuación, necesidades básicas insatisfechas y unos acuerdos de Parques Nacionales a través de la consulta del Plan de Manejo, ya la consulta se hizo. Fue un escenario que se logró gracias a Dios. Estamos esperando a que las acciones se hagan.
Todo ha sido a través de luchas. No solo de nosotros como líderes sino de personas que han estado interesados: abogados, antropólogos, sociólogos… que ven en estas comunidades un futuro cultural, ambiental y social, o sea, un patrimonio. Como pueblo negro, como pueblo étnico, fuimos amparados por la norma de 2011, tenemos unas prioridades y unas condiciones como minoría étnica que nos protege y nos salvaguarda frente al resto de la población colombiana.
Gestión del Riesgo está demandado dentro de las necesidades básicas insatisfechas en el 2015. Hizo unos estudios previos de pequeñas cosas, para salir del paso, pero eso vienen cada seis meses cuando se inunda o cuando ocurre un mar de leva que impacta a la comunidad, de resto no viene».
Afirma también que la comunidad, pese a que convive a diario con los desajustes climáticos, no está tan informada sobre el tema:
“Si partimos a la comunidad en tres escenarios, adultos y jóvenes y niños; los dos primeros no han dimensionado la preocupación sobre el cambio climático tal vez por desconocimiento,. Como no ha venido nadie a hacer un estudio específico, nadie los ha educado. Los niños sí tienen idea y enfoque porque desde la escuela se les viene enseñando”.
Menciona que hay un tema que también es preocupante frente a la emergencia climática: el turismo desbordado. Está haciendo que el problema incremente, dada la alta generación de residuos sólidos e impactos a la flora y fauna. Reclama un plan para equilibrar la capacidad de carga del islote.
Un asunto que, indica, no se ha cumplido por parte de Parques Nacionales y que se trabajó cuando se realizaron los procesos de consulta previa para la creación de una gran Area Marina Protegida en Cartagena.
Otro aspecto en el que insiste Atencio, es cómo la comunidad ha abogado en los últimos años por tener un plan de evacuación ante una eventualidad, que a la fecha tampoco está proyectado.
Después de 18 años en la isla, el profesor Atencio ahora es director de la Institución Educativa Santa Cruz del Islote en la que estudian 225 niños en primaria y secundaria, y en la que trabajan 12 docentes, en cinco salones y dos jornadas. Además, dicta la materia de ecoturismo en bachillerato desde el enfoque, ambiental, social y cultural.
En este tiempo, el docente, quien ha destinado su tiempo libre a defender los derechos de la isla y de sus habitantes, se graduó también como dirigente local.
Su amor por ese territorio lo expresa diciendo que, a pesar de todos los conflictos socioambientales, la isla es un orgullo para la nación, porque tiene una cultura cimentada en una idiosincrasia y cosmovisión de hace más de 200 años.
Para él, el concepto ‘de la isla más densamente poblada del mundo’ va más allá del mismo poblamiento y de la necesidad de adaptación y de la resiliencia en las condiciones climáticas:
“Santa Cruz del Islote es un ejemplo de cómo será el mundo a futuro. La gente aquí sabe vivir en pequeños espacios geográficos. Sabe canalizar y dar importancia al agua. Y tiene la capacidad de lograr una cohesión social al convivir entre 700 y mil personas en 1,57 hectáreas. En esta isla artificial, el día a día es interactuar con la gente, vivir la necesidad de la gente y esconderse en la problemática de la gente. Es lo que el mundo vivirá dentro de pocos años”.

Viviendas de Santa Cruz del Islote. Foto. Ignacio Galán

Este informe especial fue producido en una alianza periodística de Red Prensa Verde y Shots deCiencia, como parte del proyecto Narrativas Climáticas del Periodismo Regional bajo el patrocinio de la Fundación Heinrich Böll Colombia, CENSAT Agua Viva y Ministerio de Medio Ambiente Alemán.
Periodista ambiental /Red Prensa Verde
Investigación y redacción
Periodista científico / Shots de Ciencia
Edición, fotografía, audio y video
shotsdeciencia@gmail.com
Bogotá, Colombia, septiembre de 2022
Este material está publicado bajo licencia Creative Commons, puede ser reproducido total o parcialmente siempre y cuando se cite la fuente, sus autores y se anexe el enlace.
Olga Cecilia Guerrero / Red Prensa Verde
Ignacio Galán / Shots de Ciencia

Saltar a medianoche de la cama para rescatar los objetos que se está llevando el mar. Verificar que la familia se encuentre bien y completa. Retirar, a la mañana siguiente, rocas, palos, conchas de caracol y basuras que quedan esparcidas por la casa.
La marea no tiene horario. A veces entra a las 9 de la noche, pero puede ser a las 11 o a las 2 de la mañana. Se hace más intensa en luna llena y entonces pasa sin permiso por la cocina, atraviesa la pequeña sala y, como si nada, va directo a la habitación. Mario Moreno Zúñiga vive este escenario y, a pesar de la frecuencia con que ocurre, no se acostumbra. Dice que ama el mar, depende de él, pero también respeta su fuerza y a veces le teme.

Mario Moreno, afectado por los mares de Levaen Puerto Caracol, Isla Múcura.
Él es pescador, tiene 46 años, vive con su esposa, sus dos hijas pequeñas y un cuñado, en una vivienda de madera que él mismo construyó. Está ubicada en el poblado de Puerto Caracol, en Isla Múcura, que hace parte del Archipiélago de San Bernardo, en la jurisdicción de Cartagena, Bolívar.
Se refiere a los mares de leva que con el tiempo han intensificado su fuerza y frecuencia. El mar de leva es una ola amplia cargada de mucha energía que destruye las líneas de costa. En la zona se presenta un aumento anual y según definición del biólogo y profesor Fabio Flórez, vecino de esta comunidad, “son pequeños tsunamis”.
«Muchas veces se ha metido hasta en el cuarto. Muchas veces en el cuarto, en la sala. Me ha tocado pararme a media noche a buscar sacar agua porque se ha metido. Estamos buscando construir más para que no se nos lleve la casita. Anoche hubo una marea muy llena. Yo había echado unos palos ahí, pero que va, esa marea todo eso se lo llevó. Estaba grande, grande la marea. Allá hasta donde está Arturo, todo eso lo llenó, todo, todo. Aquí también se metió la marea«.
Aunque quisiera evitar la situación levantando una barrera de cemento para elevar la casa ─como la mayoría de los habitantes lo han hecho─ Mario dice que no puede. La autoridad ambiental lo prohíbe y, si lo hace, es posible que le desbaraten la obra. Él tendría que dejar su casa, o tal vez, hacer un reforzamiento muy costoso.
«Uno vive del mar. Yo he vivido toda la vida aquí, toda la vida. No me puede echar nadie cuentos del mar, porque yo he vivido desde pelado en el mar. El mar es el que le da el sostén de todos los días. Pero anoche hizo como la mamá o el papá de las mareas: como a las 9 o 10, 11 de la noche. El así como a uno le da, también le quita a uno. ¿Por qué? Porque a veces viene una ola y unos vientos que tiene uno que buscar auxilio porque se meten vientos de 4 y 5 días, muchos días».
Mario, como todos en el Puerto, explica que detrás de esa intromisión que siempre lo desvela están dos de las consecuencias del cambio climático: el aumento del nivel del mar y la erosión costera. Eso lo tiene claro porque ha visto las transformaciones en el territorio. Lo mismo que Arturo, José del Carmen y los demás habitantes del caserío que sufren y también se trasnochan por la misma causa.
Al indagar sobre la situación con un funcionario de Parques Nacionales, este comentó a Red Prensa Verde y Shot de Ciencia que esta es un área protegida con unas condiciones naturales especiales, donde su labor como entidad es ejercer la autoridad ambiental para prevenir, mitigar y controlar los impactos ambientales.
Aclaró que a la comunidad se le procura ayuda en sus procesos y proyectos económicos y sociales, siempre y cuando no signifique la alteración del ecosistema.
“La erosión costera nos representa una amenaza tanto para las comunidades asentadas como para las islas. Pero esto tiene que coincidir con lo que está estipulado por Resolución 1426 de 1996 y es por eso es que tratamos de hacer que no crezcan las construcciones de manera ilegal”.
Una de las construcciones con mayor vulnerabilidad, según los líderes, es la escuela de preescolar, donde estudian 30 niños de Múcura y Santa Cruz del Islote. La historia cuenta que, a Juan Manuel Moreno, uno de los primeros habitantes y fundadores de Puerto Caracol, se le veía trabajar con frecuencia en un lote junto al mar. Ponía a sus hijos y a los niños del pueblo a arrastrar caracoles y arena en un carrito, a veces por las tardes o en sus ratos libres.
Al recorrer la isla vio el pueblito y se enteró de que la comunidad no tenía escuela. Tomó unas fotos para buscar recursos en sus viajes internacionales y volvió dos años después con 25 millones de pesos. Hicieron unos planos y con ese dinero construyeron el centro escolar. Por eso el profesor Flórez dice que esa obra se llama “La escuela de Juan Manuel”, ese es el nombre verdadero. La Secretaría de Educación de Cartagena solo hizo la cerca hace unos años.Arturo Berrío relata que la construcción ha sufrido graves daños en sus bases y ya cedió una vez. Fue arreglada, pero el mar entró nuevamente por debajo y la pared frente al mar está en peligro de caer, explican.
«Hace como 5 o 6 años vinieron unos señores, que ahora no recuerdo como se llaman… dizque iban a hacer mejoras de vivienda. Pero eso nunca llegó aquí. Prometen, prometen, para acá, para allá, que miren. Vamos allá a reunión… Nada, se lo llevó el viento.»

La escuela de preescolar de Isla Múcura está en peligro debido a que sus bases están deterioradas. La comunidad pide intervención urgente. Imagen: Ignacio Galán

Salón de clase en la escuela de Isla Múcura, que prersenta riesgo en su estructura. Foto. Olga C Guerrero.
El temor de los líderes es el riesgo que corren los menores y los dos maestros porque en cualquier momento la construcción puede colapsar. Por eso Berrío busca otra solución:
“Haremos una comisión para hablar con uno de los dueños del hotel Punta Faro para que por favor nos done un pedazo de tierra donde se pueda hacer una escuelita nueva, ojalá con una alberca y una canchita y así ellos puedan jugar, eso nos daría tranquilidad. Que no lo haga por nosotros sino por los niños”, relata Berrío.
La comunidad habla de una ausencia estatal desde siempre. Por ejemplo, la Secretaría de Educación de Cartagena, de quien dependen administrativamente, hasta hace cuatro años se hizo cargo de la educación en el archipiélago, informaron. Tiene dos vigilantes en la escuela y contrata una lancha que lleva a los pequeños de isla en isla a estudiar. Los de preescolar van a Isla Múcura y, los de primaria y bachillerato, a Santa Cruz del Islote, en dos jornadas.
«Primero, aquí hay un riesgo grande por tema de erosión. Las olas pegan fuerte y en cualquier momento esta placa… en una ocasión ya se vino, se derrumbó.

Darwin Cesar, líder de Isla Múcura
Gracias a Dios no hubo un niño. Pero cuando pegan los fuertes vientos las tejas salen volando. Necesitamos un aula más grande. Nosotros también somos colombianos. Necesitamos una institución que coja primaria y secundaria. Nosotros también tenemos los mismos derechos que tienen los de Bogotá y otras ciudades -nosotros como isleños-. Nosotros somos cartageneros, pero ¿cómo vamos a decir que somos cartageneros si la Alcaldía de Cartagena nos tiene descuidados? O sea, nosotros ni siquiera tenemos la bandera para decir que somos bolivarenses. Para el Gobierno colombiano el Archipiélago de San Bernardo no es Colombia porque no se interesan. Las islas están desapareciendo por el tema de la erosión costera«, exclama Darwin Cesar. líder de Puerto Caracol.
Mientras hablan al tiempo, los hombres reclaman porque a Múcura nunca ha ido un alcalde de Cartagena. El único que fue se llama Carlos Mieles de la localidad 1 encargada de los asuntos insulares. Darwin César recuerda su nombre porque hace cuatro años les llevó un sistema de tanques para el almacenamiento del agua que llega una vez al mes del continente en el buque cisterna o en el que a veces lleva la Armada:
“Fue una bendición, no teníamos donde poner una tonelada de agua y menos la posibilidad de construir una alberca. Es el único gobierno que ha hecho algo por nosotros”, comenta César.

Arturo Berrío, Puerto Caracol, Isla Múcura. Foto Ignacio Galán
Una de sus mayores necesidades es tener un puesto de salud. Cuando hay un enfermo deben llevarlo a Santa Cruz del Islote donde hay una enfermera. Si es muy grave, a Tolú o a Cartagena. Un pasaje normal en lancha rápida a Tolú cuesta 80 mil pesos y tarda una hora y media. A la capital de Bolívar cuesta 130 mil pesos, y se navega durante 2 o 3 horas.
«No tenemos, por lo menos, recurso de un médico. A veces cualquier niñito se enferma, o uno viejo, que le den siquiera los primeros auxilios, aquí no hay nada de eso. Muchas veces uno va a Islote: tampoco se consigue nada. De pronto una enfermera que sabe poner una inyección, y a veces no está tampoco, a mi me ha tocado. He ido a buscar y no hay nadie. Por ese lado estamos graves. Porque siquiera hubiera un médico 15 días de un mes. Aquí a veces que sacan la gente a medianoche y tienen que salir a la lata en cualquier lancha. Sea el viento como esté, que el paciente no se nos vaya a morir. Son cosas que por acá necesitamos y no tenemos«.
Los líderes en medio de bromas sobre su propia situación hablan de cómo ha crecido el poblado y de cómo, a pesar de todo, la gente del archipiélago es sana, poco se muere. Por ejemplo, para inaugurar el cementerio que está en Tintipán, tuvieron que traer a una señora desde Cartagena.
Al finalizar el recorrido por Puerto Caracol ─y bordear la isla─ se llega a los hoteles: todos presentan rastros de la erosión costera. Dahlandia, es el primero en la punta suroccidental de la isla. Se trata de un hostal ecológico administrado por el biólogo y profesor Fabio Flórez, quien ha intentado varias formas de proteger el predio que la Nación le tiene arrendado. Es el único que paga cada año por su usufructo. Alguna vez construyó una barrera antioleaje y por no haber hecho el trámite correspondiente tuvo que pagar una multa y hacer un estudio de protección para la isla en tiempos de Julia Miranda como directora de Parques Nacionales. Dicho proyecto nunca fue ejecutado. Reposa hace tiempo, ‘sin pena ni gloria’, dice él, en los anaqueles de esa entidad.
Según testimonios de antiguos pescadores, hace 200 años aproximadamente, el predio donde hoy está el hotel Dahlandia, llegaba hasta el Cayo Grande situado en el costado suroeste, produciéndose una pérdida de 130 metros de un retroceso de la línea de costa y pérdida de 1.500 metros de área de la isla. La investigadora Karem Acero en su estudio Efectos ambientales del ascenso del nivel medio del mar. Caso: Isla Múcuralo describe así:

Zona de retroceso de playa con pérdida de 130 metros de la línea de costa y 1.500 metros de área de la isla. Imagen: Ignacio Galán
“Es una evidencia contundente del ascenso del nivel medio del mar que como consecuencia erosiona la isla poco a poco”. La línea de costa de isla Múcura ha cambiado aceleradamente.
Los demás son hoteles que, según sus capacidades económicas, han instalado distintos mecanismos de contención: desde barreras de rocas traídas desde el continente, hasta espolones, muros, rellenos y trabajos de ingeniería de alto nivel y presupuesto.
Se ve el deterioro de la playa El Cholo, árboles caídos, otros en el límite del mar. La línea de costa está invadida por kioskos y espolones mar adentro de aproximadamente 10 metros de longitud. La arena que solía ser lugar de anidación de tortugas marinas (carey y verde) está ocupada por mobiliario turístico. Ciudadanos antiguos de la isla reportaron hace 40 años una anidación de tortuga carey en la playa El Cholo. Sus huevos se los comió un pescador. Otra anidación fue observada en la isla Ceyzén.
El pantano de mangle del lugar, se comunicó con un canal al mar hecho en cemento por donde entró al interior del pantano la arena que el mar aportaba a la playa. Dicha playa, fue alterada y destruida. La investigadora Acero, quien hizo un trabajo de reconocimiento de lugares emblemáticos para la población, califica la situación así:
“La comunidad identifica la única playa donde hubo anidamiento de tortugas, la playa El Cholo, ubicada al noroccidente de la isla. Es el lugar donde se presenta mayor erosión por fuertes vientos y obras inadecuadas que dejaron sin playa a la Isla y sin hábitat a algunas especies”.

Las escasas áreas de manglar que quedan en isla Múcura son las barreras naturales protectoras más eficientes. Imagen: Ignacio Galán.

Avanza la erosión en la línea de costa en Isla Múcura. Imagen: Ignacio Galán.

