
CASTRIES – Los pequeños Estados insulares del Caribe afirman que la cumbre sobre el clima de este año ha vuelto a fracasar a la hora de transmitir la urgencia y la ambición necesarias para hacer frente a la creciente devastación climática en toda la región.
Desde la lentitud de la financiación climática hasta el frustrante estancamiento político, los líderes de los países insulares caribeños más vulnerables afirman que la 30 Conferencia de las Partes (COP30) sobre cambio climática no reflejó las realidades que viven a diario las pequeñas islas.
Jamaica se está recuperando del huracán Melissa, que causó pérdidas por valor de más de 30 % del producto interno bruto (PIB) del país y daños por valor de miles de millones de dólares.
Aunque el país pudo responder rápidamente gracias a un conjunto de herramientas financieras innovadoras para el desarrollo, entre las que se incluyen un bono catastrófico de 150 millones de dólares, un seguro paramétrico y un fondo de ahorro para catástrofes, su ministro de Agua, Medio Ambiente y Cambio Climático, Matthew Samuda, advierte de que la gran mayoría de las islas del Caribe no cuentan con mecanismos similares.
Durante un diálogo con periodistas en la reunión convocada por la consultora Island Innovation, titulada «Las islas, la brecha financiera climática y reflexiones sobre la COP30», Samuda afirmó que precisamente por eso las negociaciones globales deben centrarse en las experiencias vividas por los pequeños Estados insulares en desarrollo (Peid).
«Quizás estoy un poco más decepcionado de lo habitual al final de una COP, porque al ver lo que está pasando en Jamaica, lo que está pasando en Vietnam, los fenómenos meteorológicos extremos que se han producido en todo el mundo durante los últimos diez días, uno pensaría que la urgencia y los hechos que tenemos ante nuestros ojos habrían suscitado una mayor ambición», dijo el ministro.
Añadió en el encuentro posterior a la COP30 y seguido en Castries, la capital de Santa Luicia, que «desgraciadamente, el panorama geopolítico mundial no nos permitió ir mucho más allá».
Para muchas islas y territorios pequeños fue una ardua tarea el simple hecho de participar de forma significativa en la COP30, que se realizó entre el 10 y el 22 de noviembre en Belém, en la Amazonia brasileña.
Las Islas Vírgenes Británicas, al igual que otros territorios del Caribe, tuvieron que recurrir a socios, como la Organización de Estados del Caribe Oriental y el Centro de Cambio Climático de la Comunidad del Caribe, para obtener la acreditación y el acceso a las negociaciones.
«Intentamos dividirnos y cubrir todo lo que podemos», afirmó Ronald Berkeley, secretario permanente del Ministerio de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Cambio Climático. «Nuestra dependencia de los socios demuestra lo limitado que sigue siendo nuestro alcance», agregó.
Berkeley afirmó que, a pesar de los visibles y cada vez más graves efectos del cambio climático en el Caribe, sigue siendo difícil que los principales emisores comprendan la urgencia de la región.
«Para las islas pequeñas, esto es real. No estoy seguro de que muchos de los grandes actores nos crean», lamentó. «Hasta que no vivas la experiencia de ser casi reducido a la nada por un huracán de categoría cinco, nunca lo entenderás», agregó.
Las Islas Vírgenes Británicas han creado recientemente su propio fondo fiduciario para el clima, que cuenta actualmente con unos 5,5 millones de dólares estadounidenses, con el fin de hacer frente a algunas carencias financieras, pero Berkeley subrayó que esto no puede sustituir a una financiación climática fiable y a gran escala.
Los funcionarios caribeños se hacen eco de la misma preocupación: que la financiación climática existe sobre el papel, pero rara vez llega a las naciones pequeñas y vulnerables con la rapidez o la escala necesarias.
«En la COP se hicieron compromisos positivos, alrededor de 1,3 billones de dólares anuales para 2035 para la acción climática, la triplicación de la financiación para la adaptación y la puesta en marcha del Fondo de Pérdidas y Daños», dijo Mohammad Rafik Nagdee, director ejecutivo del Centro Caribeño de Energía Renovable y Eficiencia Energética.
Pero, añadió, «el elefante en la habitación es la brecha financiera mundial». «Incluso cuando existe acceso, no es accesible a la velocidad que exige la crisis climática. Los procesos son largos, los requisitos son pesados y los gobiernos pequeños simplemente no tienen la capacidad técnica», consideró.
