Inició como un proyecto universitario y se transformó en ‘Julieta’, una tecnología que ayuda a las mujeres a detectar la enfermedad de forma temprana.
Valentina Agudelo Vargas tenía 21 años cuando inició un proyecto teórico para realizar un diagnóstico temprano del cáncer de mama. Era 2018 y finalizaba su carrera de administración de empresas en el Colegio de Estudios Superiores de Administración (CESA).
La idea del proyecto surgió al tener dos casos cercanos: las madres de sus amigas que presentaban la enfermedad y, a la vez, tenían el privilegio de acceder a la atención temprana, contar con los mejores médicos, recibir un diagnóstico más preciso y acceder a tratamientos oportunos. «En ese momento ellas se salvaron, un caso excepcional en Colombia», consideraba entonces la estudiante.
Por el contrario, veía también el caso de Juana, una trabajadora de su casa a quien le une un gran lazo desde la infancia. Sus siete hermanas vivían en el municipio de San Marcos, Sucre, pero nunca se habían hecho un examen de tamizaje porque allí no había acceso a la atención de salud y, menos aún, mamógrafos.
Ella pensaba: ¿Qué pasaría si algún día Juana necesitara acceder a una tecnología de detección y viviera en un lugar donde no hubiese ayuda cerca? ¿Tendría que viajar horas? ¿Tendría acceso a una cita? ¿Podría hacerlo a tiempo?

Acortar distancias
Al comprender la existencia de una brecha social, la joven asumió el reto de buscar una alternativa para las mujeres que, en zonas rurales o con acceso limitado a servicios de salud, llegan tarde al diagnóstico del cáncer de mama.
Así surgió la idea de crear una tecnología que pudiera acercarse a las mujeres y no esperar que fueran al sistema de salud. San Marcos, Sucre, era casi el símbolo de esa idea; creía que, si algún día pudieran llevar ese desarrollo hasta allí, también podrían llevarlo a muchos otros lugares.
Siguió investigando y, con el tiempo, fundó la empresa Salva Health. Para ella, el problema no era solamente tecnológico, sino también de acceso, infraestructura, distancia, costos y capacidad de los sistemas para atender oportunamente a todas las mujeres.
Esta innovación le ha permitido figurar entre las startups más innovadoras de Latinoamérica durante 2023, ganar el premio al Impacto y la equidad en salud en 2024 y Princesa de Girona en 2025. Este año, es una de las ganadoras del premio Mujeres emprendedoras de Latinoamérica de la Fundación Bayer, impulsado por la Red Impact Hub, que la seleccionó junto con 14 más, entre 1.172 candidatas que abordan desafíos urgentes en salud y seguridad alimentaria, en todos los continentes.
Red Prensa Verde conversó con Valentina Agudelo, la joven emprendedora que, después de ocho años, cumplió su sueño y desarrolló ‘Julieta’, un dispositivo portátil con inteligencia artificial (IA) que facilita la detección temprana del riesgo de cáncer de mama.

Partamos de la primera idea…
La teoría consistía en crear un mecanismo para acercar a las mujeres a los exámenes. En ese momento incluso pensamos en hacer un brasier para detectar el cáncer de mama.
Esa era la parte teórica del sueño de una joven administradora. De ahí, todo fue evolucionando y me obsesioné con la idea. Yo sentí un llamado de la vida. Pensaba: esto es una injusticia social y yo tengo la oportunidad de afrontarla. Por ahí arrancamos, creando un equipo de expertos capaz de fabricar la tecnología.
¿Qué es Julieta?
Es un dispositivo que busca eliminar las barreras de acceso que existen entre las mujeres y los exámenes diagnósticos de cáncer de mama. Así es como nace Julieta.
Hoy es un equipo de 30 personas, entre ingenieros, médicos y epidemiólogos especializados, dedicado a la fabricación de tecnología médica. Todo nace de ahí: entender que teníamos la capacidad para desarrollar tecnología, cerrar estas brechas y aprovechar las plataformas tecnológicas.
¿Cómo evolucionó?
Julieta es un examen que, si bien no nos va a reemplazar los exámenes diagnósticos, sí ampliará su alcance. El fin es identificar a tiempo a las mujeres en riesgo y salvarles la vida. No necesita internet, no necesita conexión a la red eléctrica, no necesita personal especializado y, desde el lado de la mujer, resulta completamente indoloro. No es invasivo y, para ella, será una experiencia que, en solo 2 minutos y medio, le permitirá determinar si tiene un riesgo real o no. Es un examen que puede llegar a San Marcos, Sucre y quedarse.
¿Cuál es el papel de la inteligencia artificial en ese procedimiento?
Dentro de lo que hemos hecho nosotros, digamos que hay algo de lo que yo estoy muy orgullosa: no creamos tecnología por crearla. Entonces, este no es un dispositivo de tecnología de punta porque sí, sino porque lo necesitamos. Tenemos la IA en distintos frentes.
Cuando se habla de inteligencia artificial, se trata de una sombrilla tecnológica gigantesca y nos enfocamos en dos ramas. Una es la automatización y la otra, la predicción. Entonces, la predicción es la parte más intuitiva del examen, en la que, cuando se toman mediciones en los senos de las mujeres, se procesan y, en tiempo real, se le dice a la mujer si tiene riesgo o no.
¿Cómo actúa la tecnología bajo la piel?
Analizando las propiedades eléctricas del tejido y validando si dichas propiedades corresponden a comportamientos normales o a alteraciones del tejido mamario (malformaciones, tumores).
Esa es la parte predictiva del modelo; ahí se entrena a varios modelos de inteligencia artificial con distintas transformaciones matemáticas para que puedan realizar predicciones. Eso es el resultado del examen.