Barrera artesanal en Puerto Caracol. La comunidad de Puerto Caracol construye muros protectores con cemento (cuando hay), caracolas, palos, plásticos o lo que tengan a la mano. Imagen: Ignacio Galán.
Terminado el recorrido de las áreas privadas y los hoteles, se sigue bordeando la isla y se llega a La Punta donde está la playa pública, el único lugar de la isla donde puede operar el turismo comunitario. Según Acero, hace cerca de dos décadas esta se convertía en cancha de fútbol, pero con un retroceso en la línea costera de casi 45 metros, hoy es solo mar. Los habitantes señalan los 8 a 10 metros de playa que quedan. A esta playa pueden llegar en un día de temporada turística, hasta 1.500 personas.
Al lado de la Punta está el muelle público y la cabaña de Parques Nacionales, zona con avanzada erosión que se inunda en ciertas épocas del año. De allí sigue el sendero hacia Puerto Caracol. Una buena parte de este se perdió debido a que hace ocho años el mar invadió el área y formó una bahía. Para poder conectar las zonas públicas con el caserío, la comunidad se vio obligada a construir un paso peatonal al que llamó el Puente del Amor. Acero en su trabajo denomina esta intrusión marina como el comienzo de la división de la isla, tal como ocurrió en Ceyzén y Panda, otras islas del archipiélago.

Puente del Amor, área de intrusión marina, donde la fuerza de las olas abre un boquete de inundación. La investigadora Karem Acero considera que es en este punto geográfico donde comienza a dividirse Isla Múcura, tal y como ya ocurre con las islas Ceyzén y Panda. Foto: Ignacio Galán / Shots de Ciencia.
El paso elevado que la comunidad bautizó «el Puente del Amor» y el comienzo de la división de Isla Múcura.
“Al iniciar el fraccionamiento de la Isla por el bosque de manglar del costado sur, cerca de la laguna costera, uno de los efectos que empiezan a vivirse hoy en día con las mareas altas es la inundación del sector suroriente que puede dividir la playa pública y la cabaña de parques del resto de la isla”.
La comunidad teme que, si no se realizan acciones de prevención y protección, están en una situación muy vulnerable ante posibles nuevos eventos meteorológicos y climáticos.
«Bueno, del Iota, fue un coletazo, algo leve, pero nos afectó bastante. Vinieron como a los tres días con unos mercaditos para subsanar la cosa, pero en realidad, lo que nosotros, como población necesitamos, nunca llegó. Eso salió en Caracol, durante este mandato de Duque, siempre fue “San Andrés, San Andrés, San Andrés…” y nosotros también fuimos afectados. Hubo casas que se les voló el techo, se acabó un hostal, le derrumbó las paredes a un hostal de los nativos, hubo viviendas que también fueron destrozadas por el coletazo. Muchos muros de protección de los que nosotros tenemos como comunidad desaparecieron. A otros se les metió el agua directamente a la casa.
Para el Gobierno Nacional no pasó nada. Digámoslo así: el archipiélago de San Bernardo, para el Gobierno Nacional, no existe. ¿Por qué? Porque cuando vienen, vienen con cositas muy pequeñas, no vienen a vivir la problemática que nosotros tenemos como comunidad. Nadie se preocupa por las zonas insulares aquí en el Archipiélago de San Bernardo. La única institución que permanece las 24 horas es Parques Nacionales, la única. Los demás, pues, no vienen ni a contar chistes y tienen jurisdicción acá.
— ¿Y gestión del riesgo de Cartagena no ha venido, tampoco?
— «A tomarse la foto, a tomarse la foto«.
De hecho, el documento Lineamientos de adaptación al cambio climático del área insular del distrito de Cartagena de Indias, indica que las islas de San Bernardo presentan un 45 % de erosión costera. A 2040 estaría inundado un 22 % de Isla Múcura. Y los isleños, como Arturo Berrío, aseguran que no es necesario esperar a 2040 porque a diario ya viven las consecuencias del cambio climático.

Comunidad de Puerto Caracol. Foto: Ignacio Galán / Shots de Ciencia
En el archipiélago de San Bernardo confluyen diferentes autoridades: Parques Nacionales, Invemar, Dirección Marítima, Gestión de Riesgos, Cardique, Carsucre, el Distrito de Cartagena, la Comisión Interinstitucional de Cambio Climático, el Establecimiento Público Ambiental (EPA), entre otras. Esta última, actualmente realiza una actualización del llamado Plan Integral de Gestión del Cambio Climático 4C: Cartagena competitiva y compatible con el clima, efectuado en 2014.
Sin embargo, al consultar al EPA sobre posibles soluciones a la comunidad y sobre la inclusión en el plan de las problemáticas de la isla, la respuesta es que hasta el momento no se ha incorporado la zona insular.
Daniela Henao, coordinadora del proceso de actualización del Plan informó que no se han contemplado temas como la erosión costera y el ascenso del nivel del mar en las islas. Sin embargo, afirma que están dispuestos a conocer las problemáticas y analizar cómo se puede abordar el tema con las entidades nacionales. Invemar también reportó que la entidad no tiene proyectos en ese sentido:
“Para el área mencionada no se están implementando acciones ni proyectos de adaptación y mitigación por parte de Invemar. Los insumos de la investigación se han incluido en los planes de manejo del área marina protegida”.
La ecóloga Sandra Vilardy, al ser entrevistada cuando ejercía como directora de Parques cómo Vamos (hoy es viceministra de Ambiente), afirma que toda la problemática de San Bernardo está diagnosticada. Ahora hay que mirar cómo se va a acompañar a la comunidad en una transición hacía la adaptación.
“Necesitamos pensar en acompañar a los más vulnerables que ya lo están sufriendo, la plata de las regalías debe estar pensándose en eso. Todos nos tenemos que adaptar, hay prioridades, pero los habitantes de línea de costa e insulares son los primeros”.
Es categórica al afirmar que hay un principio constitucional del Estado que es proteger la vida de los colombianos y, en este caso, eso no se está cumpliendo. Cree que el nuevo gobierno debería hacer ajustes y promover una entidad dedicada a la adaptación y transición climática, no solo orientada a los asuntos de energía, como lo está ahora.
«Acá hay un principio y el de la seguridad y de garantizar la vida de los colombianos. Es un principio Constitucional del Estado. Pero al Estado le ha costado entenderlo. Para mi, el próximo Gobierno debería hacer una modificación institucional muy importante y empezar -tal vez no lo logre en los cuatro años- pero necesitamos un ministerio, o una entidad de este nivel, para la adaptación y la transición climática. Que no sólamente hable de energías, porque se la pasan peleando por las energías -no, no- es la adaptación territorial, económica y social del país ante el cambio climático.»
Lo que reclama la investigadora Vilardy es que el Estado asuma su responsabilidad frente a la emergencia climática y permita que ciudadanos como Mario, Arturo, José del Carmen y todos los que deben levantarse a atajar la marea a cualquier hora de la noche, puedan tener un auxilio oportuno y preventivo de las instituciones.

Isla Múcura / Olga Cecilia Guerrero / Red Prensa Verde
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Este informe especial fue producido en una alianza periodística de Red Prensa Verde y Shots deCiencia, como parte del proyecto Narrativas Climáticas del Periodismo Regional bajo el patrocinio de la Fundación Heinrich Böll Colombia, CENSAT Agua Viva y Ministerio de Medio Ambiente Alemán.
Periodista ambiental /Red Prensa Verde
Investigación y redacción
Periodista científico / Shots de Ciencia
Edición, fotografía, audio y video
Edición general
Bogotá, Colombia, septiembre de 2022
Este material está publicado bajo licencia Creative Commons, puede ser reproducido total o parcialmente siempre y cuando
se cite la fuente, sus autores y se anexe el enlace.
Un lugar de especial belleza es Isla Múcura, en el Caribe Colombiano. Hace parte del archipiélago de San Bernardo, jurisdicción administrativa de Cartagena, Bolívar.
Esta área está siendo afectada por la intrusión marina, es decir, invadida por el mar que ha penetrado áreas terrestres. La intrusión podría terminar en la división de la isla, según explica la investigadora Karem Acero, tal y como ha ocurrido con las islas Ceyzén y Panda.
Antiguamente en este lugar cubierto por mangles había un camino que conectaba al poblado de Puerto Caracol con la Playa Pública, en el norte de la isla, pero ante la arremetida marina, los pobladores se vieron obligados a construir un paso en madera, que denominaron el Puente del Amor.
Contexto en: El impacto del cambio climático en la zona insular de Cartagena – RED PRENSA VERDE
Fotografía: Olga Cecilia Guerrero / Red Prensa Verde
La investigación periodística, realizada en los últimos cinco meses, entrega a través de tres reportajes, las evidencias de cómo el cambio climático ha venido impactando a comunidades y ecosistemas de la zona insular de Cartagena, Bolívar.
Los hallazgos se centran en la desaparición de Isla Maravilla debido al aumento del nivel del mar, la erosión costera y la acidificación del océano, aceleradas por la ausencia del Estado. Hasta el momento se desconoce si esta es la primera isla reportada como desaparecida en Colombia en tiempos de la emergencia climática o si ya se han referenciado situaciones similares en otras zonas del país.
Isla Maravilla, ‘Patrimonio Intangible de la Nación’, estaba ubicada al norte del golfo de Morrosquillo, entre los departamentos de Bolívar y Sucre, en jurisdicción administrativa del Distrito de Cartagena. Pertenecía al archipiélago de San Bernardo, hoy constituido por nueve islas: Múcura, Tintipán, Panda, Palma, Boquerón, Ceyzén, Cabruna, Mangle y Santa Cruz del Islote, esta última artificial. Todo este conjunto, a su vez hace parte del área marina protegida: Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo, creado en 1977.

Isla Maravilla diez años atrás / Jorge Moreno

Antigua isla Maravilla, hoy Bajo Maravilla / OlgaCeciliaGuerrero RPV
El informe también retrata el avanzado deterioro de las demás islas. Por ejemplo, Panda, ya está dividida en dos grandes bloques debido a la erosión y el aumento del nivel del mar. Cada bloque a su vez se encuentra fragmentado, presenta inundación y pérdida de suelo.
Ceyzén, una división por el mismo fenómeno, incrementado por la tala ilegal del manglar. Isla Mangle, también declarada como ‘Patrimonio Intangible de la Nación’, presenta intrusión marina. Isla Múcura tiene una apertura en area contigua a la playa pública, que según la investigadora Karem Acero, es el inicio de su división. Ha perdido una importante porción de suelo debido al proceso erosivo en su perímetro. La situación de Tintipán no es distante, y se ha incrementado por la tala y apropiación de baldíos de la Nación con fines turísticos.

Estado de uno de los dos grandes bloques en que se convirtió la Isla Panda, debido a la fragmentación por erosión costera y aumento del nivel del mar, dos de los impactos directos del cambio climático en esa región caribeña. Foto OlgaC Guerrero/ RedPrensaVerde
A todo lo anterior, sigue la vulnerabilidad de las dos comunidades afro que poblaron el archipiélago hace más de 200 años: Puerto Caracol en Isla Múcura y Santa Cruz del Islote, quienes sufren con más frecuencia los constantes mares de leva, vendabales, erosión costera y la presión de agua, que penetra en sus casas.
Los nativos, dicen vivir aislados de las políticas nacionales, regionales y locales. Uno de los llamados al gobierno es a readecuar la escuela de preescolar de Isla Múcura debido a que se encuentra en riesgo de colapso. En este poblado, de 250 habitantes, no hay agua potable, alcantarillado ni centro de salud. La energía se obtiene desde hace unos cinco años a través de páneles solares, sin embargo la queja de los nativos es por el alto costo del servicio.
Igualmente, en Santa Cruz del Islote, conocida como la isla más densamente poblada del mundo, los más de 700 habitantes carecen de un proceso planificado de gestión del riesgo, no existe un plan de evacuación en caso de una emergencia o evento asociado al clima.
La zona hace tres años no cuenta con Inspector de Policía con presencia en el área, el funcionario despacha desde Cartagena.
El trabajo periodístico recoge las voces de líderes comunitarios y da a conocer la visión de investigadores del archipiélago como el profesor Fabio Flórez, Sandra Vilardy, actual viceministra de Ambiente; Juan Manuel Díaz, director científico de la Fundación MarViva; Karem Acero, de la Universidad Nacional, entre otros.
¿Qué manifiestan las comunidades ante la pérdida de su isla? ¿Cómo asumen las instituciones los efectos por causas climáticas que están ocurriendo en el archipiélago? ¿Cuáles son las salidas para mejorar la vida de los isleños en medio de la crisis climática?

Comunidad de Puerto Caracol, Isla Múcura. Foto Olga CGuerrero/RPV
La investigación periodística realizada por Olga Cecilia Guerrero de Red Prensa Verde e Ignacio Galán de Brigard de Shots de Ciencia, contó con la edición de la periodista ambiental María Mónica Monsalve/ América Futura-El País.
Este es un proyecto de Narrativas Climáticas desarrollado por la Fundación Boell Colombia, Censat Agua Viva y el Ministerio de Ambiente de Alemania.
Septiembre 8 de 2022
También encuentras los reportajes en los siguientes links:
Desapareció Maravilla, ‘la isla de las aves’ – RED PRENSA VERDE
Comunidades de Isla Múcura, entre la erosión y el ascenso del nivel del mar – RED PRENSA VERDE
Santa Cruz del Islote, una isla artificial vulnerable al cambio climático – RED PRENSA VERDE
Foto superior: Portada Santa Cruz del Islote. Imagen: Ignacio Galán/ Shots de Ciencia.
Entre el 26 de septiembre y el 4 de octubre se realizará la segunda Jornada ‘Pinta mi Islote’, creada para mejorar la imagen de Santa Cruz del Islote, donde habita una comunidad ancestral de origen afro.
El islote se encuentra en área del Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo, en jurisdicción de Cartagena, Bolívar, en el Caribe colombiano.
Durante la jornada se pintarán las viviendas con motivos ecológicos, en especial sobre ecosistemas marinos y su relación con las comunidades isleñas. La campaña contará con la colaboración y participación de más de 50 artistas gráficos que arribarán desde diferentes puntos de Colombia y Suramérica.
Los organizadores buscan donaciones que pueden ser enviadas desde cualquier lugar del país. Requieren elementos de trabajo como pinturas de todos los colores, rodillos y herramientas para pintar. También gestionan recursos a través de la plataforma Nequi: 322 577 0702.

Santa Cruz del Islote. Foto: Ecosabios
Se puede utilizar en puntos de comercialización, para esto el usuario toma una fotografía de un producto que considere podría ser de carey, lo sube a la plataforma digital y esta define inmediatamente si se trata o no de caparazón de tortuga, con un alto grado de precisión.
La herramienta fue creada por la organización See turtles como parte de la lucha contra el tráfico ilegal de esta especie, así busca evitar la compra y venta de productos de tortuga, contribuir a estudio del fenómeno de comercio y para identificar puntos de acceso del expendio de estos productos. De esta forma, SEE Shell hace parte de la campaña Too Rare To Wear que traduce ‘demasiado raro para usar’, y que concientiza a la ciudadanía sobre el perjuicio del tráfico de fauna.
Too Rare To Wear trabaja para poner fin a la demanda de productos de carey en todo el mundo con más de 150 operadores turísticos y grupos de conservación. Ellos realizan actividades educativas a los viajeros, proporcionan fondos para organizaciones que trabajan para reducir el comercio en Colombia, Nicaragua, Indonesia y otros lugares, y estudian el comercio de carey.
Además de la aplicación, han publicado dos informes internacionales sobre este comercio, creó una coalición con 150 empresas turísticas y organizaciones de conservación para abordar este comercio, apoyan a socios como la Fundación Tortugas del Mar para reducir este comercio en un 80% en Cartagena y hacen esfuerzos locales para abordar este comercio en Indonesia, Colombia, Costa Rica y Panamá.