Nagdee dijo que la región insular caribeña necesita «una mayor previsibilidad, vías más sencillas y financiación que esté realmente lista para desembolsarse».
Para Jamaica, que está saliendo de una de las tormentas más devastadoras de su historia, el desajuste entre los efectos del clima y la acción climática es evidente.
«En los últimos cuatro años, Jamaica ha registrado el día más caluroso de su historia, el día más lluvioso, las peores sequías, dos tormentas tropicales, un huracán de categoría 4 y ahora lo que podría clasificarse como de categoría 6», afirmó el minnistro Samuda. «Eso es el cambio climático en la realidad. Para nosotros no es un debate académico», subrayó.
Los líderes caribeños coincidieron en describir a la COP30 como «un coctel» de avances eclipsados por una falta de la urgencia adecuada.
«No podemos hablar de reconstruir mejor si los recursos llegan lentamente», dijo Nagdee.
Para los pequeños Estados insulares que viven en primera línea del calentamiento de los mares, el aumento de las temperaturas y las tormentas sin precedentes, el mensaje de la COP30 es claro y cada vez más familiar: el cambio climático se está acelerando y ya se está pagando el precio del retraso.
Eso a las naciones insulares caribeñas, en especial las más pequeñas, no hace falta una conferencia mundial que se lo diga.
ALIANZA INFORMATIVA
INTER PRESS SERVICE – RED PRENSA VERDE
La ONU afirma que redirigir las ayudas a los productores agrícolas, en lugar de eliminarlas, ayudaría a acabar con la pobreza, erradicar el hambre o lograr la seguridad alimentaria”.
Un nuevo informe de la ONU pide a los gobiernos redirigir $US470,000 millones de dólares de subsidios que se le otorgan al sector agrícola.
Según este organismo, el 87% de las ayudas agrícolas otorgadas distorsionan los precios del mercado y son perjudiciales para la naturaleza y la salud humana.
Así lo plantea la investigación, Una oportunidad multimillonaria: La readaptación del apoyo agrícola para transformar los sistemas alimentarios, presentado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Explica que el apoyo actual a los productores agrícolas consiste principalmente en incentivos de precios, como aranceles de importación y subsidios a la exportación, así como subsidios fiscales que están vinculados a la producción de una materia o insumo específico: Estos son ineficientes, distorsionan los precios de los alimentos, dañan la salud de las personas, degradan el medio ambiente y, a menudo, no son equitativos, pues colocan a las grandes empresas agrícolas por delante de los pequeños agricultores, una gran parte de los cuales son mujeres.
El documento revela que las ayudas destinadas a los productores del sector agrícola en el mundo ascienden a US$ 540.000 millones al año, lo que representa 15% del valor total de la producción agrícola. El 87% de estas ayudas, aproximadamente US$ 470 mil millones, distorsiona los precios y es perjudicial para el medio ambiente y la sociedad. Para 2030, se prevé que esta cifra aumente más de tres veces hasta llegar a los US$ 1.759 billones.
Redirigir las ayudas a los productores agrícolas, en lugar de eliminarlas, ayudaría a acabar con la pobreza, erradicar el hambre o lograr la seguridad alimentaria: ONU.
También informa que si bien la mayor parte de la ayuda agrícola en la actualidad tiene efectos negativos, alrededor de US$ 110.000 millones contribuyen a la infraestructura, la investigación y el desarrollo, y benefician el sector de la alimentación y la agricultura en general.
Al redirigir los incentivos dañinos se contribuiría al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y las metas del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas.
Redirigir las ayudas a los productores agrícolas, también aportaría amejorar la nutrición, promover la agricultura sostenible, fomentar el consumo y la producción sostenibles, mitigar la crisis climática, restaurar la naturaleza, limitar la contaminación y reducir las desigualdades.
En 2020, alrededor de 811 millones de personas en el mundo luchaban contra el hambre crónica y casi una de cada tres personas (2.370 millones) no tenía acceso a una alimentación adecuada durante todo el año. En 2019, alrededor de 3.000 millones de personas no podían permitirse una dieta saludable en todas las regiones del mundo.