¿Y dentro del aparato?
Hay pasos previos que también requieren inteligencia y que son automatizaciones. Entonces, al colocarse en los senos de las mujeres, realiza una validación automática para confirmar que todos los electrodos están correctamente conectados. Por eso no necesita personal especializado. El dispositivo mismo se valida y realiza una doble verificación.
Una de conexión al inicio del examen y otra al final para garantizar que la mujer no se movió, no levantó el brazo ni presentó ninguna desconexión. E incluso, en caso de que pase, le va a decir al auxiliar de enfermería: Pilas, necesitamos que, en el seno derecho, superior izquierdo, vuelvas a conectar ese electrodo. Empezamos a darle herramientas de este tipo, en las que el dispositivo solo se valida, para que sea más fácil de implementar en cualquier lugar.
Pasa lo mismo, por ejemplo, cuando vamos a validar datos categóricos de pacientes, ya más clínicos. Toda esa parte la tenemos automatizada para que funcione en cualquier lugar y sin personal especializado. Son como los dos componentes de IA que tenemos.
¿Cuándo estará en el mercado?
Nosotros estamos muy orgullosos de este camino de investigación; lleva ocho años en desarrollo y un año y medio a la venta. Estamos trabajando en distintos canales. Tenemos un foco muy grande y también somos una empresa muy misional: queremos llegar a las mujeres que no tienen acceso a nada.
Está creado para Juana en San Marcos, Sucre. Entonces, ¿qué hacemos nosotros? Hacemos alianzas institucionales: pueden ser las secretarías de salud, las alcaldías, el ministerio, toda esa parte del gobierno, pero también pueden ser la Liga contra el Cáncer, la Fuerza Aérea, la patrulla aérea, Profamilia, por ejemplo, que son instituciones con alcance territorial.
¿Cómo funcionan las alianzas?
Nos aliamos con ellos y se convierten en los financiadores de nuestras lecturas. Entonces, hicimos, por ejemplo, un proyecto en Maicao, Guajira. Este es el municipio en Colombia o era el que tenía peor cobertura territorial de cáncer de mama en todo el país. Llegamos allá, logramos hablar con el gerente del hospital público de Maicao y a través de una alianza con ellos y la Secretaría, logramos financiar 3000 pruebas.
Así logramos subir el indicador, que estaba en 0, hasta el 23% de cobertura. No está todavía en el 40 ni en el 70, como debería estar, pero sí va muchos pasos adelante de lo que estaba hace 30 días, antes de que iniciáramos el programa. Y con esas 3000 pruebas se logró identificar a 42 mujeres que ya iniciaron la línea diagnóstica.