SOBRE LA TORTUGA CAREY

Campaña de SEE Turtles en Cartagena para reducir la demanda de la concha de tortuga. Fotografías: Fundación Tortugas del Mar
Contexto:
Amplía la información sobre las campañas contra el tráfico ilegal de tortuga en:
Un largo camino contra el tráfico de carey en Cartagena – RED PRENSA VERDE
Video en inglés:
Isla Fuerte está ubicada en el mar caribe, pertenece al Distrito de Cartagena, pero está ubicadfa frente a las costas de Moñitos y San Bernardo del Viente, en el departamento de Córdoba.
Foto: Olga Cecilia Guerrero.
En el muelle El Bosque de Cartagena, Bolívar, las autoridades hallaron 15 contenedores con más de 330 metros cúbicos de madera que serían exportados de manera irregular hacía Corea del Norte.
El material compuesto por 145 troncos de gran tamaño de la especie campano o samán (Samanea saman), fue valorado comercialmente en 460 millones de pesos.
“Dicha mercancía no contaba con los permisos según las normas para su transporte y movilización, por lo cual este producto forestal fue puesto a disposición del Establecimiento Público Ambiental (EPA)«.
El operativo para detener la carga, producto de tráfico ilegal de madera, fue realizado por el Grupo de Protección Ambiental y Ecológica de la Policía Metropolitana, la Policía Antinarcóticos y la EPA.
La Policía solicitó a la comunidad informar sobre el tráfico ilegal de fauna y flora silvestre, especialmente madera, en la línea de emergencia 123 y el celular 314 3473709, disponible las 24 horas del día.
Una hembra de cóndor de los Andes (Vultur griphus) nació el pasado 8 de abril en el Aviario Nacional de Colombia, ubicado en la Isla de Barú, Cartagena, Bolívar.
Fueron 58 días de incubación en un escenario preparado para dar vida al polluelo. El Aviario acondicionó para la pareja de cóndores una zona de exhibición de 400 metros cuadrados con cavidades rocosas para anidar, cascadas de agua y vegetación.
En ese hábitat nació el nuevo huésped del Aviario que es resultado del Programa Nacional de Cría del Cóndor, diseñado para aumentar la población de esta especie en el país.
Carlos Cortés, zootecnista del Aviario, cuenta que “es la primera vez que nace una hembra de esta pareja. Gracias al cuidado de sus padres se logró con éxito este nacimiento de manera natural, contribuyendo a la preservación de esta especie. Se ofrecieron las condiciones para que ellos se sintieran cómodos, tuvieran una alimentación adecuada y constante, y hoy con este nacimiento se ven los resultados”.
Lo que se espera ahora es que el polluelo siga siendo criado por sus padres. Para Cortés, «cualquier evento reproductivo es una nueva oportunidad para aumentar la población de estos individuos y así aumentar la esperanza que se sigan reproduciendo, siendo esta una especie amenazada y sus poblaciones en el mundo disminuyen cada vez más en vida silvestre».
CONTEXTO
Las injerencias de Alfonso ‘El Turco’ Hilsaca en Cardique datan casi desde la creación de esa entidad en 1993 y buena parte de ella se evidencia en los vasos comunicantes del investigado empresario con quienes han pasado por la dirección o han ocupado cargos administrativos en esa corporación ambiental. Eso se sabe por testimonios de exfuncionarios, quienes afirman que a esos cargos solo llegan profesionales con el visto bueno de ‘El Turco’.
GUILLERMO ARIZA CABRERA, director de Cardique de 2001 a 2003
Guillermo Ariza Cabrera es un ingeniero civil, oriundo del departamento del Atlántico, que llegó a la dirección de Cardique en 2001, en reemplazo de Cecilia Bermúdez Sagre, quien ocupó ese cargo entre 1995 y 2000.
Ariza Cabrera llegó a la dirección de Cardique en medio de ruidos porque, supuestamente, Hilsaca le entregó prebendas a siete de los 12 miembros de la junta directiva de esa entidad para que lo eligieran del listado de 39 aspirantes, denunció en aquel momento la Red de Veeduría Ciudadana de Cartagena.
En esa junta directiva tienen asiento el gobernador de Bolívar, cuatro alcaldes de los 21 municipios en los que Cardique tiene jurisdicción y delegados del presidente, el Ministerio del Medio Ambiente, ONG ambientalistas, sector privado y comunidades negras.
La Red de Veeduría Ciudadana de Cartagena también dijo que el interés de Hilsaca en controlar la entidad tenía que ver con la decisión de otorgar una licencia ambiental a Aguas de Cartagena, para la construcción de un emisario submarino, obra que generó polémica en la ciudad por las afectaciones que podría causarle al ecosistema marino y a las comunidades vecinas del punto donde está ubicada esa infraestructura.
Tras esa denuncia, el propio Ariza reconoció conocer a Hilsaca, a la vez que negó que hubiera tenido injerencia en su elección. Señaló en su momento que se tomaría el tiempo necesario para estudiar el tema de la licencia ambiental para el emisario submarino, que, en junio de 2001, seis meses después de su posesión, terminó otorgando. 
Ese no fue el único ruido que acompañó al ingeniero Ariza en su paso por Cardique. En abril de 2012, cuando ya no estaba al frente de la entidad, la Corte Suprema de Justicia compulsó copias a la Fiscalía para que lo investigara por, supuestamente, financiar al Bloque Montes de María de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Según declaración de Uber Banquez, alias ‘Juancho Dique’, jefe paramilitar en la zona baja de los Montes de María y en el casco urbano de Cartagena, Ariza les habría aportado “60 millones de pesos al grupo armado”.
Alias ‘Juancho Dique’ fue también uno de los cuatro exparamilitares que señaló en 2008 a ‘El Turco’ Hilsaca de ser colaborador del Bloque Héroes Montes de María. Lo hizo durante las versiones libres celebradas en Barranquilla como parte del proceso de Justicia y Paz.
AGUSTÍN CHÁVEZ PÉREZ, director de Cardique de 2004 a 2010)
Agustín Chávez Pérez llegó a la dirección de Cardique en enero de 2004 tras haber sido elegido por la junta directiva de esa entidad en diciembre de 2003, para reemplazar a Guillermo Ariza Cabrera. Su llegada, según empleados y exempleados de esa corporación, se dio con el visto bueno de Hilsaca, con quien tenía una relación de amistad de vieja data, ya que, según Semana.com, fue gerente de una de sus empresas.
Pero más allá de eso, la clara evidencia de que la llegada de Chávez Pérez a la dirección de Cardique terminó beneficiando a ‘El Turco’ y su emporio económico es un millonario contrato, por $22 173 millones, para recuperar la Ciénaga de la Virgen. Esta CAR lo adjudicó en 2007 al Consorcio Ciénaga de la Virgen, en el que Construcciones Hilsaca Ltda -hoy AGM Desarrollos SAS- tuvo un 75 % de participación y la firma barranquillera Servicios de Dragados y Construcciones el 25 % restante.
Aunque inicialmente fue firmado por $22 173 millones, el contrato de la Ciénaga de la Virgen terminó costándole al erario $33 259 millones, después de cuatro adiciones presupuestales y tres modificaciones al manejo administrativo de la plata. Además, la Contraloría encontró que no hay evidencias que comprueben que las obras se hayan hecho.
El de Hilsaca no habría sido el único apoyo de Chávez Pérez para llegar al cargo. El exjefe paramilitar Uber Banquez, alias ‘Juancho Dique’, confesó haber presionado a los mandatarios con asiento en la Junta de Cardique para que lo eligieran, algo que Chávez negó. En noviembre de 2010, Chávez fue removido de su cargo por la Procuraduría por haber firmado en plena ley de garantías, entre enero y marzo de 2006, 104 contratos por cerca de $4713 millones.
OLAFF PUELLO CASTILLO, director de Cardique entre 2012 y 2018
El arquitecto Olaff Puello Castillo entró a Cardique en 2008 como subdirector de Planeación y después de la interinidad en la que estuvo esa corporación por la remoción del cargo de Agustín Chávez Pérez. Puello Castillo fue elegido en 2012 con el apoyo de los 12 miembros de la Junta.
La llegada de Puello fue vista en Cartagena como la continuidad del poderío de Hilsaca en esa entidad, porque desde su cargo en la subdirección de Planeación fue uno de los funcionarios que evaluó y avaló contratos millonarios que le fueron adjudicados a las empresas de ‘El Turco’. Por ejemplo, en 2008, Puello recomendó que le fuera adjudicado a la firma Construcciones Hilsaca Ltda ⎼hoy AGM Desarrollos SAS⎼ un contrato, por $1395 millones, para el mantenimiento de parques y las intervenciones de canales pluviales de Cartagena.
Puello fue reelegido en ese cargo en 2015 y, tres años después, en 2018 fue capturado por la Fiscalía (junto a tres funcionarias más), después de una investigación que evidenció contratación ficticia, soportada con facturas, planos topográficos y registros fotográficos falsos, contratos millonarios que generaron un detrimento cercano a los $27 900 millones. Después de su captura y en medio de su proceso judicial, en 2019, la Fiscalía allanó su vivienda junto a los bienes de los otros exfuncionarios procesados por contratación irregular.
ÁNGELO BACCI HERNÁNDEZ, director de Cardique desde noviembre de 2019)
El ingeniero civil Ángelo Bacci Hernández llegó a Cardique en 2014 y en junio de 2018 fue designado director encargado de la entidad en reemplazo del capturado Olaff Puello. Antes de esa designación, Bacci Hernández se había desempeñado como director Ambiental de Cardique.
Después de más de un año como director encargado, en noviembre de 2019, la Junta directiva lo eligió como director en propiedad con 12 de 12 votos posibles.
Bacci es conocido en la Cartagena política como amigo de ‘El Turco’. “Le camina derechito”, nos dijo un exfuncionario de Cardique con quien hablamos. Otra fuente nos detalló que la relación de ambos les viene desde Magangué, de donde es natural Bacci y donde Hilsaca empezó su carrera empresarial.
EL ‘TURCO’ Y OTROS FUNCIONARIOS CLAVE DE CARDQUE
LUZ DARY BENAVIDES
Esta ingeniera civil, de origen santandereano, trabajó en la Subdirección de Planeación de Cardique durante al menos 15 años. En 2012, hizo parte del listado de elegibles para ocupar la dirección de esa entidad, puesto que terminó en manos de Olaff Puello.
Como funcionaria de Cardique, Benavides era reconocida por su cercanía con Hilsaca. “Era de su cuerda directa”, nos dijo una persona que conoció de cerca a Benavides. De hecho, así la veían quienes coincidieron con ella durante su paso por esa corporación.
Como parte de sus funciones, Benavides debía supervisar las obras contratadas y hacer los informes de ejecución de las mismas. También hacía parte de los comités evaluadores de las licitaciones. Por ejemplo, Benavides recomendó la adjudicación de tres contratos en los que participó AGM Desarrollos SAS, propiedad de Hilsaca: uno en 2007, por $22 173 millones, para la recuperación de la Ciénaga de la Virgen; otro en 2008, por $1379 millones, para el mantenimiento de nueve parques y la intervención de 54 canales en Cartagena, y uno más, en 2012, por $12 097 millones, para la construcción de un muro de contención en la Loma del Marión.
En 2019, Benavides fue señalada por la Fiscalía como persona clave dentro de una trama de corrupción de Cardique, que dejó al director Olaff Puello tras las rejas y llevó a ese ente a ocupar 104 bienes de funcionarios y 26 contratistas. El detrimento, calculó la Fiscalía, fue de $27 900 millones.
Catalina Noguera, fiscal del caso, dijo que era Benavides la segunda funcionaria más importante en ese desangre de recursos. “Era la que desde Cardique se encargaba de este tipo de obras”, informó la fiscal.
En 2019, la Fiscalía dijo que estaba prófuga.
SAYDE ESCUDERO JALLER
Esta economista trabaja en Cardique desde 2001. Ha sido contadora, directora encargada y subdirectora administrativa y financiera, su cargo actual. De este departamento dependen la oficina de Talento humano y las áreas de presupuesto, contabilidad y tesorería.
Es hermana de Roxana Escudero Jaller, con quien Hilsaca tiene un hijo.
En 2012, hizo parte del listado de elegibles para ocupar la dirección de esa entidad, puesto que terminó en manos de Olaff Puello.
CARMEN DE CARO
Esta abogada, nacida en Magangué, es la actual personera de Cartagena. Antes de ser elegida, en enero pasado, por el Concejo, se desempeñaba como jefe de control interno disciplinario de Cardique. En ese cargo estuvo entre enero de 2018 y diciembre de 2019.
Antes, entre 2008 y 2012, fue contratista de la Alcaldía de Magangué, cuando el alcalde de ese municipio era Arcecio Pérez, apoyado por la condenada empresaria Enilce López, alias ‘La Gata’, amiga y antigua socia de Hilsaca. También estuvo en el área de Cartera de la administración de Alberto Barboza, alcalde de Cartagena entre 2004 y 2006, y cuya candidatura fue financiada por Hilsaca.
De hecho, ‘El Turco’ llegó a tener mucha influencia en ese gobierno, le dijeron a Semana.com en 2005 tres funcionarios distritales y dos constructores. Además, La Silla Vacía encontró que Sandra Eugenia Covo, miembro de la junta directiva de AGM Desarrollos SAS —una de las empresas de ‘El Turco’—, fue tesorera durante esa administración.
Justo por ese pasado, el alcalde de Cartagena, William Dau, dijo en enero pasado en el Concejo cartagenero que sería “un acto de mala fe” y “una declaratoria de guerra anticipada” el nombramiento de esta abogada como personera.
CONTEXTO:
Continúa leyendo aquí:
El rastro del ‘Turco’ Hilsaca en la megacontratación de Cardique
Perfil del ‘Turco’ Hilsaca:
La Corporación Autónoma Regional para el canal del Dique (Cardique), entidad pública llamada a preservar los ecosistemas estratégicos de Bolívar ha operado bajo el influjo de la corrupción.
En efecto, si hay un poder económico y político detrás de esta entidad, legitimado por el voz a voz ciudadano, es el del empresario Alfonso del Cristo Hilsaca Eljadue, más conocido como ‘El Turco’ Hilsaca.
Su nombre está tan ligado a esta autoridad ambiental en el Distrito de Cartagena y 20 de los 46 municipios de Bolívar, que desde hace más de 20 años es considerado como el poder determinante de lo que pasa allí, en parte por su cercanía con los distintos directores que ha tenido la entidad. Tanto que en Cartagena lo ven como el hombre capaz de decidir quién gana los contratos y quién no.
Una injerencia que no es tan fácil de probar, pese a las investigaciones de los organismos de control, por el temor que Hilsaca despierta en gran parte de Bolívar y su capital Cartagena, y por la posibilidad de que se haya ganado varios de esos negocios a través de terceros. Sin embargo, su rastro se evidencia en al menos tres megacontratos por $47 000 millones que obtuvo vía AGM Desarrollos SAS -antes Hilsaca Construcciones-, una de las principales firmas de su emporio económico.
El tercero de ellos se convirtió en una fallida recuperación de la Ciénaga de la Virgen, que hoy tiene puesta la lupa de la Contraloría y la Fiscalía porque durante una década fue poco lo que hizo el Consorcio de Hilsaca para salvar ese ecosistema al que cada vez le queda menos tiempo.

Este contrato entregado a ‘El Turco’ Hilsaca, hoy símbolo del desgreño administrativo imperante en Cardique, data del 29 de junio de 2007.
Fue firmado con el Consorcio Ciénaga de la Virgen por $22 173 millones. Se trata de una millonaria obra, proyectada a 14 años, para el mejoramiento hidráulico y el saneamiento ambiental de los arroyos y canales que vierten sus aguas en la Ciénaga de la Virgen de Cartagena. Esta es una laguna costera en el extremo norte de esa capital, separada del mar Caribe por el corregimiento de La Boquilla y conectada con la bahía de Cartagena a través de seis caños y un complejo de lagos interiores.
Las principales obras de esa intervención consistían en la relimpia manual o mecánica de los canales, arroyos y descoles, incluyendo la remoción del material, y la construcción de canales en concreto reforzado y de diques de cierre para deshidratación de sedimento.
Sin embargo, terminó costándole al erario $33 259 millones, después de cuatro adiciones presupuestales y tres modificaciones al manejo administrativo de los recursos.
“Eso pasó porque a los cuatro meses de adjudicadas las obras, el Consorcio logró el control total sobre el encargo fiduciario al que eran transferidos los recaudos por la sobretasa ambiental, cobrada en el impuesto predial de los cartageneros y en los peajes Marahuaco y Puerto Colombia, en la vía Barranquilla–Cartagena. Con esa plata fue que Cardique proyectó la financiación de los trabajos en la Ciénaga de la Virgen por 14 años”.
Fue así como, después de una primera modificación firmada el 9 de octubre de 2007, ese privado comenzó a administrar unos dineros que por Ley debieron estar siempre bajo la batuta de Cardique. Una entidad que pese a estar llamada a liderar la recuperación de la Ciénaga, terminó protagonizando varias irregularidades más, detectadas por la Contraloría en 2017 después de dos auditorías.
El equipo auditor se encontró con la ausencia de fundamentos jurídicos y técnicos para la celebración de este contrato, especialmente por las condiciones en que se firmó: año a año Cardique y el contratista iban definiendo las obras a intervenir, según los millonarios recaudos por sobretasa ambiental.
En un año ese tributo por impuesto predial genera hasta $55 606 millones, como ocurrió en 2018, mientras que por peajes unos $1641 millones, divulgó la Contraloría en la más reciente auditoría financiera que le hizo a Cardique en 2018 y publicó en noviembre de 2019.
Otra inconsistencia fue la débil ejecución de esas obras. A 2017 no estaban construidos unos canales en concreto que facilitarían el tránsito de las aguas que desembocan en la Ciénaga. “En su lugar, se aduce haber hecho relimpias, apertura de canales en tierra y descoles apilando la basura que extraen de la misma ciénaga”, se lee del informe de esa entidad. Intervenciones sobre las que la Contraloría no encontró las respectivas pólizas de seguro, garantía de una buena ejecución.
La última irregularidad tuvo que ver con la desconexión entre los trabajos supuestamente hechos y los estudios y diseños contemplados desde la apertura del proceso licitatorio, aunado al nulo monitoreo de Cardique, pues la Contraloría no halló informe alguno de esa entidad sobre los avances o estados de ejecución del contrato.
Esas conclusiones del equipo auditor originaron una investigación a cargo de la Fiscalía, que un año después terminó descubriendo todo un entramado de contratos fantasmas más allá de la Ciénaga de la Virgen: Cardique le adjudicó en 2016 a distintas empresas, unas 220 obras que nunca se hicieron, para la supuesta limpieza y mantenimiento de arroyos y caños con problemas de sedimentación. Contratos que causaron un detrimento patrimonial de al menos $27 900 millones.
Por esa contratación ficticia, soportada con facturas, planos topográficos y registros fotográficos falsos, la Fiscalía les imputó cargos en 2018 al exdirector de Cardique Olaff Puello Castillo, a tres de sus subalternos (Katherine Martelo Fernández, subdirectora de Planeación de Cardique; Saray Cecilia Hernández Durán y Dalis Esther Herrera Vargas, supervisoras de contratos en la CAR) y a dos contratistas (Bernabé Maldonado Maldonado, contador, y Fredy Rodgers, topógrafo). A los pocos meses, en 2019, la Fiscalía ocupó 104 bienes de funcionarios y contratistas que se prestaron para la trama de corrupción.
Durante la toma de bienes, la fiscal Catalina Noguera anunció que, después de Puello, la segunda funcionaria más importante en ese desangre de recursos era Luz Dary Benavides Piza. “Era la que desde Cardique se encargaba de este tipo de obras”, informó la fiscal.
Benavides Piza es una ingeniera civil que trabajó en la Subdirección de Planeación de esa CAR hasta 2019, cuando la Fiscalía le perdió la pista. En su paso por Cardique (al menos 15 años) era reconocida por su cercanía con Hilsaca. Fue ella quien en 2007 recomendó la adjudicación de las millonarias obras para el saneamiento de la Ciénaga de la Virgen, como se lee en la evaluación del proceso licitatorio.
La Contraloría de Bolívar además encontró un posible detrimento patrimonial en ese contrato por $54 817 503 y les abrió, en 2018, un proceso de responsabilidad fiscal a Olaff Puello, al Consorcio y a los interventores Tecnogestiones Ltda y Consig Ltda.
El ente de control no encontró evidencias de que el Consorcio Ciénaga de la Virgen hubiese pagado todas las comisiones que le correspondían por ser el administrador de la fiducia. Por el contrario, los casi $55 millones salieron de dineros que le pertenecían a Cardique y no de los recursos propios del privado, como lo establecía el contrato.
A los hallazgos de la Contraloría se sumó un llamado de la Procuraduría, que en julio de 2018 pidió la suspensión del contrato y de su interventoría, debido al posible daño patrimonial. El acto de liquidación del contrato, en efecto, se firmó el 23 de noviembre de 2018, tres años antes de su vencimiento y sin mayores transformaciones ambientales para la Ciénaga.
Pese a toda esa millonaria inyección de plata pública, la Ciénaga de la Virgen perdió una década valiosa para su recuperación, pues el contrato entregado al Consorcio era clave dentro de un conjunto de acciones para mitigar el daño ambiental. Su agonía ha aumentado con la tala indiscriminada de manglares, que provocan la pérdida progresiva de hábitat de aves ⎼protagonistas de este ecosistema⎼ y con los asentamientos ilegales en su orilla. Cambuches y casas de cemento edificados sobre rellenos de basura y escombros que los habitantes, empujados por la pobreza, le roban al agua para conformar uno de los cinturones de miseria más grandes de Colombia.
A eso se suman los miles de metros cúbicos de sedimentos y desechos que terminan año tras año en la Ciénaga, que desde la década de los 40 se convirtió en el principal receptor de aguas residuales de Cartagena, por encima de su capacidad de autorregeneración. Solo hasta 2013, cuando entró en funcionamiento el emisario submarino, el alcantarillado de la ciudad no drena a esta laguna costera, ahora va al mar. La agonía de la Ciénaga se agudiza también por sus problemas de comunicación con el sistema de caños después de la ampliación de la pista del aeropuerto, en la década de los 70, y la construcción del Anillo Vial a finales de los 80.
Toda esta nociva interacción humana con la Ciénaga también ha terminado afectando su fauna, cuya abundancia, décadas atrás, se reflejaba en canoas llenas de jaibas, caracoles y camarones. Faenas que los pescadores ahora ven como postales lejanas y solamente posibles si navegan Caribe adentro.