La agricultura es uno de los principales motores del cambio climático a través de las emisiones de gases de efecto invernadero de diferentes fuentes, incluido el estiércol en los pastizales, los fertilizantes sintéticos, el cultivo de arroz, la quema de residuos de cultivos y el cambio de uso de la tierra. Al mismo tiempo, los productores agrícolas son particularmente vulnerables a los impactos de la crisis climática, como el calor extremo, el aumento del nivel del mar, la sequía, las inundaciones y las plagas de langostas. Continuar con el apoyo de siempre empeorará la triple crisis planetaria y, en última instancia, dañará el bienestar humano, afirma la ONU.
Para cumplir los objetivos del Acuerdo de París se requiere un cambio en las ayudas que dan los países de altos ingresos a la gran industria cárnica y láctea, que es responsable de 14,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. En los países de bajos ingresos, los gobiernos deben considerar reorientar su apoyo a los pesticidas y fertilizantes tóxicos o al crecimiento de monocultivos.
Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA en su llamado a los dirigentes del mundo explicó: Los gobiernos tienen ahora la oportunidad de transformar la agricultura en un importante impulsor del bienestar humano y en una solución para las amenazas inminentes del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. Al optar por ayudas agrícolas más positivas, equitativas y eficientes para la naturaleza, podemos mejorar los medios de vida y, al mismo tiempo, reducir las emisiones, proteger y restaurar los ecosistemas, y reducir el uso de agroquímicos.
El informe se lanza antes de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de 2021 que se realizará el 23 de este mes, la COP15 sobre biodiversidad en octubre y la COP26 sobre cambio climático en noviembre.
Estos eventos permitirán a los gobiernos asumir compromisos multilaterales para repensar los subsidios agrícolas obsoletos, avanzar mejor para la era pos- COVID-19, comprometerse con dicha estrategia, y coordinar y monitorear su implementación, comentó la entidad.
Lo revela este 7 de septiembre, Día del Aire Limpio, el estudio Acciones sobre calidad del aire: un resumen global de políticas y programas para reducir la contaminación del aire, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), elaborado a partir de encuestas a autoridades de 195 países.
Desde 2016, cuando comenzó a rastrear las acciones de los gobiernos sobre la calidad del aire, ha habido mejoras en las emisiones industriales, el transporte, la gestión de desechos sólidos y la contaminación del aire doméstico, explica el informe.
Sin embargo, advierte que los países de bajos ingresos sufren más por la contaminación del aire, pero podrían beneficiarse de las acciones para reducir las emisiones, ya que tienen múltiples beneficios para el desarrollo, incluida la mitigación climática, la productividad agrícola, la seguridad energética y el crecimiento económico.
La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 7 de septiembre como el ‘Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul‘ con el fin de impulsar más esfuerzos para mejorar la calidad del aire y proteger la salud humana, y reconocer los vínculos entre la reducción de la contaminación atmosférica y la mitigación del cambio climático.
Estos son algunos de los hallazgos del informe:
A pesar de las nuevas políticas de aire limpio en países de todo el mundo y la disminución constante de la carga de morbilidad causada por la contaminación del aire en los hogares en algunas regiones, las estadísticas de salud sugieren que la contaminación del aire en exteriores e interiores sigue siendo un factor de riesgo mayor para la salud mundial. Con el fin de mejorar la calidad del aire, se necesitaría una mejor aplicación de las políticas y regulaciones existentes, un financiamiento más sustancial, así como un monitoreo más extenso y capacidades más sólidas.
Los países deben incorporar en sus planes de recuperación pos-COVID-19 inversiones de limpieza para capturar la contaminación del aire, pide la entidad. También, establecer puntos de referencia para evaluar las acciones actuales y futuras por un aire más limpio, eliminar las barreras en la implementación de políticas y programas, incluidas las brechas de financiamiento y capacidad, y superar los desafíos de asequibilidad y mantenimiento de los equipos de monitoreo.
“Cuando los gobiernos actúan sobre la calidad del aire, ayudan a prevenir siete millones de muertes prematuras al año. También mejoran la salud general y el bienestar económico de 92% de la población mundial que vive en lugares donde los niveles de calidad del aire no cumplen con los estándares de la OMS. Hoy, tenemos más políticas implementadas que nunca, pero es absolutamente crucial que nos concentremos en la implementación, especialmente donde las personas se ven afectadas de manera desproporcionada por la mala calidad del aire”, expresa Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA
Descarga el informe completo, en inglés: aquí
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