Ahí es donde uno empieza a ver esas transformaciones institucionales hermosísimas. Estas mujeres nunca se habían hecho nada en la vida; nos tocó traducir todo nuestro examen a wayuunaiki, o sea, fue una locura. Y con eso, digo que así se montan nuestras estructuras. Tenemos un pagador institucional y una red de colaboradores en sitio que nos permite llegar a esas mujeres.
¿El proyecto es para entidades oficiales?
Ese es nuestro primer canal: gobierno, ONG, apalancando hospitales públicos y secretarías de salud.
Y tenemos otro que está en la parte privada. El privado se divide en dos: uno es el corporativo y el otro es la mujer que lo paga de su bolsillo. En el corporativo también hay unos programas divinos que uno puede hacer.
¿Puede describir un ejemplo?
Hicimos uno en Crepes y Waffles, que uno no cree, pero la mujer que trabaja todo el día tampoco tiene tiempo para ir al médico. La mujer en Bogotá, que además tiene hijos, no va a ir al médico; nunca va a cuidarse. Entonces, ¿qué hacemos? Ir a la mujer a su lugar de trabajo. Fuimos a 53 puntos de venta y, en los lockers, les hicimos la prueba. Identificamos a nueve de ellas. Otra vez transformación institucional.
¿Qué fue lo que pasó? Creps, como empresa, financia las lecturas de sus mujeres, y nosotros, a través de alianzas con distintos servicios de enfermería, llegamos a los corporativos y hacemos las pruebas. Así, ya hemos hecho también una serie de, creo que son más de 20, empresas con las que hemos colaborado.
¿Se puede comprar de manera particular?
Es la tercera rama, esta ya es más pequeña, es un poco más premium pero ya es un servicio para que la mujer pueda pagar su propia lectura y la pueda adquirir en distintas IPS que tenemos ya, si no estoy mal son seis o siete ciudades en Colombia. Ya existen lugares donde Julieta está para que se puedan comprar las lecturas, e incluso en Bogotá y Medellín tenemos servicio a domicilio.
Las mujeres pueden escribir por WhatsApp, agendar su examen y les llevan a la toma de la prueba.
¿La persona se queda con el dispositivo?
En todos estos modelos vendemos solo la lectura y no el dispositivo. Y el motivo de eso es que nos permite que cada lectura sea más económica, muchísimo más accesible y escalable en los modelos porque podemos amortizar la inversión en los dispositivos más rápido.
¿Cuánto cuesta la lectura?
Depende si eres de pago particular como mujer, una prueba puede estar entre 40.000 y hasta 70.000 pesos. El domicilio, que es el más costoso y es individual, cuesta 100.000 pesos.
¿Con esta tecnología decimos adiós a las mamografías?
No, al revés: les decimos «bienvenidas» porque estamos otorgando más acceso. Entonces, ¿de qué se trata Julieta? Julieta no elimina las mamografías, pero sí amplía su alcance. Hoy lo que pasa con las mamografías es que nadie accede a ellas. Ya sea porque no tienen acceso o porque no se la quieren hacer. Lo que hace Julieta es permitir que las mujeres conozcan su salud mamaria y, a partir de ahí, tomen la decisión de hacerse una mamografía si la necesitan.
Ayuda también, por ejemplo, a las instituciones grandes a decir: Bueno, a Maicao no puedo llevar un mamógrafo, pero sí puedo traer a esas 40 mujeres y hacerles una mamografía. Esto crea un eslabón inferior o anterior a la mamografía y nos permite tener a más mujeres bajo cuidado, a más mujeres sin cobertura y priorizar las mamografías a las que necesitamos hacerles el examen. Es un complemento para ampliar la cobertura.
¿Cuáles son sus expectativas a futuro?
Creo que con Julieta veo realmente la oportunidad de que esto sea una solución de unos colombianos para el resto del mundo. Este es un cáncer que afecta, como mínimo, a la mitad de la población mundial. Y digo “mínimo” porque también hay hombres que pueden tener cáncer de seno. Entonces, hay una oportunidad gigantesca de que podamos expandir a Julieta; de hecho, ya lo estamos haciendo. Ya tenemos negocios en Guatemala y en Venezuela; estamos abriendo puertas regulatorias por toda Latinoamérica y sometiendo nuestro registro ante la FDA.
Julieta es un dispositivo que, por su naturaleza, debería estar en manos de todas las mujeres.

¿Qué otras proyecciones tienen?
Salva es nuestra empresa. Y sabe fabricar dispositivos médicos; entiende cómo funcionan las enfermedades sensibles a la detección temprana de alta prevalencia, como el cáncer de mama, y lo que queremos hacer es seguir fabricando dispositivos. Siempre hemos dicho que, si arrancamos con Julieta para el cáncer de seno, lo ra
zonable es hacer un Romeo para el cáncer de testículo. Entonces, para allá vamos. Queremos crear nuestras propias soluciones, tecnología con propósito.