“Por aquí uno tiene como tres años sin poder decir que se ha comido un arroz de cangrejo de la Ciénaga”, dice Juan Henríquez, director de Verde Calicanto, una organización de la que hacen parte ciudadanos que como él viven en El Progreso, El Pozón y Fredonia. Se trata de barriadas caracterizadas por un marginamiento histórico –dados sus altos índices de pobreza– que limitan con el extremo de la Ciénaga, una zona que los turistas no ven desde el fotogénico centro amurallado de Cartagena.
Ante la falta de políticas públicas contundentes, Verde Calicanto ⎼que debe su nombre al Canal Calicanto que desemboca en la Ciénaga⎼ desde hace siete años le apuesta a oxigenar este cuerpo de agua. Lo hace de la mano de otros cinco colectivos comunitarios, como parte del macroproyecto Ecovida. Las seis organizaciones dictan charlas a quienes viven a orillas de la Ciénaga para recordarles cuán urgente es su conservación. También organizan, tres veces al año con la ayuda de la empresa privada, jornadas de limpieza en los canales cercanos.
Sobre botes en fibra de vidrio, construidos con ayuda del Sena, suelen recolectar toneladas de desechos: mientras una persona va remando, otra recoge con azadones y deposita, especialmente, icopor y plástico en bolsas grandes de uso industrial. Basura que debió depositarse en Los Cocos, el relleno sanitario de Cartagena, y no en estas aguas. Las jornadas son verdaderos paliativos para un ecosistema en cuidados intensivos como este, que debieran liderar Cardique y la Alcaldía de Cartagena, no solo la sociedad civil.
El segundo millonario contrato que acabó en manos de Hilsaca fue uno para el mantenimiento de nueve parques y la intervención de 54 canales en Cartagena, algunos a través de limpieza con retroexcavadora y otros con la construcción de box culverts en concreto reforzado (estructura que soporta taludes).
El 29 de diciembre de 2008, Cardique le adjudicó ese contrato de $1379 millones a Construcciones Hilsaca Ltda, cuyo representante legal en aquel momento era el propio Hilsaca. Como ocurrió con el proceso de la Ciénaga de la Virgen, en esta licitación también la empresa de Hilsaca fue proponente único y la recomendación de adjudicación la hicieron funcionarios cercanos a él: Olaff Puello Castillo, subdirector de Planeación en ese entonces, y Luz Dary Benavides, profesional universitaria de esa dependencia. De hecho, la propuesta de Construcciones Hilsaca Ltda obtuvo 100 de 100 puntos posibles.
El contrato tuvo dos otrosíes, ambos para modificar las condiciones técnicas de las obras, y tres suspensiones, por lo que su plazo de ejecución pasó de tres a 11 meses: la primera suspensión se dio por demoras en la entrega de diseños de unos boxcoulverts; la segunda, por la prolongación de la sequía, que no facilitaba las condiciones para la siembra de plantas y el mantenimiento de los parques, y la última por un saldo en los giros de Cardique al contratista para la remoción e instalación de tapas en concreto reforzado.
Todas esas suspensiones y reinicios de obras también las autorizaron los funcionarios Puello y Benavides.
Este paquete de intervenciones en los caños y canales cartageneros se suman a los contratados por la Alcaldía de Cartagena, que entre 2013 y 2018 invirtió $75 568 millones en limpieza. Recursos, tanto del Distrito como de Cardique, que terminan siendo unos millonarios pañitos de agua tibia para un problema mayúsculo: la falta de un Plan Maestro de Drenajes Pluviales, cuyo primer esbozo data de 1982 como resultado de un programa de cooperación técnica con Naciones Unidas.
Desde entonces, las administraciones de turno han actualizado el Plan y ejecutado algunas de sus obras sin lograr una intervención que le ponga punto final al problema: barrios inundados ⎼en temporada de lluvias⎼ por canales y caños desbordados que suelen ser usados como basureros a cielo abierto.
Además de ser paliativos, la Fiscalía encontró que los contratos de limpieza de arroyos y reservorios son los más usados para prácticas corruptas en Cardique y, justo por ese tipo de contrataciones, en septiembre de 2019, les imputó cargos a 21 excontratistas.
El tercer gran contrato entregado a ‘El Turco’ Hilsaca se remonta a 2012 por $12 369 millones, para estabilizar un sector de Cartagena conocido como la Loma del Marión, una estribación que atraviesa de oriente a occidente varios barrios, ubicados entre las avenidas Pedro de Heredia y Crisanto Luque, con algunas zonas cuyo riesgo de deslizamiento solo se recuerda en cada temporada de lluvias. Especialmente porque su suelo no es estable y, sobre él, debería haber vegetación y no urbanizaciones ni invasiones de cambuches.
Hilsaca se ganó ese contrato como miembro del Consorcio Control de Inundaciones 2012, representado en ese momento por su hijo Gabriel Hilsaca Acosta. Su socio fue la cartagenera Promotora El Campín, con el 25 % de participación. Una firma que ha tenido entre sus accionistas al cuestionado grupo político de Bolívar García Zuccardi, hasta hace poco integrado por los excongresistas Juan José García, condenado por peculado por apropiación y quien falleció recientemente por coronavirus, y Piedad Zuccardi, investigada por parapolítica. Ambos tuvieron injerencia en el directorio de Bolívar del Partido de La U.
El Consorcio Control de Inundaciones se impuso sobre otros dos oferentes en esa licitación: Consorcio Megadiques, conformado por tres empresas de Bogotá, Bucaramanga y Barranquilla, respectivamente, y Consorcio Leticia, integrado por una firma de Cartagena y otra de Bogotá.
La propuesta del consorcio de ‘El Turco’ obtuvo la mayor calificación: 940 de mil puntos posibles. Con $12 097 millones fue la oferta con mayor valor de las tres que tuvo esa licitación. Las de los otros dos competidores no superaban los $12 000 millones.
Según la evaluación, la propuesta de Control de Inundaciones obtuvo el puntaje más alto entre los tres oferentes porque ‘presentó un sólido programa de obras’. Fue la única que puntuó en ese ítem (obtuvo 250 puntos que fueron determinantes para su calificación total) dado su detallado esquema de inversiones, con proyecciones precisas de tiempo y personal.
Este comité evaluador lo integraron Luz Dary Benavides Piza, ingeniera de la Subdirección de Planeación, cercana a Hilsaca, y Saray Hernández Durán, una de las capturadas por la Fiscalía en 2018 por el entramado de contratos ficticios.
El contrato, cuyo valor inicial fue de $12 097 millones, tuvo una adición presupuestal de $271 millones y cuatro cambios de fecha: de seis meses de ejecución pasó a 10. Además, dos otrosíes: el primero modificó unos insumos usados en los trabajos de contención y, el segundo, las condiciones de desembolso de la plata: el privado sólo comenzaría a recibir recursos a partir del 30 % de ejecución de la obra.
Los trabajos comenzaron en agosto de 2012 y consistieron en el levantamiento de un muro de contención y de terrazas en las estribaciones de la loma para mitigar su deslizamiento en los sectores Nueva Granada, 9 de abril, San Francisco y Manzanares, después de la temporada invernal de 2010, una de las más intensas de los últimos años en Colombia.
Esas lluvias produjeron, entre septiembre de 2010 y mayo de 2011, 2219 emergencias por inundaciones, avalanchas y deslizamientos en distintas regiones, según un informe para evaluar el impacto económico del fenómeno de La Niña, realizado por la Cepal, el DNP y el BID. En Cartagena y los municipios de Bolívar esa ola invernal dejó a 43 500 familias damnificadas, millares de viviendas destruidas y pérdidas económicas en más del 5 % del PIB departamental, según datos publicados por el Observatorio Ambiental de Cartagena de Indias.
En 2010, antes de la millonaria intervención de Cardique en la Loma del Marión, la Alcaldía había invertido $1200 millones en levantamiento de pilotes y construcción de drenajes para las aguas subterráneas. Ambas intervenciones, que sumaron $13 569 millones, no solucionaron por completo los problemas de deslizamiento en algunos de los barrios edificados sobre la Loma. Especialmente porque el muro de contención de Cardique estaba proyectado como parte de una primera fase, que necesitaría de una segunda intervención. Sin embargo, esos trabajos no se hicieron.
Consejo de Redacción le preguntó a Cardique las razones por las que no se realizaron esas obras, pero no hubo respuesta alguna a los dos derechos de petición enviados entre marzo y mayo pasados.
En Nueva Granada reconocen que la construcción del muro de contención sirvió para detener parte de los deslizamientos que no los dejaban dormir tranquilos. Los moradores ⎼recuerda Osvaldo Beleño, miembro de la Junta de Acción Comunal⎼ sentían que las casas loma arriba, en el sector 9 de abril, podrían derrumbarse en cualquier momento sobre ellos, loma abajo.
Como la segunda etapa de intervención en la Loma quedó en el limbo, los habitantes comenzaron a sembrar por cuenta propia árboles alrededor del muro de contención para generar una zona verde que ayude a mitigar la sedimentación y genere una contención natural en tiempos de lluvia.
“Le estamos apostando a convertir ese pedazo en una zona verde junto a una hectárea y 100 metros que es lo único que queda libre de la Loma. Todo lo demás está urbanizado”, explica el líder Beleño.
Mientras tanto, los deslizamientos siguen siendo una amenaza para una parte de los cartageneros que viven allí: en 2017, por ejemplo, la tierra volvió a ceder con las lluvias y dejó vulnerables a 22 familias del Mirador del Nuevo Bosque, un barrio cuyas viviendas están sobre las partes bajas y medias de la Loma.
Cercano a ese sector, también están en riesgo los habitantes del Mirador de Zaragocilla, un conjunto residencial construido sobre terreno inestable al que en 2015 se le vino abajo uno de sus muros de contención. La Alcaldía de Cartagena tuvo que destinar recursos para volverlo a levantar.
Durante la última década, sus moradores han visto los cimientos socavarse con cada temporada de lluvia y han temido también el derrumbe de sus apartamentos, edificados por la constructora de Héctor García Romero, hermano del fallecido excongresista Juan José García Romero, uno de los socios de constructora El Campín con la que Hilsaca se ganó el contrato para levantar el muro de contención en la Loma.
Una de las habitantes del Mirador de Zaragocilla, quien pidió reservar su identidad, narra que todavía hoy el peligro persiste porque algunas paredillas de la zona presentan grietas y amenazan con caerse.
El contrato de la Loma del Marión, al igual que los de la intervención en la Ciénaga de la Virgen y el sistema de caños de Cartagena, evidencian cómo la entidad llamada a preservar tres grandes ecosistemas estratégicos de Bolívar no ha cumplido sus funciones a cabalidad. Por el contrario, a partir de las investigaciones de los entes de control, se develó su operatividad, por más de una década, bajo la sombra de la corrupción. Esta última le ha costado al erario, según la Fiscalía, casi $28 000 millones, una cifra que representa en recursos la mitad de los tres megacontratos entregados a la empresa de Hilsaca.
Detrás de todos estos contratos adjudicados por Cardique hay un posible patrón de colusión que tiene como común denominador a una compañía de Hilsaca. Cuando eso ocurre, es decir, cuando una firma o persona ejerce control sobre las contrataciones, se termina limitando la libre competencia y la pluralidad de oferentes, un asunto que le compete investigar a la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC). En el pasado, esa entidad multó a distintas empresas colombianas del sector azucarero y de papeles suaves por este tipo de conductas, conocidas también como cartelización.
Pese al detrimento y a la poderosa mano de ‘El Turco’ detrás, Cardique sigue sin estar blindada contra futuras contrataciones fallidas o a medias. Tampoco los organismos de control ni la justicia han adoptado medidas contundentes que garanticen su funcionamiento acorde con su misión ambiental.
Esta investigación hace parte del especial periodístico ‘Tras la pista de las CAR‘ de Consejo de Redacción (CdR).
CONTEXTO:
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Perfil del ‘Turco’ Hilsaca:
Millonarias inversiones en la Ciénaga Grande se van por los caños
Uno de los poderes económicos más sólidos de Bolívar en los últimos 30 años es el que ha forjado Alfonso del Cristo Hilsaca Eljaude, conocido como ‘El Turco’ Hilsaca. Un hombre que ha sido bautizado por la prensa capitalina como “el amo del alumbrado público” de Colombia, pero cuyo reconocimiento en su departamento natal se debe más a la financiación de campañas políticas, a su injerencia en la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique (Cardique) y a sus supuestos lazos con organizaciones criminales.
Nacido en el ribereño municipio de Mompox, Hilsaca se dio a conocer primero como contratista público, en los años 90, después de haber sido obrero en Ecopetrol, comerciante de ganado y dueño de una discoteca en Magangué (Bolívar).
En aquellos años comenzó a forjar su imperio económico con los negocios que firmaba su empresa Hilsaca Construcciones -hoy AGM Desarrollos S.A.S- con el Ministerio de Minas, la Corporación Eléctrica del Caribe (Corelca), la Gobernación de Bolívar y la Alcaldía de Cartagena, para construir infraestructura pública y administrar varias concesiones de alumbrado en el país.
Para la opinión pública, el nombre de este descendiente de libaneses dejó de ser exclusivamente sinónimo de empresario cuando comenzó a tener líos con la justicia. En julio de 2009, la Fiscalía le profirió una medida de aseguramiento por su presunta responsabilidad, como determinador de los asesinatos de cuatro mujeres(Lourdes Lara Champen, Ofelia del Rosario Correa Torres, Betsabit Obaida Espitia Nerio y Heidy Mailth Smith Pérez), ocurridos en 2003, cerca de la Torre del Reloj, sitio emblemático del Centro histórico de Cartagena.
Esos hechos, negados por ‘El Turco’ y conocidos como la ‘Masacre de la Torre del Reloj’, los cometieron paramilitares del Grupo Urbano de Cartagena, brazo del Frente Canal del Dique, del Bloque Montes de María. Después de ocho meses en la cárcel, en marzo de 2010, Hilsaca quedó libre por falta de pruebasy en 2017 el Tribunal Superior de Bogotá condenó por esos crímenes a 40 años de cárcel al exparamilitar Eugenio Reyes, alias ‘Geño’.
Dos meses después, en mayo de 2010, ‘El Turco’ volvió a la cárcel, pero en esa ocasión porque cuatro exparamilitares lo señalaron de ser colaborador del Bloque Héroes Montes de María. Un escuadrón ilegal que operó en los municipios de Sucre y Bolívar, entre 1996 y 2005, responsables de al menos 18 masacres. Dos de quienes lo señalaron fueron Uber Enrique Banquez Martínez, alias ‘Juancho Dique’, y Alexis Mancilla García, alias ‘Zambrano’, exjefes de ese grupo ‘para’.
Sobre esa supuesta colaboración económica también hay registros en el computador de ‘Jorge 40’, antiguo jefe del Bloque Norte de las AUC y quien regresó a Colombia en septiembre de 2020 después de haber pagado condena en Estados Unidos desde 2008. Alguien llamado “A. Hilsaca” aparecía en su listado de financiadores.
El nombre de ‘El Turco’ además salió a relucir en una grabación del Ipod (reproductor de música de la marca Apple) de Salvatore Mancuso, otro exjefe ‘para’ extraditado. En él se escucha una conversación que sostiene con ‘Jorge 40’ sobre supuestos acuerdos políticos y económicos con Hilsaca.
Los líos de Hilsaca con la Justicia continuaron en 2014. El 20 de noviembre de ese año fue detenido como parte de la investigación que inició la Fiscalía por el asesinato de Jhon Ovallos Angarita, hijo de Emel Ovallos, exparamilitar que declaró en su contra por el cuádruple asesinato de las mujeres en Cartagena.
Al igual que ocurrió durante años con la condenada Enilce López ‘La Gata’, antigua empresaria del chance en el Caribe y quien fuera amiga de Hilsaca, la sola mención del nombre de ‘El Turco’ genera temor entre los bolivarenses. “Muchos bajan la voz y hablan entre susurros para referirse a él, así no haya nadie cerca, como si tuviese oídos por todos los rincones”, escribió la periodista Salud Hernández, en la columna¿Gran corrupto o ejemplar empresario?, publicada el 8 de mayo de 2019, en El Tiempo.
Un temor alimentado no solo por los crímenes que giran alrededor suyo, sino también por intimidaciones que se difunden a su nombre, como aquella que lanzó uno de sus hijos en un audio que circuló en septiembre de 2016 por la plataforma Whatsapp. Lo grabó después de que a él y a su padre los atracaron en un restaurante de Bocagrande. El joven vaticinó la muerte de los atracadores.
“Fueron directo a donde nosotros a quitarnos todas las cosas (…) Nos tiraron a nosotros nada más. Mi papá pidió escolta, esos yo creo que no salen vivos hoy de aquí”, fueron las palabras de Hilsacahijo en aquella grabación.
De hecho, de ese miedo que Hilsaca genera este equipo periodístico fue testigo durante la reportería. Dos personas pidieron borrar todo rastro de comunicación para que no quedaran evidencias de los datos entregados sobre él. “Uno nunca sabe”, dijo una de las fuentes. Una tercera advirtió cuán “delicado” era investigar sobre la vida y obra de Hilsaca.
. Su poder económico:
En 1993 Hilsaca fundó, en Magangué, su empresa AGM Desarrollos SAS, dedicada a la prestación de servicios de ingeniería y construcción en áreas de alumbrado, minería y obras civiles, con la que se ha ganado contratos como la fallida recuperación de la Ciénaga de la Virgen, limpieza de caños y canales en Cartagena o la readecuación del alcantarillado de Bocagrande. Varias de esas obras han generado investigaciones en los organismos de control por problemas durante su ejecución.
AGM Desarrollos SAS tiene hoy 265 empleados y sus representantes legales son Paúl Andrés Durango Hernández y Gustavo Adolfo Ñañez Calero, según su certificado de Cámara de Comercio. En el pasado, esa representación estuvo en manos del mismo ‘Turco’ y de su hijo, Gabriel Hilsaca Acosta. Este último es la cabeza visible de esa compañía en Centroamérica.
A través de ella, Hilsaca maneja concesiones de amoblamiento urbano, fotomultas de tránsito y alumbrado público. Hasta 2014, estas últimas sumaban 38, en igual número de municipios, por un valor estimado en $1,5 billones, según una investigación de la revista Dinero.
Entre esas concesiones están los alumbrados públicos de capitales como Cúcuta y Riohacha. Algunos, con condiciones favorables al concesionario, en detrimento del erario. Uno de esos municipios fue Ocaña, segunda población de Norte de Santander. Allí AGM Desarrollos SAS desplazó en 2013 a la empresa Centrales Eléctricas de Norte de Santander. Por ese contrato, en 2018, la Procuraduría dejó en firme, en un fallo de segunda instancia, la destitución e inhabilidad por 10 años del exalcalde Jesús Antonio Sánchez Clavijo.
Otra concesión que se ganó, pese a las críticas del zar anticorrupción de la presidencia de posible negociación hecha a su medida, fue la de Mompox. En 2007, se la entregó el alcalde de la época, Marco Tulio Eljaude -su primo-, quien defendió esa adjudicación argumentando la ausencia de otros proponentes.
El poder económico de ‘El Turco’ también incluye hoteles y bares en el Centro Histórico y Getsemaní, a través de Promotora Hotelera Santos de Piedra SAS, empresa matriz de los hoteles Peregrinos, Santos de Piedras, Santo Toribio, Monaguillo de Getsemaní, Casa Cardenal y Capellán de Getsemaní, y de El Güero Tacos Bar, la Casa del Ron, restaurante bar Cleo y Tequila Santanera.
Esa empresa, según registros públicos de la Cámara de Comercio, tiene 81 empleados y ha sido representada legalmente, en distintas ocasiones, por los hermanos Alfonso y Gabriel Hilsaca Acosta, hijos de ‘El Turco’.
Hilsaca también tiene participación en el negocio de la disposición final de las basuras, a través de la empresa Caribe Verde SA ESP, con sede en Turbana y operador del Parque Ambiental Loma de Los Cocos, según contrato firmado en abril de 2005 con la Alcaldía de Cartagena por 20 años. Este funciona como relleno sanitario y escombrera de Cartagena en el corregimiento de Pasacaballos. Otra empresa relacionada con ‘El Turco’ es Bioger, que maneja la concesión de basuras en algunos municipios de Bolívar y que ha sido cuestionada por incumplimientos.
Su poder ha trascendido fronteras. En 2016, una de sus empresas firmó millonarioscontratos para el cambio de luminarias de mercurio a tipo led con la alcaldía de San Salvador, capital de El Salvador, en Centroamérica.
. Su mano en la política de Bolívar:
Por años el nombre de ‘El Turco’ ha estado asociado a la financiación de campañas políticas en Cartagena, Turbaco y Arjona. Evidencia de su protagonismo en las elecciones de los últimos años de Cartagena fueron las atípicas de 2003. En uno de los debates previos a las elecciones de aquel octubre, varios de los candidatos trataronde desvincularse públicamente de él, dados los rumores de la época sobre su apoyo económico a varias de esas campañas.
De hecho, en una entrevista que le dio a Revista Semana en 2005, reconoció que le entregó dinero a Alberto Barboza, quien fue alcalde de Cartagena entre 2004 y 2006, recursos que no quedaron registrados en los reportes de financiación del entonces candidato.
Hilsaca llegó a tener mucha influencia en ese gobierno, le dijeron a Revista Semana tres funcionarios distritales y dos constructores. Además, La Silla Vacíaencontró que Sandra Eugenia Covo, miembro de la junta directiva de AGM Desarrollos SAS —una de las empresas de ‘El Turco’—, fue tesorera durante esa administración.
Después desde el Palacio de La Aduana, Barboza le adjudicó a Caribe Verde, otra de las empresas de Hilsaca, la concesión del relleno sanitario de Cartagena.
Esa injerencia no la tuvo en varios de los gobiernos siguientes ni la tiene hoy en la actual administración de William Dau, con quien los últimos dos años ha librado una batalla judicial. En diciembre pasado, el hoy alcalde de Cartagena tuvo que retractarse despuésde acusarlo de “ser el mayor delincuente de Cartagena y Bolívar”. Hilsaca lo demandó por injuria y calumnia.
“Yo presenté varias pruebas contra el señor Hilsaca, pero el juez municipal y el del circuito que atendieron el caso no las tuvieron en cuenta (…) Por eso denuncio a los dos jueces, pero le terminaron dando la razón al señor Hilsaca”, dijo Dau en aquel momento.
La confrontación entre Dau y ‘El Turco’ está lejos de apaciguarse. Al alcalde no le cayó bien la elección como personera distrital de la abogada Carmen de Caro, jefe de la Oficina de Control Interno Disciplinario en Cardique, entre 2018 y 2019.
“Un acto de mala fe” y “una declaratoria de guerra anticipada” fueron las palabras con las que el alcalde calificó el posible nombramiento de la abogada, el pasado 2 de enero en la instalación del Concejo. De ella también dijo que es “considerada ficha de quien ha sido “dueño de Cardique los últimos 20 años”.
Su injerencia en Cardique:
Casi que desde su creación, en 1993, Cardique, ha tenido a la sombra a ‘El Turco’ Hilsaca, como lo han contado La Silla Vacía, El Espectador y El Tiempo.
La Corporación, autoridad ambiental en 21 de los 46 municipios de Bolívar, ha tenido en su dirección a personas cercanas a él. Entre ellos Agustín Chávez Pérez, destituido por la Procuraduría por haberse extralimitado en sus funciones desde esa entidad y quien llegó a dirigirla después de haber trabajado en una de las empresas de Hilsaca. También, Olaff Puello, actualmente en casa por cárcel por una trama de contratos falsos descubierta por la Fiscalía en 2018.
Dos personas con las que este equipo investigador dialogó, por separado, y que tuvieron vínculos con esa Corporación, recordaron que el nombre de ‘El Turco’ estaba omnipresente en esa entidad. Al preguntarle a uno de ellos qué recordaba de Hilsaca en su paso por Cardique, nos dijo: “que mandaba”, “que elegía a los directores”, “que tenía injerencia en la contratación” y “tenía a personas de su confianza en puestos clave”.
Al revisar el organigrama de Cardique, este equipo investigador encontró a funcionarios clave como Luz Dary Benavides , ingeniera que trabajó en la Subdirección de Planeación, y Saide Escudero Jaller, subdirectora administrativa y financiera.
El poder de Cardique radica en su facultad para otorgar o negar permisos ambientales para obras de infraestructura en sus 21 municipios de influencia, así como sancionar a quienes atenten contra los ecosistemas en esos territorios. Cardique, por ejemplo, le dio licencia ambiental a Hilsaca, el 18 de marzo de 2005, para la construcción y operación del proyecto Parque Ambiental Loma de Los Cocos, como sitio de disposición final de las basuras en Cartagena. En julio de ese año, también autorizó la cesión de la licencia ambiental de ese proyecto a favor de la sociedad Caribe Verde, en aquel momento representada por Rodger Emigdio Turizo Turizo, quien ha sido representante legal de Hilsaca Construcciones, hoy AGM Desarrollos SAS.
Esta entidad maneja un presupuesto anual cercano a los $45 000 millones y administra también los ingresos por sobretasa ambiental, cobrada en el impuesto predial de los cartageneros y en los peajes Marahuaco y Puerto Colombia, en la vía Barranquilla – Cartagena.
Ese impuesto genera, por predial, hasta $55 606 millones, como ocurrió en 2018, mientras que por peajes unos $1641 millones, divulgó la Contraloríaen la más reciente auditoría financiera que le hizo a Cardique en 2018 y publicó en noviembre de 2019.
Y es por toda esa estela de líos judiciales, manejos políticos y un halo de magnate influyente en distintos escenarios de poder, que muchos ciudadanos como la columnista Salud Hernández, se han llegado a cuestionar si Hilsaca es un “gran corrupto” o un “ejemplar empresario”.
CONTEXTO:
La Fundación Tortugas del Mar certifica a los comerciantes que se unen a su campaña con un sello ambiental. En 12 años han logrado reducir en un 95% la venta ilegal de productos elaborados a partir de caparazones de tortuga.
Por las calientes calles y mercados de San Diego, La Matuna y Getsemaní, barrios céntricos de Cartagena (Bolívar), se les veía siempre. Dos jóvenes estudiantes de biología de la Universidad de Antioquia, Karla Barrientos y Cristian Ramírez, visitaban mercados para identificar, localizar y describir el comercio de conchas de tortuga Carey (Eretmochelys imbricata).
Cuenta Karla que hacia 2008, había un fuerte comercio de elementos a base del tráfico ilegal de este animal y ninguna autoridad actuaba, pese a que la ley ya lo prohibía.

Productos elaborados con caparazón de tortuga carey, prohibidos por la ley. Foto: Fundación Tortugas del Mar
Los locales compraban y vendían sin pudor. Los vendedores de las tiendas artesanales lucían los permisos de la Alcaldía, como si allí les autorizaran también el negocio de las tortugas. Turistas extranjeros pagaban lo que les pidieran por los artículos, y en fin, no había conocimiento sobre la especie, un mercado controlado, cifras, estudios científicos o campañas educativas para proteger a las tortugas.
Ese fue el detonante para que los futuros biólogos quisieran actuar. Así nació hace 12 años la Iniciativa Carey (Iniciativa Hawksbill) para detener el tráfico ilegal de conchas de tortuga en Cartagena de Indias.
Los estudiantes plantearon el proyecto en tres etapas a lo largo de 2008, pero este resultó tan complicado que se extendió a 2012. Primero hicieron una fase de Diagnóstico y caracterización, construcción de apoyo local e internacional. Luego, la de educación-alcance, y finalmente, sobre Fortalecimiento de capacidades de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley.
EN PELIGRO CRÍTICO DE EXTINCIÓN

Durante cinco años, 2008 a 2012, Karla y Cristian siguieron investigando en Cartagena. Aprovechaban las vacaciones de temporadas bajas y altas de turismo (Semana Santa, junio y diciembre) para buscar puntos de venta, artesanos, vendedores callejeros y tiendas comerciales (souvenirs). Identificaban sitios, número y tipo de artículos ofrecidos, para determinar el precio, el origen de las artesanías y sus principales compradores.
Encontraron que los comerciantes sí sabían que la venta de conchas de tortuga estaba prohibida, pero aun así, mantenían el negocio.
“El comercio ilegal de artesanías de conchas de tortuga en Cartagena ocurrió bajo la nariz de todos, parecía estar normalizado por la sociedad colombiana. Era inconcebible ver que lo que estaba en el papel no se aplicaba en la vida real. Los artesanos y vendedores estaban concentrados en diez puntos principales, todos cerca de prestigiosos hoteles, restaurantes y tiendas asociadas a turistas de mayores ingresos”.
Así lo relataron estos investigadores colombianos en el informe The Global Tortoiseshell Trade para Centro y Surámerica sobre el tráfico de tortuga Carey, que acaba de ser publicado.
Allí se consigna que los dos compradores de artesanías de conchas de tortuga más comunes —identificados por artesanos y vendedores— eran americanos y franceses, seguidos por un español y un colombiano (principalmente del interior del país). También había italianos y nacionales de países de América Latina”.

Manillas, collares, artículos para cocina y escritorios son algunos de los objetos que se elaboran una vez sacrificada la tortuga.
Al comprar y llevar esos productos a través de las fronteras, los turistas no sólo violaban las leyes de Colombia, sino también tratados internacionales como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que prohíbe la transferencia no autorizada de productos de tortugas marinas entre las naciones, y las leyes nacionales de los países a los que regresaron.
Hoy estiman que entre 1.800 y 2.800 artículos al año se ofrecieron a la venta durante los primeros cinco años del estudio.
También informan que el promedio de ventas por año en Cartagena llegaba a los 2.593 artículos de tortugas carey, en 14 productos diferentes. La mayoría para joyería: anillos, pulseras y utensilios de cocina como cucharones y cuchillos para mantequilla. Los collares y artículos más elaborados y costosos, solo eran ofrecidos por dos vendedores.
Los precios de estos artículos en carey oscilaron entre $9.000 pesos colombianos (3 USD) por un anillo y $30.000 (10 USD) por una cuchara de carey. También pagaban hasta 250 mil pesos (80 USD) por un collar grande y elaborado, uno de los productos más costosos que encontraron.
A partir de esos primeros resultados, también conocieron que, entre el 20 y el 37 por ciento de todos los proveedores observados ofrecieron productos a base de carey en ese quinquenio.
“Esto sugiere que la venta de productos de venta de carey se había mantenido estable en Colombia, a pesar de que las leyes nacionales e internacionales lo prohibían. Sin embargo, no hay estadísticas oficiales disponibles sobre ese tipo de comercio, a pesar del requisito de que los Estados Miembros de la Convención CITES deben presentar anualmente un informe en cumplimiento de sus obligaciones (Artículo VIII de la CITES)”, indica The Global Tortoiseshell Trade.
Karla y Cristian también tomaron datos sobre el consumo de carne de tortuga. De los 12 restaurantes locales, de comida tradicional y mariscos encuestados en la antigua ciudad amurallada, dos ofrecían carne de tortuga marina en su menú, como estofado y bistec de tortuga. Ambos restaurantes estaban en Getsemaní, donde no había artesanías de carey para la venta, pero sí una gastronomía reconocida, además de los caparazones que decoraban los restaurantes y hoteles.
Los estudiantes poco a poco avanzaron con su proyecto hasta consolidarlo en la Fundación Tortugas del Mar. Ya constituidos entraron en su segunda fase y vieron cómo la falta de acciones a nivel institucional en Colombia para detener el tráfico de tortugas se debía en parte al desconocimiento de las leyes, de esto se desprendía su falta de cumplimiento. Igualmente, aunque supieran de la ilegalidad, no lo consideraban una prioridad.
El informe explica que en ese momento en Colombia, las prioridades de las fuerzas armadas eran atacar ferozmente el narcotráfico, y en lugares como Cartagena, la urgencia siempre ha sido garantizar la seguridad de los turistas.
“Con este panorama no muy alentador, entendimos que, si nuestra actitud era denunciar a los comerciantes o a las autoridades a sus entidades de control por no hacer su trabajo, no íbamos a avanzar en nuestro objetivo de proteger a la tortuga carey”.

Karla Barrientos, directora de la Fundación Tortugas del Mar.
En esa búsqueda iniciaron una serie de reuniones con actores públicos y privados para dar a conocer el problema. Cristian es cartagenero y sabía qué puertas tocar en la ciudad, además el acento le ayudaba a generar confianza. Karla, de Medellín, ejercía una sutil presión, explicando que, al eliminar la venta de artesanías de carey, los turistas iban a apreciar mejor la ciudad y apoyar su economía.
En ese momento les sorprendía que algunos funcionarios de varias entidades ambientales y turísticas no eran conscientes de la ilegalidad de los productos y su desconocimiento sobre las tortugas marinas.
“En su imaginación, una de las personas creía que la concha de tortuga provenía de una piedra de mar. Allí descubrimos que más allá de informar sobre la situación, teníamos que educar y sensibilizar a la gente sobre las tortugas carey en las instituciones”, explica la investigadora.
No fue fácil llegar al corazón de esas instituciones. Las entidades transferían una a la otra la responsabilidad de hacer cumplir las leyes sobre el tráfico de especies. Finalmente invitaron a la Procuraduría General de la Nación y poco a poco lograron trabajar de manera coordinada, relata Karla.

Cristian Ramírez impartiendo instrucción sobre la conservación de las tortugas carey.
“Creamos una red en la que se encontraban diferentes departamentos de la Policía Nacional, tres entidades ambientales (dos locales y una nacional), la entidad de turismo local de Cartagena, varios secretarías de la Alcaldía Mayor de Cartagena de Indias, y de la gobernación de Bolívar”.
Como necesitaban recursos, presentaron un primer diagnóstico de la situación del comercio de tortugas de carey (2008 a 2011) en el Simposio Internacional de Tortugas Marinas-2012, en Huatulco, México.
“Allí, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) mostró interés en lo que estábamos haciendo y a finales de 2014 obtuvimos fondos del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos para el proyecto junto con esta organización. En 2014 presentamos la propuesta a El Estado Mundial de las Tortugas Marinas (SWOT), que proporcionó una pequeña subvención”.
Con las dos becas internacionales, ejecutaron estrategias en alianza con aliados nacionales y locales como estudiantes de biología de la Universidad de Cartagena, funcionarios de Parques Nacionales de Colombia, Policía Ambiental y Ecológica de Colombia – Cartagena, La Armada de Colombia, Guardia Ambiental de Colombia – Cartagena, Establecimiento Ambiental Público de Cartagena (EPA), Corporación Autónoma del Canal del Dique (Cardique) , Corporación de Turismo de Cartagena (Corpoturismo) y Alcaldía de Cartagena, entre otros.

La Policía Ambiental de Cartagena es uno de los actores que controla el tráfico ilegal de tortuga.
Mientras avanzaban en su objetivo, se dio a conocer el informe del 2017, Endangered Souvenirs – Turtleshell For Sale In Latin America, en el que se reveló que Colombia fue el segundo sitio más grande para este comercio en la región, después de Nicaragua, según los datos obtenidos en dichas encuestas. Es importante mencionar que solo se evaluó Cartagena, si no sería el país con mayor tráfico para la región.
Es así como, en el mismo año, empezaron a trabajar con la organización SEE Turtles, que a la fecha promovía su propia campaña «Too Rare to wear«, para reducir la demanda de la concha de tortuga en todo el mundo.
«See Turtles, sigue siendo nuestro gran aliado desde ese momento, tanto así, que en el 2018, visitamos el proyecto e hicimos un recorrido por gran parte del Caribe colombiano, evidenciando la necesidad de continuar trabajando en equipo para frenar el tráfico de carey», indica Barrientos.

Fruto de este trabajo, comenta Cristian, ahora muchas de las tiendas, artesanos y vendedores que anteriormente comerciaban objetos de carey, han prometido no vender más estos productos.
“Hemos certificado sus tiendas con una denominación ambiental que dice: «No vendemos productos de tortuga«, que ellos exhiben con orgullo en sus locales. Esto ofrece a los viajeros una alternativa para hacer sus compras de recuerdos y ejerce presión sobre las tiendas restantes y los vendedores para dejar de ofrecer esos artículos”.
En este momento ya han certificado a 51 tiendas de artesanías sin tortugas, en la capital de Bolívar y esperan extenderlo en el resto del país. No solo en las ciudades costeras se venden carey.

Cristian Ramírez y la Policía Ambiental dialogan con comerciantes de tiendas de recuerdos en Cartagena. Foto: Fundación Tortugas del Mar.
Los biólogos siguieron en la última fase de su proyecto, a la que llamaron Fortalecimiento de la capacidad de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley.
Realizaron talleres teórico-prácticos para la identificación de la concha de tortuga genuina frente a productos falsos (sintéticos). En estos talleres capacitaron a personal de diferentes entidades que, dependiendo de la ubicación geográfica, asumían la responsabilidad de controlar el tráfico de especies en Colombia.

Una de las estrategias de Tortugas del Mar para combatir el tráfico de tortuga carey es instruir a pescadores, artesanos y comerciantes sobre la urgencia de proteger a esta especie que se encuentra ‘En Peligro Crítico’ de extinción.
Muchas de las personas entrenadas nunca habían visto una tortuga marina de manera directa. “Lo primero que hicimos fue hacer que la gente se enamorara de la tortuga con muy buenas imágenes y videos, mostrando su papel en los ecosistemas y lo que pasaría si dejaran de existir. Luego se les enseñó la cruel manera en que mueren en manos de la industria de la artesanía”, explica Karla.
También los instruyeron sobre regulaciones legales que protegen a las tortugas marinas a nivel nacional e internacional y todas las pautas que deben ser consideradas para la correcta identificación de las artesanías genuinas de concha de tortuga.
No se quedaron ahí, salieron con los funcionarios a visitar los lugares donde se comercializaba la artesanía para reforzar lo aprendido y poner a prueba sus nuevas habilidades. Entonces acompañaron a las autoridades a operativos de incautación de artesanías y otros productos de tortuga carey.
En la primera acción realizada en diciembre de 2015, contaron más de 536 piezas de concha de tortuga entre joyas y grandes utensilios de cocina.

Incautación de objetos de tortuga carey en una venta de Cartagena, en operativos realizados en 2019. Fotos: Tortugas del Mar.
En el último operativo realizado en julio de 2019, solo hallaron 28 piezas de este tipo de joyería.
Después de este proceso de 12 años de trabajo con artesanos y comerciantes en Cartagena, Karla considera que la campaña ha valido la pena por lo que deben continuar:
“La ciudad redujo en un 95 por ciento la venta de artesanías de carey. De un promedio de 2.900 a 3.500 productos a la venta en 2015, el número medio de productos ofrecidos en 2019 fue de 120-220 piezas. Es un gran esfuerzo, que con paciencia, dedicación y trabajo articulado se convierte en referente para Latinoamérica, de que sí es posible. Un ejemplo que es símbolo de esperanza para otros lugares de la región que buscan reducir la comercialización de tortugas marinas. Con esto, Colombia pasa a ser el país latinoamericano que más aportó para bajar el tráfico de subproductos de la tortuga carey”.

Antes de la pandemia Karla y Cristian volvieron a las cálidas calles de San Diego, Getsemaní y La Matuna, ahora en plan de capacitación a los viajeros. Les advierten sobre los riesgos legales al comprar artesanías de conchas de tortuga y los nefastos daños que trae la captura ilegal del reptil. Ellos ya no van solos, lograron trabajar con varias instituciones y funcionarios del Establecimiento Público Ambiental de Cartagena (EPA) y la Policía Ambiental.
¿QUÉ DICE LA LEY?

Fotografías: ©Fundación Tortugas del Mar
Decenas de jóvenes colombianos participan en la primera huelga #FridaysforFuture para exigirle al gobierno nacional acciones urgentes que mitiguen los efectos del cambio climático.
Este movimiento desarrollará una serie de manifestaciones los días viernes, en Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Bucaramanga y Tunja, primeras ciudades del país donde se realizarán actividades alternas a las marchas en 100 países del mundo.
Participan estudiantes organizaciones no gubernamentales, animalistas, la Red de Universidades Públicas, la Red de Colegios Distritales, las universidades privadas, grupos ecológicos, sociales y culturales.
En la capital colombiana los jóvenes le pedirán al Ministerio de Ambiente la «declaratoria de emergencia climática» y este lunes radicarán un documento con las peticiones.
“La ONU dio un plazo para tomar acciones contra el cambio climático hasta 2030, si estas no se cumplen, no habrá otra oportunidad. Tendremos 12 años para mitigarlo, reducir los gases efecto invernadero y tomar muchas acciones más que defiendan la vida en el planeta, manifestó Diego Leal García, uno de los líderes en Bogotá. En esta ciudad, el punto de encuentro será este viernes 15 de marzo (15M) en las afueras del planetario Distrital, a las 6 de la tarde, donde aspiran reunir unos 2.500 jóvenes, quienes firmarán lo que han denominado “el gran pacto de esta generación contra el cambio climático”.
“El llamado al ministro de Ambiente, Ricardo Lozano es que asuma políticas reales frente a este fenómeno porque la casa está en llamas y si no tomamos medidas ya, mañana será demasiado tarde”, comentó.
Todo comenzó en agosto de 2018, cuando la joven sueca Greta Tintin Eleonora Thunberg, la más joven en participar en el Foro de Davos (Suiza), se cansó la poca acción de los gobiernos y comenzó su propia huelga escolar en las puertas del Parlamento sueco pidiendo a los partidos políticos que actuarán con urgencia para frenar el cambio climático.
Después, en la 24ª conferencia sobre cambio climático organizada por la ONU en Katowice (Polonia), con sus contundentes palabras impactó en los adultos y propagó un movimiento que inspiró a jóvenes de muchas naciones que han multiplicado su iniciativa por todo el mundo.
El grupo de estudiantes que organiza el movimiento en Bogotá expidió un comunicado en el que explica que esta generación se ha contagiado de justicia climática: “Cada viernes, inspiradoras estudiantes se han ido sumando a lo que llaman las huelgas por el clima o los viernes por el futuro #FridaysForFuture. Y llevan tres meses con unas movilizaciones de estudiantes masivas por Europa que ponen los pelos de punta de emoción: 75.000 personas en Bruselas (Bélgica), más de 10.000 en La Haya (Holanda) y 30.000 en Berlín (Alemania), con ecos en otras partes del mundo como Estados Unidos y Australia”.
Hoy se realizan grandes movilizaciones en toda Europa. “Quieren pruebas reales de que los gobiernos y los poderes económicos por fin van a crear un plan de políticas ambiciosas para dar respuesta a la urgencia reclamada por los científicos. ¡Y las quieren ya! Su lema es: “cambiemos el sistema, no el clima”.
Accionantes de la primera #TutelaCambioClimático de América Latina se unen al movimiento global #FridaysForFuture este #15M con una petición clara: #FrenemosLaDeforestación cambiando la meta que puso el @IvanDuque en su Plan de Desarrollo. @GretaThunberg @CesaRodriGaravi pic.twitter.com/24Mu75bw0L
— Dejusticia (@Dejusticia) 13 de marzo de 2019
¡Esta corriente imparable llega para quedarse! ✊🏾🌍 #FridaysForFuture #15MClimáticopic.twitter.com/UF9Gi9zZqL
— PACMA (@PartidoPACMA) 15 de marzo de 2019
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— Benjetariano (@SenorXylo) 15 de marzo de 2019
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Foto superior: FridayForFuture Guadalajara
©Cristian Ramírez / Fundación Tortugas del Mar
Natalia Acosta / Mongabay Latam
Playa Blanca en la isla de Barú es uno de los destinos turísticos preferidos de colombianos y extranjeros que viajan por el Caribe del país. Debido a su cercanía con la ciudad de Cartagena, este lugar recibe diariamente a miles de visitantes atraídos por su arena limpia y sus aguas cristalinas. Sin embargo, ese turismo desenfrenado está causando graves impactos tanto en la costa como en el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo, con el que limita.
Corales del Rosario es un área protegida, considerada uno de los ecosistemas marinos más diversos de Colombia. En sus 120 000 hectáreas alberga una impresionante riqueza natural representada en bosques costeros de manglar, extensos pastos marinos, diversidad de invertebrados y una multitud de peces multicolores. Además, en él se encuentra el 84% de los corales de la plataforma continental del Caribe colombiano, que actúan como barrera y mitigan el impacto de la erosión costera.
Pero, ¿por qué lo que se conoce como un lugar de ensueño se ha convertido en los últimos años en un caos social y ambiental? Uno de los principales motivos fue la construcción, a mediados de 2014, de un puente que comunica a la Isla de Barú, donde se ubica Playa Blanca, con Cartagena, uno de los principales destinos turísticos del país.
Este hecho elevó significativamente la cantidad de turistas que la visitan, convirtiendo a la playa en una “bomba de tiempo”. Cuando explotó, dejó como principales afectados a este privilegiado ecosistema y, particularmente, a la casi extinta tortuga Carey (Eretmochelys imbricata). La sobrepesca, la contaminación lumínica, el incremento en la infraestructura costera y el mal manejo de los residuos, son algunas de las consecuencias del turismo desaforado en el sector.

Miles de turistas llegan diariamente a Playa Blanca atraídos por su arena tersa y sus aguas cristalinas. Aunque la capacidad de carga es de 3124 personas diarias, muchas veces llegan hasta 14 000. Foto: Ministerio de Ambiente de Colombia.
De acuerdo con un estudio de Parques Nacionales realizado en 2016, la capacidad de carga del lugar es de 3124 personas diarias, pero en temporadas altas la cifra puede llegar hasta los 14 000. El informe también arrojó que, para marzo de ese mismo año, el 12% del área estaba ocupada. No obstante, en recorridos realizados por funcionarios de la misma entidad en el primer trimestre de 2017, se evidenció que la invasión por infraestructura se había extendido al 90% de la zona previamente demarcada para la anidación de las tortugas.
Para contrarrestar la situación, el pasado 16 de mayo el Ministerio de Ambiente, a través de la resolución 0774, ordenó el cierre de una franja de 1,1 kilómetros al norte de Playa Blanca, con el fin de mitigar los graves problemas ambientales registrados allí, los cuales ponen en riesgo la conservación del ecosistema y, especialmente a esta tortuga que se encuentra en peligro crítico de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
De acuerdo con el documento, las principales causas que llevaron a esta decisión son: el deterioro de los hábitats de las tortugas, la contaminación de las aguas de las lagunas, el aumento de la infraestructura costera y la iluminación artificial. Además, el turismo descontrolado ha provocado la extracción de huevos y captura de hembras en el periodo de anidación -de mayo a noviembre, principalmente-, lo que se ha agravado con el continuo flujo de embarcaciones y el comercio para fines artesanales de esta especie.
Pero esta medida del Ministerio no es el primer intento nacional por salvar y conservar ese ecosistema. En 2015, la Presidencia de la República coordinó varias reuniones interinstitucionales con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, la Armada Nacional, Parques Nacionales Naturales (PNN), la Alcaldía de Cartagena, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la Policía Nacional, la Corporación para el Desarrollo Playa Blanca-Barú (Corplaya) y la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique (Cardique), entre otras, para lograr que las entidades con incidencia en la zona actuaran en el marco de sus competencias.
En ese mismo año, Parques Nacionales elaboró un plan de recuperación para contribuir al ordenamiento, manejo y control de Playa Blanca con los componentes turístico, ambiental, jurídico y social y con la propuesta de la infraestructura requerida. La guía se socializó con diferentes instituciones regionales, estableciendo acciones y responsables para enfrentar la problemática.

El año pasado, la Procuraduría General de la Nación le ordenó a Parques Nacionales prohibir de manera temporal el ingreso, por medio de transporte marítimo, de visitantes y prestadores de servicios turísticos al área protegida. Pero esta medida fue suspendida tras una acción de tutela -mecanismo para la protección de los derechos constitucionales fundamentales, aún aquellos que no se encuentren consagrados en la constitución, cuando estos resulten vulnerados o amenazados por acción u omisión- interpuesta por un representante del Consejo Comunitario de Playa Blanca, quien argumentó que se estaba vulnerando el derecho a la consulta previa.
Pese a todas estas iniciativas, la situación en la zona no ha mejorado. Según el propio Ministerio de Ambiente, la falta de gobernabilidad en este concurrido sector impide el progreso de las medidas. Una de las dificultades es que la jurisdicción de las autoridades está dividida. Por un lado, el área protegida se rige bajo las medidas de Parques y por otra parte, Playa Blanca depende de la corporación Cardique -que ejerce autoridad en términos ambientales- y de la alcaldía de Cartagena.
Mientras tanto, el fenómeno avanza a pasos agigantados y una de las principales víctimas es la tortuga Carey. Se trata de una especie migratoria cuyo proceso reproductivo depende, en gran medida, del buen estado del ecosistema. Como explica Stephanie Pauwels Romero, directora del Parque Corales del Rosario, “la inclinación, la calidad de la arena y la intensidad del sol son ideales para el proceso de anidación de esta especie”.
Esta tortuga marina es una de las más amenazadas a nivel mundial debido al consumo de su carne y al uso de su caparazón para fabricar artesanías. Según un diagnóstico realizado por Parques Nacionales Naturales en 2017, su importancia para el ecosistema radica en el control de esponjas que compiten por espacio con el arrecife de coral, motivo por el cual la tortuga ha recibido el apodo de centinela del mar. Además, en el momento de la eclosión de los huevos, estos animales dejan nutrientes en la playa para el desarrollo de la vegetación local.
Sin embargo, la presencia masiva de turistas en la playa, la contaminación lumínica irradiada por los hoteles y el ruido se convierten en obstáculos para que la tortuga pueda llegar a su objetivo. Solo un dato refleja la magnitud del problema: mientras que en 2008 los funcionarios del Parque contabilizaron alrededor de 15 nidos, en 2015 apenas encontraron uno.

Funcionarios de Parques Nacionales Naturales contabilizaron 15 nidos de tortugas Carey en 2008, en 2015 apenas encontraron uno. Foto: Parques Nacionales Naturales de Colombia.
Cada nido tiene en promedio 180 huevos, de los cuales 100 o 120 eclosionan. Las pequeñas tortugas nacen y de inmediato regresan al mar. “Ellas tienen incorporado en su organismo el mapa del lugar donde nacieron y allí regresan posteriormente a anidar. Por eso es tan importante la conservación de esa zona para la supervivencia de esta especie”, agrega Pauwels Romero.
Pero la tortuga Carey no es la única afectada con la situación. Según Pauwels, la actividad turística también está generando graves impactos en el área marina protegida. “Hemos encontrado sedimentos en los corales, hay sobrepesca por la alta demanda de alimentos para los visitantes y una impresionante contaminación submarina. Además, los servicios de ‘careteo’ los prestan personas que no están capacitadas, por lo que no tienen en cuenta la sobrecarga en el ecosistema ni los impactos de su presencia sobre estos lugares tan sensibles”.
A pesar de los argumentos entregados por el Ministerio de Ambiente, no todos están convencidos de que el cierre de una franja de Playa Blanca sea la decisión apropiada para revertir el daño que está causando el turismo masivo en esa zona del Caribe colombiano. Según Karla Barrientos, directora científica de la Fundación Tortugas del Mar y coordinadora de Widecast (Wider Caribbean Sea Turtle Conservation Network) para Colombia y una de las personas que más conoce esta problemática, “Playa Blanca y sus ecosistemas aledaños están totalmente degradados, y el daño es casi irreversible. Necesitamos darle un respiro a la playa, el cierre y manejo son urgentes, pero la justificación no puede ser exclusivamente la tortuga carey”.
De acuerdo con Barrientos, existen razones técnicas y científicas que no se están teniendo en cuenta. La primera tiene que ver con lo que en el ámbito biológico se conoce como un sitio de anidación. Según dice, una de las condiciones es que hayan más de 20 nidos en una misma temporada. Una cifra lejana a la que, según el Ministerio y Parques Nacionales, se encontró en la época de mayor afluencia de estos animales en Playa Blanca. “Los conteos realizados indicarían que se trata de una zona a donde las tortugas acuden esporádicamente a depositar sus huevos”, explica la experta.
También agrega que posiblemente hace 20 años el lugar sí era importante para la especie, pero que la falta de control y vigilancia por parte de Cardique -entidad encargada-, el consumo desmedido de carne y huevos, y el uso de su caparazón para la elaboración de artesanías, lograron que Barú ahora no sea definido como un lugar de alta prioridad para su conservación.
“Nada nos indica que esto hará llegar más animales. Eso no lo sabemos porque falta monitoreo riguroso sobre preferencias de anidación, uso de hábitat o número de hembras anidantes, entonces debemos apostarle a un manejo más integral que incluya, entre otras, el monitoreo de otras playas del archipiélago de Corales del Rosario y de San Bernardo, así como educación ambiental en toda esta zona y sus zonas de amortiguamiento, dado que no hay una linea base fundamentada”, expresa.

El turismo no es lo único que está afectando a las tortugas Carey, el consumo de su carne y la utilización de su caparazón para fabricar artesanías también la tienen en peligro crítico de extinción. Foto: Parques Nacionales Naturales de Colombia.
Esa tensión de la que habla Barrientos es notoria en las declaraciones entregadas a Mongabay Latam por José David Miranda López, representante legal del Consejo Comunitario de Playa Blanca. Según él, “este lugar ha tenido un abandono total por parte del Estado y ahora vienen a hacer un cierre sin contar con la comunidad y sin hacer la Consulta Previa. Es una medida arbitraria para nosotros porque hay 800 personas que dependemos del turismo en la zona”.
El líder aclara que para ellos también es necesario tomar medidas para salvar a la tortuga Carey y a todo el ecosistema de Playa Blanca. “No es que nosotros estemos en desacuerdo con la protección de esta especie, al contrario, queremos colaborar con eso, pero le pedimos al Ministerio de Ambiente y a las organizaciones que están en pro del cierre que hagamos un plan para conservar el ecosistema donde la comunidad no se sienta afectada”.
De acuerdo con Karla Barrientos, para proteger a la tortuga Carey no es necesario cerrar esa franja de la playa. “Estos animales anidan en las noches y esa zona es generalmente usada como pasadía, es decir, los turistas llegan en la mañana y se retiran en las tardes. Quienes se quedan y los hoteleros tiene la obligación de no permitir que las personas caminen por la zona y apagar las luces. Incluso se podría hacer un plan en el que la anidación se tomara como excusa para vincular a los visitantes y a los nativos en un proceso de educación ambiental que promueva la importancia de conservar esta región”.
Para la experta, es importante mencionar que las tortugas Carey son animales migratorios y para ellas todo el Archipiélago y la misma Cartagena son fundamentales para su supervivencia. “El trabajo de monitoreo y educación ambiental de Parques Nacionales y sus aliados dentro del área protegida es importante, por eso aún tenemos tortugas en la zona. Pero están solos. Necesitamos un compromiso real en Playa Blanca, no sólo de las autoridades ambientales, sino de las entidades de turismo, el visitante y, por supuesto, las comunidades que dependen del territorio para su supervivencia”, señala.
Así pues, expertos y comunidades coinciden en que para proteger este ecosistema existen mejores alternativas que la prohibición del turismo. “Realmente necesitamos una educación para todas las personas que dependemos de la playa y requerimos también de un plan de manejo ambiental para todo el sector de Playa Blanca, no solo de los 1,1 km que cerraron”, agrega Miranda López.

El mal manejo de los residuos en la playa, ha llevado a la contaminación del ecosistema submarino. Foto: Parques Nacionales Naturales de Colombia.
A pesar de estos reparos, el Ministerio de Ambiente anunció el 23 de mayo que la medida del cierre está tomada y a través de un comunicado de prensa, la entidad informó que el 15 de junio debe estar listo el plan de acción, el cual debe contemplar medidas para garantizar el mínimo vital de los nativos que ejercen allí su actividad económica.
Por su parte, la Alcaldía de Cartagena, que en un comienzo criticó la resolución del 16 de mayo debido a las faltas de garantías para las comunidades, anunció que la administración ya se encuentra trabajando en el plan de cierre, cuyo objetivo es evitar traumatismos a los servidores turísticos que trabajan en Playa Blanca y al mismo tiempo, cumplir con la decisión del Ministerio.
“Hemos dado instrucciones específicas a nuestro equipo de trabajo para que caracterice cuántas son las personas y familias, que son operarios turísticos, y que eventualmente saldrían perjudicadas con esta medida, para que en estos siete meses (tiempo que durará el cierre por el periodo de anidación), podamos garantizarles unas condiciones de vida dignas”, expresó el recién elegido alcalde, Antonio Quinto Guerra.
El mismo día que el Ministerio afirmaba que este cierre no tenía marcha atrás, el Tribunal Administrativo de Bolívar, admitió una nueva tutela interpuesta por Miranda en la que argumenta que el cierre vulnera el derecho fundamental de las comunidades de la zona a una consulta previa.
Lo único cierto es que Playa Blanca no soporta otra solución a medias. Entre más pasa el tiempo menos posibilidades le quedan a la tortuga para sobrevivir y al ecosistema para mantenerse. Por ahora, la gran pregunta es si, después de tantos intentos, el Ministerio acertará con esta medida de urgencia que busca detener la degradación de este lugar paradisiaco que es vital para la salud ambiental del Caribe colombiano.
ALIANZA INFORMATIVA
MONGABAY LATAM – RED PRENSA VERDE
Samuel López López / RPV
Cartagena de Indias, Bolívar. Rafael Vergara Navarro es un apasionado por la defensa del medio ambiente. Nació en Cartagena de Indias el 13 de enero 1949. Es Abogado de la Universidad Externado de Colombia con especializaciones en Política Agraria, Administración Bancaria y Derecho Público.
Se destaca por su barba larga y blanca, su cabello recogido y una voz de trueno. Fue militante del M-19. En su época universitaria conformó un grupo para hacer cine «con las uñas» y participó en la realización de la película El Desalojo sobre la construcción de la vía circunvalar, en los cerros orientales de Bogotá.
También, en un guión colectivo de la que se considera fue la primera película de carácter ambiental en Colombia: Cementerio Largo que mostró el estado de contaminación del río Cauca y el ambiente por parte de empresas ubicadas en Yumbo (Valle).

Por amenazas contra su vida sufrió el exilio. Vivió en México durante 12 años y al regresar le impactó ver que el sector de Bocagrande, donde había vivido, estaba lleno de edificios con un alcantarillado no apto. Esto lo obligó a instaurar una acción popular contra los últimos cinco alcaldes de la época, por expedir licencias ambientales sin la factibilidad del servicio.
Estuvo encargado del Departamento Administrativo de Medio Ambiente, fue secretario general de Alcaldía y alcalde encargado en repetidas ocasiones. Ejerció como director encargado de Medio Ambiente, en esa ocasión creó el Establecimiento Público Ambiental de Cartagena de Indias (EPA), donde emprendió la lucha contra el comercio ilegal de mangle que se utilizaba para la construcción.
Quince años después de su paso por esas instituciones, Red Prensa Verde le pregunta sobre cómo ha avanzado la ciudad en la búsqueda de soluciones a sus principales problemas ambientales.
Para hacer frente a este fenómeno la ciudad tiene que ‘trascender de las palabras’, no es mucho lo que se ha avanzado en la cultura ambiental del cartagenero. Combatir el cambio climático no es exclusivo de ingenieros más bien es un problema de sociedad. Todavía hay comunidades que siguen haciendo rellenos y construyendo en las orillas. Acabar con el manglar que se encuentra dentro de la ciudad aceleraría más los impactos de este fenómeno, no han terminado de entender que es nuestro bosque, un bosque lineal que es mejor para nosotros porque es un aire acondicionado.
En la ciudad existen 26.000 familias ubicadas en zonas de alto riesgo que también ponen en peligro nuestros ecosistemas, por ejemplo: el Cerro de la Popa o el proyecto de la Quinta Avenida en el barrio Torices, donde dicen que ese proyecto no necesita licencia ambiental, pero están en riesgos 8 hectáreas de manglar.
El tema de cambio climático es uno de los mayores desafíos de Cartagena en 2018 porque no se toma como se debería tomar. Es necesario invertir en la reubicación de las personas, de esta manera eliminamos el riesgo y se realiza un proceso de recuperación de los territorios. El mayor reto está en la inversión para la adaptación y mitigación.
Ejercicio permanente de vigilancia y control en las zonas protegidas que están descritas en el POT, recuperación y reconstrucción ecosistémica de las zonas degradadas y voluntad política, recursos para dar cumplimiento a las resoluciones de restitución y recuperar todo el territorio que le han usurpado a la Nación y el Distrito. El Distrito tiene que institucionalizar un ecobloque que coordine la acción de todas las entidades que tienen que ver con la salud del medio ambiente.
Uno de los retos que tiene Cartagena en este 2018 es recuperar las zonas de protección costera que se encuentran en el POT. A pesar de que el POT de Cartagena está vencido, el nuevo documento tendrá en consideración lo mismo que el anterior y es conservar nuestras zonas.
Es clave tener claro cuál es la capacidad de carga de los ecosistemas que estamos explotando si seguimos interviniendo esos ecosistemas con la caja registradora porque esa máquina no le preocupan los impactos negativos en el medio ambiente. La prueba más evidente es la condición actual de la bahía de Cartagena todo estudio que hagan arroja resultados negativos.
La inversión del Canal del Dique va por buen camino y los estudios están bien realizados, pero se cuestiona cómo será la financiación de este proyecto. Esa obra le daría a la bahía una verdadera condición de bahía y no de estuario como es hoy. El Ministerio de Ambiente tiene que definir cuál es la capacidad de carga de la bahía de Cartagena.
Sin duda, las invasiones en el Cerro de la Popa es un tema que se debe controlar en Cartagena. Tenemos que controlar y judicializar a las personas que están incumpliendo con la norma y eso conlleva a la omisión de delitos. No puede ser que sigan las invasiones en la ciudad y no haya una reacción contundente del Estado.

Mangle
Falta mucha inversión financiera para generar más cultura ambiental, sin embargo, valoro profundamente todo el esfuerzo que se ha hecho. Quizá este sea el mayor reto de la ciudad. Hay que realizar campañas más fuertes y sostenidas para crear una conciencia colectiva en pro del medio ambiente.
El Fortalecimiento del EPA y la Policía Ambiental. El Establecimiento Ambiental Público de Cartagena debe contar con los recursos necesarios para su completo funcionamiento en estos momentos esos recursos los tiene Cardique. El Distrito tiene que asignar que el 100% de los recursos debe ser divido entre las dos entidades. Por otro lado, el distrito tiene que darse a la tarea de conformar una verdadera Policía Ambiental. La Policía Ambiental no son los dos policías que aparecen por ahí, se necesita un escuadrón que esté velando en los territorios y las invasiones. Debe haber una campaña implícita para recuperar los bienes de uso público, es más tiene que haber una gerencia que replantee para aprender y desaprender en materia ambiental en Cartagena.
Playa Blanca no es ningún reto sino una obligación; es la necesidad de ejercer la autoridad para poder organizar técnica y científicamente su uso y regulación. Se tiene que trabajar de la mano con las comunidades, pero ellas deben tener claro una cosa y es que ellos sobre la zona de bajamar los consejos comunitarios no son la autoridad. El pueblo, los hijos e hijas de ese territorio son los principales beneficiarios pero quien ejerce la autoridad es la autoridad que consagra la Constitución y la ley.
El Alcalde de Cartagena es quien gobierna en la Isla que es parte de la ciudad, tiene que ser partícipe pero la responsabilidad de ejercer in situ la autoridad es de Parques Nacionales porque eso es una zona de amortiguación del Parques de Corales y el mal manejo afecta los corales de la zona.
Que el presidente de la República de ejemplo en el cumplimiento de artículo 8 de la Constitución que ordena defender y proteger las riquezas naturales y culturales de la Nación y ordene suspender el trámite con el que pretenden que la ANLA autorice las destrucción de los corales para favorecer el interés de los portuarios. Abrir un nuevo canal es inadmisible.
Imagínate si con los alcaldes titulares frente al tema ambiental hay desidia y conformismo con la crítica situación, figúrate lo que sucede con los funcionarios de una administración cuando hay inestabilidad y jefes fugaces…..
©Colombia es Ciencia
La versión 58 del Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI), que se realiza del 28 de febrero al 5 de marzo, cuenta con una selección especial de películas donde el medio ambiente, la expediciones y la ciencia son protagonistas.
En Red Prensa Verde te contamos cuáles son los títulos que hacen parte del programa “Belleza y Creación”.
El realizador audiovisual Carlos Arturo Ramírez, registra el regreso después de 30 años del científico Carlos Castaño a la serranía de Chiribiquete, en el corazón del Amazonas, quien emprende una expedición en la que se reencuentra con los tepuyes, las formaciones geológicas más antiguas del planeta, y las pinturas rupestres que lo convierten en un lugar de altísimo interés arqueológico.
Proyecciones
● Mar 3 – 13:00 Casa 1537 Sala 2
● Mar 4 – 12:50 Cine Colombia ( Caribe Plaza)

De la directora, productora y periodista Clare Weiskop, es una reflexión del célebre científico Alexander von Humboldt sobre la mística de una expedición. Se trata de un viaje de reflexiones sobre la ciencia a través de la exploración de las sabanas y bosques de galería del río Tomo, que empieza en el Meta, atraviesa el Vichada y desemboca en el gran Orinoco.
Proyecciones:
● Mar 3 – 13:00 Casa 1537 Sala 2
● Mar 4 – 12:50 Cine Colombia ( Caribe Plaza, sala 6)
Este documental del director Juan Pablo Méndez encuentra el mejor escenario para sus reflexiones sobre conceptos como la vida, la muerte y el camino que se transita entre ambas. En la época de la Conquista un grupo de indígenas buscaba llegar al Amazonas desde los Andes escapando de las tropas españolas, y así abrió lo que hoy se conoce como Camino Andakí.
Proyecciones:
● Mar 1 – 12:10Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 2
● Mar 1 – 13:00Casa 1537 Sala 2
La documentalista Tiziana Panizza se cuestiona sobre el limitado alcance del ejercicio científico de conocer otra cultura, muchas veces anulando a quienes la han hecho posible. Con paciencia, el documental registra el presente del lugar y las huellas visibles y sutiles de una historia de despojo en la isla de Pascua.
Proyecciones:
● Mar 1 – 15:00Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 5
● Mar 2 – 15:50Cine Colombia (Caribe Plaza) 6
● Mar 5 – 15:30Casa 1537 Sala 2
Las directoras y fotógrafas Marie Pérennou y Claude Nuridsany plasman en Microcosmos una epopeya de los insectos, una película sobre el mundo que se desenvuelve ante nuestros pies y los grandes momentos de las pequeñas criaturas que lo habitan.
Proyecciones:
● Mar 1 – 15:40Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 4
● Mar 4 – 21:40Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 4
● Mar 5 – 13:00Casa 1537 Sala 2
Werner Herzog, que en su oficio de director ha sido siempre un aventurero, esta vez llega a una de las últimas fronteras: la Antártida. Durante el verano austral donde no anochece por cinco meses, el continente es habitado por una comunidad científica.
Proyecciones:
● Mar 4 – 18:40 Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 4
● Mar 5 – 11:00 Casa 1537 Sala 1
Samuel López / Red Prensa Verde
Cabildo de Membrillal, Cartagena de Indias. Una vez despojados de sus tierras en el cabildo de San Andrés de Sotavento, Córdoba, hacia el año 2000, la comunidad indígena zenú no sabía a dónde ir. Fue por influencia de algunos familiares que decidieron migrar a ‘La Fantástica’, como también denominan a Cartagena.

Leovigildo Castillo, cacique del cabildo de Membrillal en Cartagena. Fotografía: Samuel López.
El desplazamiento masivo de este grupo étnico fue causado grupos paramilitares que los amenazaron y les dieron 24 horas para salir de su territorio, relató a Red Prensa Verde, Leovigildo Castillo, capitán encargado del cabildo.
Él es un ‘pelao’ de 33 años a quien el cacique – su padre (foto)- le delegó la responsabilidad desde hace seis meses de representar a la comunidad indígena de Membrillal en la capital de Bolívar.
“A la terminal de Cartagena llegamos 45 familias y de allí empezamos hacer todas las denuncias correspondientes a la Fiscalía, Procuraduría y a todos los entes relacionados con nuestra problemática”, recordó el Capitán.
Desde ese momento los zenú, reconocidos por la confección del tradicional sombrero ‘vueltiao’, ya símbolo nacional, se sumaron a la lista de las víctimas de la violencia en Colombia.
“El conflicto armado ha hecho grandes sangrados de nuestra cultura, ya que han provocado el desarraigo de nuestros territorios ancestrales”.
Sufren el destierro y lloran el distanciamiento de su pueblo y sitios sagrados, por eso tuvieron que empezar a tejer una nueva historia comunitaria en Cartagena.
Para esta etnia el tejido es su pensamiento, de este depende el plan de vida que construyen con los niños, jóvenes y adultos, que conforman ya 104 familias.
En 2002 la comunidad formalizó el cabildo zenú asentado en el sector de Membrillal, en Cartagena. Hoy es el único resguardo indígena en esta ciudad reconocido por el Distrito, el Ministerio del Interior y el resguardo indígena de San Andrés de Sotavento.
Actualmente pocos saben que en la Ciudad Heroica hay un cabildo indígena y desconocen además que está ubicado a 15 kilómetros del centro histórico.
Cuando los indígenas llegaron a Membrillal sus allegados que les brindaron apoyo. Allí, un sargento pensionado de la Armada Nacional decidió cederles dos casas en ese mismo barrio.
El cacique Leovigildo buscó apoyo con la Alcaldía para obtener más terrenos y así fue que consiguieron un predio de 8 hectáreas, donde habitan actualmente.
Comenzaron a sembrar yuca, plátano, hortalizas, y por supuesto, su materia prima, la caña flecha con la que tejen los mundialmente famosos sombreros. Lo hicieron en la finca San Isidro, que arrendaron con opción de compra, con un pago anual de $1.600.000.
Pero, en agosto de 2017 la comunidad indígena nuevamente volvió a sentir el temor de ser desplazada, no por parte de grupos armados al margen de la ley, sino por el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) y autoridades de Policía, ante el incumplimiento en el pago del arriendo. Esto hizo que los dueños del predio iniciaran un pleito jurídico para sacarlos de ese terreno.

Cultivo de caña flecha, fibra para tejer el sombrero vueltiao. ©Samuel López.
“Dentro del proceso de desalojo, teníamos un contrato de arrendamiento que se cumplió en 2016, teniendo una prórroga y unos acuerdos con el alcalde Manuel Vicente Duque. Debido a esta situación se retrasaron las gestiones para la compra del terreno y las cosas no se dieron como queríamos”.
Durante el desalojo estuvieron presentes el ESMAD, la defensoría del Pueblo, la Personería Distrital, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, la Comisaría de Familia y la Policía de Infancia y Adolescencia, para garantizar los derechos de la comunidad.
“Todo esto lo hicieron sin respetar a las autoridades indígenas que tenemos una condición y jurisdicción especial que debe ser tenida en cuenta a la hora de un desalojo”.
Después del caos y la incertidumbre, la alcaldesa de la Localidad 3 de Cartagena, Patricia Zapata Negrete, anunció la suspensión del desalojo tras una reunión con los representantes del cabildo, propietarios del terreno y autoridades.
«No se ha solucionado el impase de una reparación, o de una indemnización como supuestamente dice el programa que se maneja. En realidad las familias que llegamos en situación de desplazamiento no hemos recibido esa atención”, insiste el Capitán.
Lastimosamente estamos en una política donde no miran lo ancestral o cuál es el origen de un pueblo o de una ciudad como Calamarí, hoy Cartagena, sino que mantienen intereses particulares, la élite y el Corralito de Piedra: Leovigildo Castillo.
Que el cabildo esté ubicado en la Ciudad Heroica no significa que cuenten con muchas garantías. “Yo creo que hubiese sido una buena oportunidad estar en una ciudad turística y más Cartagena para ser incluidos en los programas del Gobierno Nacional, pero no es así. Lastimosamente estamos en una política donde no miran lo ancestral o cuál es el origen de un pueblo o de una ciudad como Calamarí, hoy Cartagena, sino que mantienen intereses particulares, la élite y el Corralito de Piedra.
Si existiera de verdad una identidad no estuviéramos viviendo un desalojo ni exigiendo al Estado que nos miren, diciendo que aquí hay un pueblo ancestral”, expresa el capitán con indignación.
Otros miembros de la comunidad, quieren solución pero no de cualquier manera. “No queremos que nos envíen nuevamente a donde vivíamos (Córdoba), porque no sabemos la situación actual de ese lugar, ni quién esté al frente de esa zona. Ya aquí tenemos algo empezado y queremos que el gobierno nos solucione el tema de las tierras, aquí en Cartagena”, alega Rogelio Suárez, de 60 años, miembro del cabildo.

©Samuel López
Para los pueblos indígenas los pleitos resultan desgastantes y les impiden estar más pendientes de sus tradiciones y costumbres.
Al visitar el resguardo es evidente el ambiente cartagenero. Es difícil escuchar un porro o el sonido de los tambores; sí es notoria la música champeta, que ambienta el lugar, pareciera que niños y jóvenes fueran cartageneros y se les haya olvidado su origen indígena.
El líder del cabildo, advierte que a pesar de todo lo que han vivido, luchan por mantener sus tradiciones: “somos ley de origen, somos indígenas y nuestro pensamiento será buscar autonomía, basados en la ley de nuestros abuelos”.
Por eso trabajan con los niños de la comunidad en la escuela ancestral del cabildo para preservar su cultura.

©Samuel LópezDe esta manera, los sabios de la comunidad, como lo son considerados Leovigildo y su padre, tienen discípulos. Uno de ellos es Alberto Mogollón, otro ‘pelao’ de 16 años, de piel morena, cabello liso y con una timidez que no le permite mirar a los ojos.
Él, aprendiz de las costumbres y medicina ancestral, comenta: “Con lo que he aprendido voy al monte y consigo las matas para bañarme yo mismo. No tomo pastillas ni na´, consigo una matica, me hago una tomita y fuera”. Mirando al suelo explica que su propósito es llegar a ser sabio y curandero, un doctor de la medicina tradicional.

Foto: Artesanías de Colombia.
A su corta edad se ha convertido en un apoyo para los abuelos mayores. “Cuando vino el ESMAD yo no me metí en ese pleito, yo estaba con los abuelos mayores, ‘despertando a los ancestros para luchar y defendernos’”, comenta. ¿Cómo se despiertan? Eso hace parte de su identidad, lo mismo que la preparación de las bebidas, un tema del que no se habla.
Este clan indígenas también busca recuperar sus ceremonias, lo hacen los viernes y sábados por la noche, evocando rituales, bailes y utilizando trajes tradicionales.
Además, realizan talleres para niños y jóvenes enfocados en la enseñanza del tejido con caña flecha, lo mismo hacen con la recuperación de su lengua nativa. Para esto, desde hace cuatro años, adelantan procesos con especialistas de diferentes universidades.
Ese es el escenario en Membrillal, un sitio donde los zenú siguen tejiendo ese gran sombrero que representa su cultura.
Bajo la inspiración de la diversidad del Caribe, el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI) realizará su versión número 58, entre el 28 de febrero y el 5 de marzo.
Diana Bustamente, directora artística del FICCI cuenta que “el Festival, felizmente Caribe, celebra la exuberancia del trópico, lejos de cualquier exotismo: un trópico que contiene la complejidad no siempre feliz de esta floresta que como hogar ha albergado desde lo más bello hasta lo más sórdido, que ha visto nacer y perderse culturas enteras dentro de una selva que expande su voracidad a la voluntad de los hombres. Pero donde la vida y su misteriosa belleza lo sobrepasa todo”.
Esta edición promete ser un cuestionamiento a esta época donde nuevos muros se levantan por doquier, dice su Directora Artística.
«La vitrina para un cine que, como respuesta, expande sus fronteras, acogiendo los poderes de la imaginación incluso en el cine documental -que nos muestra los mundos posibles- un cine que florece con potencia y escarba justo en esos lugares donde nos es más incómodo ver o revisar.
Dicen los organizadores, que el FICCI 2018, #PuroVoltajeFICCI58 se revelará como su afiche: vibrante, impredecible, pero también enigmático y cuestionador.
En los próximos días se dará a conocer la programación oficial y Red Prensa Verde hará una selección recomendada sobre títulos relacionados con medio ambiente.
En la bahía de Cartagena se encuentra un gran tesoro. No es precisamente un baúl lleno de oro o un galeón desaparecido hace muchos años. Lo que está bajo el mar es una gran barrera de coral que ha soportado un gran volumen de contaminación durante muchos años: el arrecife de Varadero.
Para la comunidad científica es todo un misterio que este ecosistema se encuentre vivo porque contradice lo que muchos imaginan deben ser las condiciones ideales para el crecimiento y desarrollo de un sistema tan especializado: aguas cristalinas, bajos niveles de nutrientes y buena penetración de luz solar.
Este arrecife limita al norte con la bahía exterior de Cartagena de Indias y al sur con la zona de influencia del Parque Natural Corales del Rosario y San Bernardo, frente al corregimiento de Bocachica, zona insular de Cartagena. Se encuentra a 6 kilómetros de la desembocadura del canal de Dique que conecta la bahía con el río Magdalena. Tiene una dimensión de 1.8 km de largo y cerca de 300 metros de ancho.
Varios de los asentamientos masivos encontrados en el arrecife pertenecen al género de coral hermatípico Orbicella. Según investigaciones realizadas por el equipo de inmersión liderado por la bióloga Valeria Pizarro, directora ejecutiva de la Fundación Ecomares, se registran más de 30 especies de corales duros (scleractinianos).

©SalvemosVaradero.org/ValeriaPizarro
Varadero recibe un estimado de 400 metros cúbicos por segundo de sedimentos y 6 millones de toneladas por año del río Magdalena. Lo más curioso es que esta situación no ha sido impedimento para que este ecosistema se haya mantenido en buenas condiciones.
Para Bladimir Basabe, líder de la iniciativa #SalvemosVaradero, el arrecife “Tiene en el primer metro de profundidad una capa de sedimentos que viene directamente del canal del Dique, estos materiales absorben el calor suficiente para poder mantener a ese ecosistema a una temperatura ideal para que los corales puedan seguir viviendo”.
Quiere decir que “Después de ese metro y medio de profundidad probablemente la temperatura ideal para esos corales ha sido constante durante varios años, esa podría ser una razón por la cual el arrecife coralino de Varadero no ha sufrido blanqueamiento ⸺fenómeno que afecta los corales producido por el estrés ocasionado por altas temperaturas provocando la despigmentación del coral⸺ como si lo han vivido los arrecifes de Barú y los del archipiélago de Nuestra Señora del Rosario, incluso los que están dentro del Parque Nacional Natural de San Bernando”, explica Basabe.

Bahía de Cartagena
Todo empezó cuando la bióloga Valeria Pizarro, fue contratada por una empresa encargada por Procanal para el diseño y estudio del impacto ambiental de la construcción del segundo canal de acceso a la bahía de Cartagena.
En las inmersiones Pizarro descubrió que en ese lugar no había parches de coral sino un sistema arrecifal entero hasta el norte de la Isla de Barú. Fue ahí cuando decidió renunciar a la firma Aqua & Terra consultores para dedicarse a investigar sobre este ecosistema.
A pesar de haber resistido toda la contaminación de la bahía de Cartagena, ahora Varadero se encuentra amenazado por un plan para el dragado de un canal, intervención que podría poner en riesgo toda esa biodiversidad.
“Este año comenzó a saberse mucho más de la intención de Procanal para la construcción de lo que hoy se conoce como la variante del canal de Bocachica es decir, quieren incluir el proyecto de dragado a la licencia ambiental vigente que tiene el canal. Estamos hablando de un proyecto de dragado nuevo que debería tener una licencia y estudio de impacto ambiental nuevo”, alegó Bladimir Basabe.

©SalvemosVaradero.org/ValeriaPizarro
Ante esta situación, Basabe decidió emprender la iniciativa digital #SalvemosVaradero con un único propósito: Salvar este ecosistema y buscar alternativas a la construcción del segundo canal de acceso a la bahía de Cartagena.
El 13 de julio del 2017 creó la iniciativa. Así mismo los documentalistas Daniel Jaime y Santiago Ramírez iniciaron el trabajo de promoción y los videos que se publicaron en Yahoo España y Playground con más de un millón de visitas.
A tan solo cuatro meses de haber inscrito la petición en la plataforma digital Change.org consiguieron 20 mil firmas, las necesarias para que fuera avalada por el Ministerio del Interior en su programa de ‘Causas ciudadanas’.
“A los ciudadanos no solo hay que escucharlos cuando protestan, sino también cuando proponen. Decenas de miles de personas impulsan causas, a diario, en las redes sociales. Sin embargo, todo se queda en muchos Me gusta», indicó el Ministerio, que creó #CausasCiudadanas en la que invita a la comunidad a proponer peticiones que requieran atención inmediata del gobierno.
Para participar, las iniciativas deben inscribirse, conseguir 20 mil apoyos con el fin de tener asesoría del Viceministerio para la Participación e Igualdad de Derechos que visibiliza la causa y la tramita ante las entidades responsables.
Al lograr este objetivo, el viceministro del Interior Luis Ernesto Gómez Londoño se reunió con Bladimir Basabe, Rafael Vergara y Soledad Buelvas para estudiar cómo ha sido la iniciativa y definir las entidades a quienes compete trabajar este tema.
El 22 de septiembre del 2017, Bladimir Basabe, líder de esta campaña recibió a nombre de Salvemos Varadero, el Premio Nacional a la Movilización Digital en la categoría Ambiente otorgado por el Ministerio de Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones, en Bogotá. Es la tercera iniciativa en el país en alcanzar este número de firmas.
#SalvemosVaradero cuenta con las siguientes líneas: Movilización social digital, educación y comunicación, investigación, coordinación interinstitucional y legislación.
https://www.facebook.com/PlayGroundMag/videos/1532797540093450/
Entre tanto, la petición fue entregada desde Change.org a la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla), el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, la Presidencia de la República, la Subdirección de Permisos, Instrumentos y Trámites Ambientales, el Grupo de Permisos y Trámites Ambientales, la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique, la Alcaldía de Cartagena de Indias, entre otras entidades.
“Varadero es un gran patrimonio ecológico de la Nación, es obligación de todos los colombianos y del Estado protegerlo, no es nuestro. Le pertenece a nuestros hijos y nietos, y a las generaciones venideras. Esa casa de la biodiversidad tiene que ser protegida, y ese es el empeño en la cual estamos todos nosotros: te invitamos a ti”, consignó en la página web del arrecife Varadero, Rafael Vergara, ambientalista cartagenero.